vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 21 de junio de 2010

ver y beber









Verte y beberte. Desde el principio el protagonista me sedujo: un muchacho que no pega chapa, sale airoso en sus estudios y divide su tiempo entre la cama y el bar... inventando personajes que le hacen compañía en su viaje. Una vez más sin salir de la cama, en la mejor tradición, la de Maistre, Onetti o Proust, o en la de Bukowski, con sus otros saltos de cama al bar. La lectura bloquea la imaginación, pasmada ante tanto ingenio acumulado: es como si el joven irlandés fantasease por mí.






"Nos hallábamos los tres dedicados a verter vasos de cerveza en el interior de nuestros organismos y a expresar en un bello debate la consecuente sensación de bienestar físico y mental. (...) La cerveza era de calidad superior, sueve en la lengua pero picante en el orificio de la garganta, suavemente eficaz en su mágica circulación a través de los conductos del cuerpo. (...)


Brinsley apoyó luego su oscuro mentón en la palma de una mano y se acodó pensativo en el mostrador, inspeccionando su bebida, mirando más allá de la frontera del mundo.


¿Y si tomamos otra jarra?, dijo Kelly.


Ah, Lesbia, dijo Brinsley. Es lo mejor que he escrito en mi vida. ¿Cuántos besos, Lesbia, preguntas, servirían para saciar este mi ávido amor?(...)


Tres jarras, dijo Kelly.


Que sean tan infinitos como las estrellas que en la noche contemplan a los amantes tendidos en la zanja: tantas veces mordería Catulo loco de amor tus labios ardientes que ojos importunos no podrían contarlas (....)


Tráiganos, gritó Kelly, otras tres jarras antes de que nos muramos de sed. Dios santo, me dijo a mí, parece que estuviéramos en el desierto.


Es buen material, ¿sabes?, le dije a Brinsley. Se pintó ante mi mente una imagen de los amantes en su clandestino placer a la cálida luz de las estrellas, sin que brotara de ellos ningún sonido, la ávida boca de él en la de ella.


Pero que muy bueno, dije.


Kelly, invisible a mi izquierda, batió palmas.


Lo mejor que he bebido en mi vida, dijo".




Flann O'Brien, En Nadar-dos-pájaros




domingo, 20 de junio de 2010

este jueves



"Arrancó un pedazo de historia de la vieja enciclopedia. Se encontró lleno de moho en una pasada batalla entre ejércitos de escudos y espadas, entre soldados a los que el tiempo había oxidado sus oídos y atemperado su furor. Devolvió el libro al estante convencido de que tarde o temprano a todos nos caducaría la ira que llevamos dentro".




Ya he localizado el lugar que te corresponde en mi biblioteca, al lado del volcán de Malcolm Lowry. No está mal ¿eh? El último día de la vida del cónsul Firmin podría haber sido la octava de tus Siete vidas sin gato. No voy a hacer ninguna crítica (más que nada porque, como decía Oscar Wilde, es más difícil criticar que escribir, y el listón estaría muy alto) ni un comentario de texto (de los que huyes). Imagino, por las mismas, que tus siete vidas son siete vidas sin prólogo (los que nunca lees).


Allí donde no hay gatos es donde vamos a disfrutar los ratones: aunque el festín se nos haga pequeño, y nos quedemos con ganas de más, de más relatos, de esos que de momento conservarás en su tinta fuera del libro, o de aquellos otros a los que aún no le has puesto las palabras en orden y que acabarán saltando al papel, o a la pantalla, al ritmo vertiginoso con el que golpeas las teclas, o a ese más lento que sucede cuando terminas de afilar, recreándote, el lápiz. Relatos, a veces poemas en prosa, como los que el péndulo cómplice te ha ayudado a guardar, sin más pretensión que la de escribir por el placer de escribir.

Felicidades y ya sabes (tiro de refrán): “los rincones para los gatos, y las esquinas para los guapos”.




Presentación de Siete Vidas sin Gato, de Carlos López.
Ed. Atlantis.
Café bar Contrapunto, Carrera de Andalucía. Aranjuez.
Jueves, 24 de junio de 2010, 9,00 horas.

domingo, 13 de junio de 2010

desnuda

Releía Crónica del rey pasmado entre otros motivos por el recuerdo a Gonzalo Torrente Ballester (hoy hace cien años de su nacimiento). Y cierta imagen, el intríngulis del libro ni más ni menos, me ha llevado a un detalle en la historia de otro pasmado de la vida, Conejo, ese molde-de-hombre que John Updike puso en eterna huída, un Forrest Gump más en el way of life americano.

Venus in furs... En tantas épocas, en tan diversos lugares (del Madrid de los Austrias a la América del baby boom) las leyes de lo natural parecen ajenas al hombre.










"-¿Has visto algo más bello?
-Hay muchas cosas bellas en el mundo.
-¿Más que el cuerpo de una mujer?
-Si es el de Marfisa, difícilmente.
-Nunca había visto hasta esta noche una mujer desnuda.
-¿Y qué?
-El paraíso tiene que ser una cosa semejante.
El conde torció el morro.
-No creo que los señores inquisidores aprobasen esa idea.
(...)
La carroza corría pore la calle, llena de baches, como por la superficie de un espejo. El Rey miraba hacia adelante,como si le envolviese el infinito. Tenía cierta cara de pasmado.
-¿Qué miráis con tanta atención, señor?
-El cuerpo de Marfisa. No puedo ver otra cosa".



Gonzalo Torrente Ballester, Crónica del rey pasmado




"Había, sin embargo, otras cosas buenas: ella era muy recatada y no quería mostrarle su cuerpo desnudo ni siquiera en las primeras semanas de su matrimonio, pero, cierta vez en que él entró en el baño sin esperarse nada, encontró a Janice, que acababa de salir de la ducha, de pie ante el espejo empañado por el vapor, perezosa y complacida. Conejo modifica un poco su postura y su mente retorna a su oscura cuenca; la nuca de Janice, resbaladiza, la depresión de la espalda, dócil a su contacto, ambos de rodillas, contorsiones que jamás hubo".

John Updike, Corre, Conejo

domingo, 6 de junio de 2010

todo igual, supongo

"Tal vez en el principio
el tiempo y lo visible,
inseparables hacedores de la distancia,
llegaron juntos
borrachos
golpeando la puerta
justo antes de amanecer.

Con las primeras luces pasó su embriaguez,
y tras contemplar el día,
hablaron
de la lejanía, del pasado, de lo invisible.

Hablaron de los horizontes que rodean todo
lo que todavía no ha desaparecido."


John Berger, Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible.



Todo permanece, creo.

Si algo ha desaparecido, no me he dado cuenta.
La luz a la salida del túnel llena los ojos de chiribitas que impiden retener cualquier silueta. Es el blanco que todo lo contiene, tentador mientras invita a elegir la imagen. Como la escultura que hay que saber sacar de su escondite en el bloque de mármol. Esta luz vital a veces desorienta, una ceguera momentánea que no se deja engañar.

Todo sigue donde estaba.

martes, 25 de mayo de 2010

el tren del embrujo





Da juego la imagen. Más de un día de cerveza sin rosas cruzado por la conversación inevitable: los vagones del viaje de nuestras vidas en el disfraz de una entrega de La Codorniz, aquella ocasión en que la revista se hizo túnel. Un tren entra al túnel por la portada. Y transcurren las hojas de negro inmaculado. Por la contraportada sale del túnel el tren.
No hemos olvidado a dónde vamos, dime que no. Dime que no, más ahora que acabo de enterarme de que el curioso número no es que no viese la luz, es que nunca existió.

martes, 18 de mayo de 2010

placeres desconocidos

"To the centre of the city where all roads meet, waiting for you,
To the depths of the ocean where all hopes sank, searching for you,
I was moving through the silence without motion, waiting for you,
In a room with a window in the corner I found truth"

Joy Division, Shadowplay




"¿Era eso? Yo era feliz. Nunca quise que ésto acabase así. Cuando estoy en la cima, cantando, ellos no entienden lo que doy, lo que me afecta. Ahora quieren más. Ellos esperan que dé más de mí. Y yo no sé si pueden irse conmigo, pero sí con alguien que finge ser yo, alguien vestido con mi piel. Y ahora vamos a América. Perdí el control. No sé qué hacer".



(monólogo de la película Control, de Anton Corbijn)



Los placeres desconocidos pueden esconderse en la esperanza nunca perdida. Sobre blanco y negro Joy Division lanzaban un hilo verde en una de sus portadas, tal vez de muerte más que de esperanza: como los aparentes contrastes entre el nombre del grupo (las muchachas reclutadas para el amor en la guerra) y la vida y muerte de Ian Curtis. Las pasiones son conocidas, los placeres no. Pasión o placer ¿cuál nos hace, impulsa a vivir?





(Hace 30 años -18 de mayo de 1980- que Ian Curtis desapareció del mapa, del paisaje conocido. Ahora vive en la memoria.)

sábado, 8 de mayo de 2010

no hay ganas







No hay ganas de alcanzar el Finisterre, sería el fin del viaje. Ni siquiera de asomarse sobre una Santiago imponente. Prefiero imaginar la llegada desde el Monte del Gozo, allí donde el gozo lo esconde una venera. El camino tiene sus escaladas, sus cuestas que cuestan con gusto porque sorprenden con la amenidad del paisaje de curvas y ascensos. Son momentos duros que quedan distraídos con la naturaleza como cómplice. Es de verdad el camino difícil cuando la inmensidad de la raya polvorienta se diluye perpendicular en la línea del horizonte imposible. Y ahí la llanura, sin altibajos, nos enseña sin pudor la huella de cada paso, igual al anterior, anunciando el siguiente, inevitablemente previsible. Donde no existe la sorpresa, el ahorro de los disgustos lo gasta la ausencia de emoción. La naturaleza, sabia como nunca, juega al despiste. La toponimia se nutre de polvazares, de fuentes en las que no se pueden lavar los trapos sucios, de ríos que sólo quieren que se crucen. No hay medidas que tomar porque el geógrafo ha borrado la escala del mapa. El camino tiene su meta pero, dejémonos de tonterías, que la meta es el mismo camino. Y se le pide al camino que dure otros veinte años, y más, y que al menos nos oriente con sus ráfagas de plata, con su lluvia láctea, y a sus pies, como danae inmaculada, se pueda mantener la ilusión. Porque este camino no se permite el espejismo, aunque deje que esa danae ante la lluvia y aquella venus con su concha se mimeticen en su disfraz peregrino, donde la higa al cuello no sólo ahuyenta los males, sino que apoyada en los labios alimenta. No se busca Finisterre, para qué engañarnos, porque ahora sí, el paso siguiente será distinto, sin suelo para plantarse. La montaña confunde, la meseta aletarga, el mar no miente. Y prefieres ahogarte en la pequeña muerte de cada recodo y dar un traspié en llano. Cualquier cosa (sí, cosa, muchas cosas) antes que diluirte en el inicio de un océano.








comentarios

Tengo la impresión de que algún comentario vuestro no me ha llegado. No hay más filtro que los spamsmos virulentos que realmente consiguen alterarme. Con lo cual, si lo que habéis tenido a bien decirme no aparece en su lugar, SUPLICO que no me indiquéis dónde se ha escondido (qué sabe nadie); simplemente, que me lo volváis a decir.

lunes, 3 de mayo de 2010

iggy pop, peligrosa belleza

E irresistible. Y atemporal. No sé muy bien cómo decir lo que quiero decir, porque va a sonar a tópico: que todo lo que se cuenta que Iggy Pop hace lo hace; que se adelantó a toda una época que a algunos aún nos tiene ensimismados; que no tiene la presencia de un estúpido, y que no se adorna tan bien como los Rolling o Mr. Bowie (me refiero al negocio). A su vista alguno todavía se atraganta. Incorrecto, tan simpático como rayano en lo grosero, de una obscenidad magnética. Mis fotos (cerré la cámara pronto, qué difícil, me rendí) no dicen nada de lo que ví, una belleza animal y salvaje, de esa belleza que sólo con mucha suerte se te cruza una vez por la calle de la vida. Fue puro poderío (admitidme esta libre traducción de raw power): el escenario austero, él mismo el espectáculo, la voz... mejor que nunca. Sus títeres, sus stooges a la espalda dieron la nota exacta. Ahora se los entiende, ahora que la fantasía del mundo feliz que la progresía insiste en vender está definitivamente agotada. Lástima que cerrases el teatrillo pronto, titiritero.































Remito, también por delante y por detrás, a las fotos maravillosas de Annie Leibowitz.



Ahí dejo The passenger para la evocación (de su obra en solitario, no sonó el viernes)









y Gimme danger (ilustrada con galería de fotos). Lo más tierno del disco fiero, sexual y explícito, vigente con sus casi cuarenta años, que recupera esta gira.























"Gimme danger, little stranger
and I'll feel you bleed
gimme danger, little stranger
and I'll heal your disease.
There's nothing in my dreams
but some ugly memories
kiss me like the ocean breeze.

Well if you will be my lover
i will shiver and sing
but if you can be my master
i will do anything

There's nothing left alive
but a pair of glassy eyes
raise my feelings one more time

come on little danger,
die a little stranger.
Swear you're gonna feel my hand
come on little stranger,
die a little later
swear you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand
gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger
gimme danger
every day
can you feel it? can you feel it?
can you feel it?i gotta feel it
i gotta feel it
i gotta feel it
you gotta feel it,
i gotta feel it
i wanna feel it... "



miércoles, 28 de abril de 2010

viaje reflejo

Ni en la tierra de Efímera, aquella que Foxá imaginó en el Atlántico camino de Argentina, es tan breve la primavera. El calor me traslada a ese otro perfil de Venecia, tal vez el más decadente entre la decadencia, mórbida y mortal. Y recuerdo la Venecia que me recordó a Aranjuez, allí donde los canales discurren entre la vegetación. El calor es insufrible. Un golpe que al menos aquí no mata, simplemente incita al viaje y a algunos ablanda la sesera.









"Eran ganas de viajar, nada más; por sentidas con una vehemencia que las potenciaba hasta el ámbito de lo pasional- y alucinatorio. De su deseo surgieron visiones (...) Y vio, vio un paisaje, una marisma tropical bajo un cielo cargado de vapores, un paisaje húmedo, exuberante y monstruoso, una especie de caos primigenio poblado de islas, pantanos y cenagosos brazos de río (...) Le hacía falta, pues, un paréntesis, cierto contacto con la improvisación y la holgazanería, un cambio de aires que le renovara la sangre a fin de que el verano fuese tolerable y fecundo".















"Recordó al melancólico poeta, al entusiasta cuyos ojos, en tiempos ya remotos, habían visto surgir de aquellas ondas las cúpulas y campanarios de sus sueños (...) y dejándose conmover por sensaciones ya condensadas en forma, examinó su serio y fatigado corazón por su algún nuevo entusiasmo o confusión, por si alguna aventura sentimental tardía pudiera estarla reservada aún al ocioso viajero".








"La imagen de la ciudad asolada e indefensa flotaba confusamente en su espíritu y encendía en él esperanzas inconcebibles, de monstruosa dulzura, que iban más allá de la razón".

Thomas Mann, La muerte en Venecia

martes, 27 de abril de 2010

no tengo otra cosa que hacer que ...

recuperar como puedo vuestros comentarios... y aun así, lo estoy haciendo.
Se han trastocado, algunos me han vuelto a entrar en la moderación, con otros no hay modo. En un rato intentaré buscar "los imposibles" (todos los de Paisaje de interiores) y transcribirlos. Algunos ya han podido ser retomados (los que como un eco han vuelto a presentarse a las puertas del infierno esperando mi veredicto), aparecen bajo mi nombre y entre paréntesis fecha y autor.
Dicho ésto ¿alguien sabe de qué va el asunto? y no me digan lo que sólo oigo al médico y al informático de cabecera "eso va a ser un virus".

domingo, 18 de abril de 2010

un viaje inesperado




No creo que Casanova encontrase en los días en que visitó Aranjuez, una trampa como la de esta semana; hubiese sido un billete de regreso a su isla. Yo pensaba que aquella mirada de la UNESCO, al evocar Venecia en los caces y caceras de Aranjuez, no era más que una generosa metáfora.



Y de pronto el sueño de Venecia pareció real. Un espejismo, a decir verdad, porque por debajo de la lámina de agua no había más de medio metro: disfrazada de ola tranquila quería lamer nuestros pies, en su camino urgente hacia el río, en su cauce de piedra improvisado. Las señales de tráfico, ociosas, jugaban al engaño. Los puentes, con y sin suspiros, se dibujaban a salto de bolardo. No hubo tiempo para sacar las falúas del museo, ni Farinelli que nos cantase. Pero escuché, entendí los susurros al oído, la hueca voz de las alcantarillas y el ronroneo de los imbornales. El olor era el mismo en un aire por el que el sol colaba azules indecisos y verdes resplandecientes. Aranjuez, por unos minutos, fue la ciudad de los canales. Luego, las viviendas anegadas, los sótanos inundados, los negocios chafados como un vestido tras la fiesta pagaban el viaje, mientras volvíamos a casa. Una vez más la realidad pudo a la ilusión.





jueves, 15 de abril de 2010

paisaje de interiores





Aquella vez la primavera les estalló entre cuatro paredes. A la luz del día. La ventana hacia un patio interior. Las horas por delante. Hacían cosquillas al cielo. Quería él que ella hablase de ella.
-¿Quién eres? -Las palabras más tarde. Y tanto. El tiempo le ha acercado a la verdad, pero sigue sin respuesta.
Historias de la Gran Vía, desde el otro extremo.



domingo, 11 de abril de 2010

sábado de pasión




inimaginable ¡aún me froto los ojos!

sábado, 10 de abril de 2010

felicidades, señora... gran señora




a la hora en que cierran los clubs, sobre todo





miércoles, 7 de abril de 2010

felicidades, señora





Madrid ha prendido una cinta sobre sus ropas con el nombre de la ciudad en el broche.

Cuando anochece se le ve la costura de hilo rojo infinito (RF dixit).

Hay luz verde -cae el día- en el escote de la Gran Vía.


"Con un suave balanceo voy por ahí
a la hora en que cierran los clubs
con un suave balanceo
sin sonreír más de lo necesario.

Tras algún signo de vida voy
no se quien soy ni donde nací
pero llevo un africano dentro de mi.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano por la Gran Vía.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano con traje y sombrero nuevo".


Radio Futura, Un africano por la Gran Vía

domingo, 28 de marzo de 2010

la procesión, por dentro






"Charlando alegremente se perdieron en las callejuelas del Madrid antiguo.
- Este barrio es muy interesante -dijo el periodista. Da la sensación de que se está muy lejos de Madrid. Parece un rincón poético de una provincia castellana.
Estaban en la calle del Sacramento, solitaria y silente. La calle prócer y antigua de las nobles casonas con escudos, llenas del prestigio legendario del siglo XVII, aparecía envuelta en la luz fría y verdosa de la luna, que fantasmagorizaba los viejos campanarios y los tenebrosos pasadizos.
(...) El periodista se disponía a contarle a Basilio la tradición madrileña del guardia que pasó una noche de amor con una diablesa, cuando sonaron pasos acelerados sobre las piedras con verdín del callejón del Codo, una interesante encrucijada que hay al pie de la Torre de los Lujanes".

Emilio Carrere, Jesús de Aragón, La torre de los siete jorobados













Son pasos a la luz de las velas entre codos callejeros y traviesas esquinas de sugerencias de pena y de pasión. Nada tienen que ver con el rumbo ocioso bajo una luz de sol a pleno gas. La procesión lleva acelerados el pulso y el paso tras la la linterna de una luna llena que incita a la aventura bajo los pies. La procesión continúa por un callejero subterráneo que ya hubiese Poe querido imaginar. No es Toledo. Es Madrid, con sus diablos cojuelos y sus corcovados como demonios, donde el bien y el mal son eco de las querencias e inquinas de nuestra tradición más social que religiosa.
Es esta novela misteriosa, negra por de más: en el ambiente, en el humor, en la intriga, en las manos (dos ... y dos) que la escribieron. Neville -otro Edgar- la transcribió en fotogramas. Que ya tiene su gracia, tras tanta vuelta y revuelta por un Madrid más aparente que oculto, ir a parar al pinar de Chamartín. Allí, mucho antes que las Kio de El día de la Bestia, se levantaba la Torre de los Siete Jorobados...

sábado, 20 de marzo de 2010

hoy




Hoy quiere el invierno decir adiós en escala de grises, cabezón, sin dar su brazo a torcer. Como si negase el paso a una primavera que deseamos brillante, luminosa, delicada. Sin esquinas rotas. Primavera esplendente que sólo puede ser si el invierno es. Colmada de gratitud por tanto sacrificio de gotas de insistencia, lentas y constantes en su esfuerzo por alimentar el aire de los suspiros y la tierra de las andanzas.
Un poquito de atención, que sale la vida de su escondrijo, hoy.



lunes, 15 de marzo de 2010

las raíces






Involuntariamente contracorriente, out, demodé. Tal vez puede llegar a ser inoportuna tanta coherencia entre vida y obra. No se llevan los ámbitos rurales y provincianos, las almas candorosas e inocentes, de voz discreta, las tierras sin adornos, viriles, recias. Describir lo castellano, escribir en castellano. Un mester que es el del lenguaje vivo y claro. Al principio de aquella lengua ya lo dijo Gonzalo de Berceo "en román paladino", para que se entienda ("Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino"). Pero lo austero no chilla como lo pintoresco, y hay quien lo confunde con lo vulgar. El castellano, lo castellano, tierras y gentes de paciente resistencia, anchas de espíritu, no están de moda. Aunque nadie se atreva (bueno, nunca se sabe) a desdecir a un clásico.







"En mis libros hay un rechazo de un progreso que envenena la corte e incita a abandonar la aldea. Desde mi atalaya castellana, o sea, desde mi personal experiencia, es esta problemática la que he tratado de reflejar en mis libros. Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble.





Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste. Al hombre, ciertamente se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en el que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante.


(...) Me temo que muchas de mis propias palabras (...) van a necesitar muy pronto de notas aclaratorias como si estuviesen escritas en un idioma arcaico o esotérico, cuando simplemente han tratado de traslucir la vida de la naturaleza y de los hombres que en ella viven y designar al paisajes, a los animales y a las plantas por sus nombres auténticos.





(...) ¿Qué sentido tiene un paisaje vacío? "el chopo del Elicio, "el pozal de la Culebra" o "los almendros del Ponciano" (...) son en efecto un trozo de paisaje y de vida, imbricados el uno en la otra, como los trigales de Van Gogh o nuestra propia casa animada por la personalidad de cada uno de nosotros y enteramente distinta a todas las demás incluso en el más pequeño de los desconchones. Cada una de esas parcelas del paisaje alberga historias o mitos que son vida, han sido vivificados por el Elicio o el Ponciano y, a la vez, hablan a los demás; el día que pierdan su nombre, si es que subsisten todavía físicamente, no serán ya más que un chopo, unos almendros o un pozal reducidos al silencio, objetivados, muertos, no más significantes que cualquier otro árbol o rincón municipalmente establecido. (...)

En esta tesitura, mis pesonajes se resisten, rechazan la masificación. (...) Se trata de seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad; se niegan a cortar las raíces".



Miguel Delibes, Discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (25 de mayo de 1975).




domingo, 7 de marzo de 2010

el miedo y los temores

“El sol seguía declinando. (…) La ciudad que tenía ante mí había dejado de ser Venecia. Su personalidad, su nombre me parecían como ficciones mentirosas que ya no tenía el valor de infundir a las piedras. Veía los palacios reducidos a simples partes y cantidades de mármol parecidas a cualesquiera otras, y el agua como una combinación de hidrógeno y de nitrógeno, eterna, ciega, anterior y exterior a Venecia, ignorante de los dux y de Turner. Y, sin embargo, aquel lugar cualquiera era extraño como el lugar al que llegamos y no nos conoce todavía, como un lugar que hemos dejado y que ya nos ha olvidado. (…) Pero al mismo tiempo aquel lugar mediocre me parecía menos lejano. En el estanque del arsenal, debido también a un elemento científico, la latitud, había esa singularidad de las cosas que, aunque semejantes en apariencia a las de nuestro país, resultan extranjeras, en destierro bajo otros cielos”.



Marcel Proust, En busca del tiempo perdido










Dejé parada la lectura. Justo ahí, tras las últimas páginas de “La fugitiva”, las que relatan y evocan el tan deseado viaje a Venecia. El ritmo era el de un libro cada año. Ya han pasado tres. Bien es cierto que durante ese paréntesis disfruté “Los placeres y los días” que me llegaron en forma de regalo. Pero sigo sin querer adentrarme en “El tiempo recobrado”, porque aún no sé si es el momento de dejar de perder el tiempo. Hay miedo a seguir. Y falta de valor para marcharse, el miedo a llegar, como dicen Vetusta Morla. Y recuerdo la afirmación de Canetti "no hay nada que el hombre tema más que el toque de lo desconocido". Ese miedo a dejar la rutina, sin saber responder ¿qué puede más, la emoción o la razón? El miedo a perder el control (Ian Curtis lo supo muy bien). Tal vez sea más difícil aún reconocer el miedo, que se tiene miedo. Esas verdades a medias que llevan a la incertidumbre, el miedo de Firmin, el cónsul de Malcolm Lowry, y el alivio momentáneo antes de advertir que le han disparado. Ojalá fuesen los sustos espectrales de Halloween, los de Shaggy y Scooby-Doo, que te hacen poner cara de tonto y cobardica y que no pasan de ser miedo previsible, reconocible, acotado. Porque el miedo no es conciso, es difuso, indefinido, sin amarras en el espacio, mucho menos en el tiempo. Ojalá fuese temor como anécdota, insignificante en el miedo, pero sucede que el miedo abarca mucho más.