vividos, viajados o sencillamente imaginados






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miércoles, 20 de julio de 2011

el loro


Hay loros que han hecho nombre, loros inmortales: el lorito real, el loro que provoca la viudez de Fermina Daza (cuenta García Márquez) y este loro Ravachol.

Me dice una amiga que el hijo de Torrente Ballester le confirmó que el loro de "La Saga fuga de JB" era una "resurrección" del famoso loro de Pontevedra, a cuyo entierro en 1913 acudió media ciudad, hoy verdadero rey del entroido. Ambos loros al servicio de su amo farmacéutico, ambos porteros de botica.






"Don Perfecto Reboiras era propietario de un loro y de una botica (...) La botica había sido fundada en 1849, y, entonces, el loro ya estaba allí y era ya viejo. Sobre la ancianidad del loro corrían varias leyendas. El loro, a veces, sobre todo en las noches oscuras del estío, dejaba escapar frases en gallego medieval, frases guerreras de aliento, órdenes de ataque y de defensa; otras veces se dirigía a personas desconocidas u olvidadas: las llamaba por su nombre y les preguntaba por su salud y por su fortuna. Se decía que la inmensa memoria del loro de Reboiras había almacenado los recuerdos de la ciudad desde su fundación (...) Se decía también que el loro de Clotilde Barallobre, que hablaba en latín y al que llamaba su dueña Obispo no era más que una copia sin valor, verdadero pastiche del de Reboiras. El cual se columpiaba en su percha junto a la jamba de la puerta los días de sol, o en su rincón de la tienda los de lluvia, y avisaba a su amo: "Perfecto, tienes clientes", o bien, cuando a las chicas del Pasaje de la Violada les tocaba inyectarse su Neosalvarsán primaveral, gritaba: "Perfecto, las putas", y si hacía sol, decía chicoleos, y, si viento, las insultaba".


Gonzalo Torrente Ballester, La saga-fuga de J. B.

sábado, 24 de julio de 2010

la ciudad perdida y no hallada






"Yo estaba indiscutiblemente en Castroforte, pero Castroforte no se hallaba en su sitio. Podía contemplar en perspectiva insólita lo que había sido el subsuelo de la ciudad, lo que, verosímilmente, volvería a serlo. No era una superficie lisa... había tumbas abiertas por debajo, y sótanos sin suelo, escaleras que terminaban en el aire, alcantarillas sin base (...) El orden en que aparecían las raíces revelaba el trazado de las alamedas, los cimientos de las estatuas, el centro de las plazas".
Gonzalo Torrente Ballester, La saga/fuga de J. B.



En Macondo los aurelianos y los josearcadios y toda la familia Buendía levitaban. En Castroforte del Beralla es la ciudad entera la que se eleva sobre la tierra, cuando las nieblas del Mendo y el Beralla se entrecruzan con las luces mezcladas del día y de la noche. Hay en Castroforte un loro protagonista, como el loro que activa el fluir del tiempo en El amor en los tiempos del cólera. Aunque me han contado que el loro de Castroforte tiene su modelo real en el Loro de Pontevedra, toda una institución de tiempos pasados, como tiene su modelo real Castroforte en Tui y Betanzos, mientras Monforte de Lemos asoma en el nombre. Más allá de las descripciones del lugar imaginario de Torrente Ballester en su La saga/fuga de J. B., se intuía la identidad de los lugares de referencia por una "curiosidad histórica". A lo largo del libro se insiste en que Castroforte ha desaparecido del mapa. Algo similar a lo que sucedió en 1833 cuando Javier de Burgos divide el territorio español en las provincias que hoy conocemos y Galicia pasa de siete a cuatro provincias, perdiendo su condición Betanzos y Tui (junto con Modoñedo y Santiago).




Al hilo de los modelos y ya al margen de estas notas documentales, la novela conduce a otros pensamientos. Resulta curioso que el "realismo mágico" alcance a tanto gallego ilustre: Álvaro Cunqueiro, Torrente Ballester, Wenceslao Fernández Flórez, Ramón Loureiro hoy. Casi todos con La Tabla Redonda en la memoria. Es casi accidental que esa peculiar forma de ver y contar la realidad sea la de Gabriel García Márquez y la de Juan Rulfo. Mucho antes de que todos estos autores cogiesen el lápiz, Valle-Inclán nos planta en la cara su Tirano Banderas. Es como si la manera de expresarse de estos escritores no respondiese a un estilo, a una corriente, sino a una manifestación de lo gallego que imagino casi espontánea e inevitable. Una forma de escribir que si se entiende mal (así le sucedió al censor, he aquí ) desemboca en el surrealismo, o en el absurdo.



domingo, 13 de junio de 2010

desnuda

Releía Crónica del rey pasmado entre otros motivos por el recuerdo a Gonzalo Torrente Ballester (hoy hace cien años de su nacimiento). Y cierta imagen, el intríngulis del libro ni más ni menos, me ha llevado a un detalle en la historia de otro pasmado de la vida, Conejo, ese molde-de-hombre que John Updike puso en eterna huída, un Forrest Gump más en el way of life americano.

Venus in furs... En tantas épocas, en tan diversos lugares (del Madrid de los Austrias a la América del baby boom) las leyes de lo natural parecen ajenas al hombre.










"-¿Has visto algo más bello?
-Hay muchas cosas bellas en el mundo.
-¿Más que el cuerpo de una mujer?
-Si es el de Marfisa, difícilmente.
-Nunca había visto hasta esta noche una mujer desnuda.
-¿Y qué?
-El paraíso tiene que ser una cosa semejante.
El conde torció el morro.
-No creo que los señores inquisidores aprobasen esa idea.
(...)
La carroza corría pore la calle, llena de baches, como por la superficie de un espejo. El Rey miraba hacia adelante,como si le envolviese el infinito. Tenía cierta cara de pasmado.
-¿Qué miráis con tanta atención, señor?
-El cuerpo de Marfisa. No puedo ver otra cosa".



Gonzalo Torrente Ballester, Crónica del rey pasmado




"Había, sin embargo, otras cosas buenas: ella era muy recatada y no quería mostrarle su cuerpo desnudo ni siquiera en las primeras semanas de su matrimonio, pero, cierta vez en que él entró en el baño sin esperarse nada, encontró a Janice, que acababa de salir de la ducha, de pie ante el espejo empañado por el vapor, perezosa y complacida. Conejo modifica un poco su postura y su mente retorna a su oscura cuenca; la nuca de Janice, resbaladiza, la depresión de la espalda, dócil a su contacto, ambos de rodillas, contorsiones que jamás hubo".

John Updike, Corre, Conejo

jueves, 10 de abril de 2008

musgo y piedra


Un día de lluvia como hoy no es imprescindible para subrayar esa tristeza que atraviesa los huesos, pero deja evocar el pulso casi perenne, musgo y piedra, de Compostela. Ligero alivio.



“Compostela no está hecha, está viva, y aunque quisieran embalsamarla como cadáver con verjas y funcionarios públicos que cobrasen la entrada a sus calles, no se podría evitar que el aire, y la flora espontánea, y la lluvia, la fuesen modificando cada día, sin que podamos prever cuál será su color dentro de treinta años, cuáles muros se habrán desmoronado y cuáles permanecerán erguidos y victoriosos. La arquitectura combate con el tiempo, y aunque el tiempo, englutidor insaciable, será al final vencedor, ¿quién sabe lo que dilatará la pelea? ¿Años o siglos?”

Gonzalo Torrente Ballester, Compostela y su ángel