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lunes, 18 de octubre de 2010

tiempo de vendimia


Me sorprende el detalle (al que pocos ribereños, como nos hacemos llamar los de aquí, han llegado) que se grabó en los ojos de Cees Nooteboom, el viajero interminable que sabe que todos los caminos llevan a Santiago. Me hubiese gustado identificarle, encontrarle en las que debieron ser fugaces visitas a los jardines, allá por el año 2001.


Otros con más tiempo ven menos. Tanto se fijó en la vendimia que olvidó los sexos.






"Dioses y héroes griegos, una herejía inofensiva que logró expresar con mayor claridad que la propia época la nostalgia por lo más alto. (...) No han sido del gusto de todos. Aquí y allá faltan genitales, un brazo, una cabeza. Un pequeño sátiro de sonrisa irónica extiende lascivamente la mano rolliza bajo el ramo de uvas que cubre las partes pudendas de una ninfa. Paseo junto a estas imágenes oníricas, a las que se les permite vivir de día con tal que guarden silencio por siempre".


Cees Nooteboom, El desvío a Santiago




sábado, 22 de noviembre de 2008

peregrinos



No es frecuente que un escritor justifique su inspiración y trufe su poesía con una exposición de motivos. Más aún si este escritor es del siglo XIII.
¿Cómo serían las metas del peregrino por entonces? Sin Obradoiro barroco. Sin Vaticano miguelangelesco ni berniniano. Tornadizo aspecto de las ciudades sobre el que prevalece el sentimiento.



“Y escribí el soneto que comienza Peregrinos que pensando vais. Y dije “peregrinos” según el sentido estricto: en sentido amplio peregrino es todo aquel que está fuera de su patria; en sentido estricto, sólo es peregrino quien va hacia la casa de Santiago o vuelve de ella. Conviene saber que las gentes que caminan para servir al Altísimo reciben propiamente tres nombres: se les llama palmeros si van a ultramar, de donde muchas veces traen la palma; peregrinos, si van a Galicia, ya que Santiago fue sepultado más lejos de su patria que ningún otro apóstol; romeros, si van a Roma, que es adonde iban estos que llamo peregrinos.
No divido este soneto, pues lo explica suficientemente su razón.

Peregrinos que pensando vais en algo que quizá no está presente,
¿venís de tan lejana tierra, como vuestro aspecto muestra,
que no lloráis al cruzar la ciudad doliente por su centro,
como personas que nada parecen comprender de su tristeza?
Si os quedáis a oírlo, el corazón entre suspiros me dice que luego marcharéis llorando.
La ciudad ha perdido a su Beatriz;
y las palabras que pueden decirse de ella tienen el poder de hacer llorar a los demás”.

Dante, La vida nueva

jueves, 10 de abril de 2008

musgo y piedra


Un día de lluvia como hoy no es imprescindible para subrayar esa tristeza que atraviesa los huesos, pero deja evocar el pulso casi perenne, musgo y piedra, de Compostela. Ligero alivio.



“Compostela no está hecha, está viva, y aunque quisieran embalsamarla como cadáver con verjas y funcionarios públicos que cobrasen la entrada a sus calles, no se podría evitar que el aire, y la flora espontánea, y la lluvia, la fuesen modificando cada día, sin que podamos prever cuál será su color dentro de treinta años, cuáles muros se habrán desmoronado y cuáles permanecerán erguidos y victoriosos. La arquitectura combate con el tiempo, y aunque el tiempo, englutidor insaciable, será al final vencedor, ¿quién sabe lo que dilatará la pelea? ¿Años o siglos?”

Gonzalo Torrente Ballester, Compostela y su ángel