vividos, viajados o sencillamente imaginados






jueves, 10 de abril de 2008

musgo y piedra


Un día de lluvia como hoy no es imprescindible para subrayar esa tristeza que atraviesa los huesos, pero deja evocar el pulso casi perenne, musgo y piedra, de Compostela. Ligero alivio.



“Compostela no está hecha, está viva, y aunque quisieran embalsamarla como cadáver con verjas y funcionarios públicos que cobrasen la entrada a sus calles, no se podría evitar que el aire, y la flora espontánea, y la lluvia, la fuesen modificando cada día, sin que podamos prever cuál será su color dentro de treinta años, cuáles muros se habrán desmoronado y cuáles permanecerán erguidos y victoriosos. La arquitectura combate con el tiempo, y aunque el tiempo, englutidor insaciable, será al final vencedor, ¿quién sabe lo que dilatará la pelea? ¿Años o siglos?”

Gonzalo Torrente Ballester, Compostela y su ángel

3 comentarios:

rubén dijo...

Cierto, Santiago es una de las pocas ciudades que asimilan el turismo y siguen vivas, sin convertirse en un museo al aire libre. Se la puede oir respirar.

merlos dijo...

Y más que asimilar el turismo, a lo largo de los siglos y desde su origen crece pensando en absorber miles de visitantes. Siempre he oído decir que el Codex Calixtinus es la primera guía de viajes.

Anónimo dijo...

En Compostela tienes la sensación de que el sol está de paso, que llega -de vez en cuando- como un peregrino más. Enseguida se tumba sobre las nubes. Entonces la humedad hace sonreir al musgo, que sale a despedir a los bordones, las vieiras y las calabazas peregrinas que se van por donde llegaron. Mientras tanto, disfrutamos del espectáculo con una tabla de pulpo, un manojo de grelos y unas copas de albariño. Salud