vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 7 de enero de 2008

tierra de campos

Dicen de Otero de Sariegos que está deshabitado.
En realidad de allí sólo se ha ido el hombre.

"En el pueblo, las gentes maldecían de la soledad y ante los nublados, la sequía o la helada negra, blasfemaban y decían: "No se puede vivir en este desierto". El Nini, el chiquillo, sabía ahora que el pueblo no era un desierto y que en cada obrada de sembrado o de baldío alentaban un centenar de seres vivos".

"... aprendió el Nini a relacionar el tiempo con el calendario, el campo con el Santoral y a predecir los días de sol, la llegada de las golondrinas y las heladas tardías. Así aprendió el niño a acechar a los erizos y a los lagartos, y a distinguir un rabilargo de un azulejo, y una zurita de una torcaz".

Miguel Delibes, Las ratas

3 comentarios:

rubén dijo...

A menudo me pregunto cómo verá Tierra de Campos alguien que no sea de Tierra de Campos. No es fácil de imaginar, pero supongo que será impactante.

merlos dijo...

Tenemos una concepción del paisaje muy siglo XIX, que nos lleva a lo pintoresco o a lo espectacular. Y hay paisajes, como este concreto de Castilla, dominados por la austeridad, que no encajan en esa visión. La cultura del turismo, otro invento del XIX, también se ha centrado en la monumentalidad. Hoy en día se reivindican los valores de estos espacios, no por discretos menos bellos. Sin embargo, acercarse a ellos resulta difícil, porque como turistas que en el fondo somos, buscamos la sorpresa de lo auténtico, pero sin pasar de la superficie. Es encantador ver la sencillez de la vida en estos lugares, incluso participar de la misma durante breves estancias, pero ignoramos deliberadamente la dureza del día a día.

Anónimo dijo...

Halos de sobriedad y nobleza, eso es tierra de campos