vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 21 de enero de 2008

experiencia compartida

Florencia, como referente de viajeros, es casi contemporánea de Granada, y por tanto uno de los primeros destinos burgueses. Forster dibuja a los “pioneros turistas” Baedeker en mano: casi cien años después de que a Sthendal le diese su famoso jamacuco.
Y lo hace desde un ángulo -el del título- que curiosamente nunca hubiese elegido el otro crítico social que fue Oscar Wilde, para quien una habitación con vistas es “irrelevante, excepto para el propietario que, por supuesto, lo carga a la cuenta. Un caballero nunca mira por la ventana”.

“En la Piazza della Signoria hay demasiada piedra para que resulte brillante. No tiene césped, ni flores, ni frescos, ni resplandecientes muros de mármol o animados pedazos de ladrillo rojo. Por una extraña casualidad (…) las estatuas que dan relieve a su austeridad sugieren, no la inocencia de la infancia, ni la gloriosa excitación de la juventud, sino la consciente perfección de la madurez (…) Han dado o soportado algo y, aunque son inmortales, la inmortalidad les ha llegado a través de la experiencia, no antes. Allí, no sólo en la soledad de la naturaleza, debe un héroe encontrar a una diosa, o una heroína a un dios”.
E. M. Forster, Una habitación con vistas

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Ciertamente, un caballero nunca debe desatender el interior de la alcoba. Qué importa el plus de panorámica si el bosque de tu pubis, las crestas de tus senos o el suave murmullo de tu espalda queda dentro. Si acaso, mirar un momento y copiar el abrazo.

rubén dijo...

A mí casi me da el jamacuco por las dos horas de cola para entrar en la Galería Uffizi. Gran foto.

merlos dijo...

Anónimo: el comentario de Wilde me pareció insinuante y ambiguo, y su sugerencia me llevaba al mismo punto que a ti. Otra cosa, desde luego, es que difícilmente hubiese logrado expresarlo con tanta claridad. Aunque lo imaginaba, no conseguía pasar del momento en que el caballero daba la espalda a la ventana.

Rubén: pasé en el mismo sitio la misma experiencia, que no creo que sea la de los dioses de Forster. Luego, cuando volví, fue más fácil: existía la posibilidad de reservar las entradas (exceso de organización, suelen decirme). El único riesgo es el de sentirte algo por encima de los mortales (claro, porque somos mortales), al creer ilusamente que entras como un vip.

Anónimo dijo...

Algunos escritores ingleses oponen Italia como un país de gente espontánea, apasionada, a la Inglaterra victoriana. Italia es puesto de moda por Ruskin o Byron, pero Goethe además se adelanta observando el carácter de los italianos .#.