vividos, viajados o sencillamente imaginados






sábado, 8 de mayo de 2010

no hay ganas







No hay ganas de alcanzar el Finisterre, sería el fin del viaje. Ni siquiera de asomarse sobre una Santiago imponente. Prefiero imaginar la llegada desde el Monte del Gozo, allí donde el gozo lo esconde una venera. El camino tiene sus escaladas, sus cuestas que cuestan con gusto porque sorprenden con la amenidad del paisaje de curvas y ascensos. Son momentos duros que quedan distraídos con la naturaleza como cómplice. Es de verdad el camino difícil cuando la inmensidad de la raya polvorienta se diluye perpendicular en la línea del horizonte imposible. Y ahí la llanura, sin altibajos, nos enseña sin pudor la huella de cada paso, igual al anterior, anunciando el siguiente, inevitablemente previsible. Donde no existe la sorpresa, el ahorro de los disgustos lo gasta la ausencia de emoción. La naturaleza, sabia como nunca, juega al despiste. La toponimia se nutre de polvazares, de fuentes en las que no se pueden lavar los trapos sucios, de ríos que sólo quieren que se crucen. No hay medidas que tomar porque el geógrafo ha borrado la escala del mapa. El camino tiene su meta pero, dejémonos de tonterías, que la meta es el mismo camino. Y se le pide al camino que dure otros veinte años, y más, y que al menos nos oriente con sus ráfagas de plata, con su lluvia láctea, y a sus pies, como danae inmaculada, se pueda mantener la ilusión. Porque este camino no se permite el espejismo, aunque deje que esa danae ante la lluvia y aquella venus con su concha se mimeticen en su disfraz peregrino, donde la higa al cuello no sólo ahuyenta los males, sino que apoyada en los labios alimenta. No se busca Finisterre, para qué engañarnos, porque ahora sí, el paso siguiente será distinto, sin suelo para plantarse. La montaña confunde, la meseta aletarga, el mar no miente. Y prefieres ahogarte en la pequeña muerte de cada recodo y dar un traspié en llano. Cualquier cosa (sí, cosa, muchas cosas) antes que diluirte en el inicio de un océano.








5 comentarios:

Icíar dijo...

Dan ganas de hacer esa ruta donde el camino es la meta.
Magdalena, ¡Vaya manejo de la lengua, casi como un prestidigitador! cultura, inteligencia y belleza no te faltan.
Un beso

Randle dijo...

He entrado aquí porque un mosquito se ha posado en la pantalla de mi teléfono...lo siento. Echaré un vistazo. [el mosquito a muerto, lo he chafado]

BLANCO dijo...

Qué bueno cuando no hay ganas de que acabe.

madison dijo...

Hay caminos que no cansan, andarlos es tan facil como si caminaras a unos centimetros del suelo

paisajescritos dijo...

Pues ahí seguimos, caminando... Saludos a todos.