vividos, viajados o sencillamente imaginados






miércoles, 28 de abril de 2010

viaje reflejo

Ni en la tierra de Efímera, aquella que Foxá imaginó en el Atlántico camino de Argentina, es tan breve la primavera. El calor me traslada a ese otro perfil de Venecia, tal vez el más decadente entre la decadencia, mórbida y mortal. Y recuerdo la Venecia que me recordó a Aranjuez, allí donde los canales discurren entre la vegetación. El calor es insufrible. Un golpe que al menos aquí no mata, simplemente incita al viaje y a algunos ablanda la sesera.









"Eran ganas de viajar, nada más; por sentidas con una vehemencia que las potenciaba hasta el ámbito de lo pasional- y alucinatorio. De su deseo surgieron visiones (...) Y vio, vio un paisaje, una marisma tropical bajo un cielo cargado de vapores, un paisaje húmedo, exuberante y monstruoso, una especie de caos primigenio poblado de islas, pantanos y cenagosos brazos de río (...) Le hacía falta, pues, un paréntesis, cierto contacto con la improvisación y la holgazanería, un cambio de aires que le renovara la sangre a fin de que el verano fuese tolerable y fecundo".















"Recordó al melancólico poeta, al entusiasta cuyos ojos, en tiempos ya remotos, habían visto surgir de aquellas ondas las cúpulas y campanarios de sus sueños (...) y dejándose conmover por sensaciones ya condensadas en forma, examinó su serio y fatigado corazón por su algún nuevo entusiasmo o confusión, por si alguna aventura sentimental tardía pudiera estarla reservada aún al ocioso viajero".








"La imagen de la ciudad asolada e indefensa flotaba confusamente en su espíritu y encendía en él esperanzas inconcebibles, de monstruosa dulzura, que iban más allá de la razón".

Thomas Mann, La muerte en Venecia

martes, 27 de abril de 2010

no tengo otra cosa que hacer que ...

recuperar como puedo vuestros comentarios... y aun así, lo estoy haciendo.
Se han trastocado, algunos me han vuelto a entrar en la moderación, con otros no hay modo. En un rato intentaré buscar "los imposibles" (todos los de Paisaje de interiores) y transcribirlos. Algunos ya han podido ser retomados (los que como un eco han vuelto a presentarse a las puertas del infierno esperando mi veredicto), aparecen bajo mi nombre y entre paréntesis fecha y autor.
Dicho ésto ¿alguien sabe de qué va el asunto? y no me digan lo que sólo oigo al médico y al informático de cabecera "eso va a ser un virus".

domingo, 18 de abril de 2010

un viaje inesperado




No creo que Casanova encontrase en los días en que visitó Aranjuez, una trampa como la de esta semana; hubiese sido un billete de regreso a su isla. Yo pensaba que aquella mirada de la UNESCO, al evocar Venecia en los caces y caceras de Aranjuez, no era más que una generosa metáfora.



Y de pronto el sueño de Venecia pareció real. Un espejismo, a decir verdad, porque por debajo de la lámina de agua no había más de medio metro: disfrazada de ola tranquila quería lamer nuestros pies, en su camino urgente hacia el río, en su cauce de piedra improvisado. Las señales de tráfico, ociosas, jugaban al engaño. Los puentes, con y sin suspiros, se dibujaban a salto de bolardo. No hubo tiempo para sacar las falúas del museo, ni Farinelli que nos cantase. Pero escuché, entendí los susurros al oído, la hueca voz de las alcantarillas y el ronroneo de los imbornales. El olor era el mismo en un aire por el que el sol colaba azules indecisos y verdes resplandecientes. Aranjuez, por unos minutos, fue la ciudad de los canales. Luego, las viviendas anegadas, los sótanos inundados, los negocios chafados como un vestido tras la fiesta pagaban el viaje, mientras volvíamos a casa. Una vez más la realidad pudo a la ilusión.





jueves, 15 de abril de 2010

paisaje de interiores





Aquella vez la primavera les estalló entre cuatro paredes. A la luz del día. La ventana hacia un patio interior. Las horas por delante. Hacían cosquillas al cielo. Quería él que ella hablase de ella.
-¿Quién eres? -Las palabras más tarde. Y tanto. El tiempo le ha acercado a la verdad, pero sigue sin respuesta.
Historias de la Gran Vía, desde el otro extremo.



domingo, 11 de abril de 2010

sábado de pasión




inimaginable ¡aún me froto los ojos!

sábado, 10 de abril de 2010

felicidades, señora... gran señora




a la hora en que cierran los clubs, sobre todo





miércoles, 7 de abril de 2010

felicidades, señora





Madrid ha prendido una cinta sobre sus ropas con el nombre de la ciudad en el broche.

Cuando anochece se le ve la costura de hilo rojo infinito (RF dixit).

Hay luz verde -cae el día- en el escote de la Gran Vía.


"Con un suave balanceo voy por ahí
a la hora en que cierran los clubs
con un suave balanceo
sin sonreír más de lo necesario.

Tras algún signo de vida voy
no se quien soy ni donde nací
pero llevo un africano dentro de mi.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano por la Gran Vía.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano con traje y sombrero nuevo".


Radio Futura, Un africano por la Gran Vía

domingo, 28 de marzo de 2010

la procesión, por dentro






"Charlando alegremente se perdieron en las callejuelas del Madrid antiguo.
- Este barrio es muy interesante -dijo el periodista. Da la sensación de que se está muy lejos de Madrid. Parece un rincón poético de una provincia castellana.
Estaban en la calle del Sacramento, solitaria y silente. La calle prócer y antigua de las nobles casonas con escudos, llenas del prestigio legendario del siglo XVII, aparecía envuelta en la luz fría y verdosa de la luna, que fantasmagorizaba los viejos campanarios y los tenebrosos pasadizos.
(...) El periodista se disponía a contarle a Basilio la tradición madrileña del guardia que pasó una noche de amor con una diablesa, cuando sonaron pasos acelerados sobre las piedras con verdín del callejón del Codo, una interesante encrucijada que hay al pie de la Torre de los Lujanes".

Emilio Carrere, Jesús de Aragón, La torre de los siete jorobados













Son pasos a la luz de las velas entre codos callejeros y traviesas esquinas de sugerencias de pena y de pasión. Nada tienen que ver con el rumbo ocioso bajo una luz de sol a pleno gas. La procesión lleva acelerados el pulso y el paso tras la la linterna de una luna llena que incita a la aventura bajo los pies. La procesión continúa por un callejero subterráneo que ya hubiese Poe querido imaginar. No es Toledo. Es Madrid, con sus diablos cojuelos y sus corcovados como demonios, donde el bien y el mal son eco de las querencias e inquinas de nuestra tradición más social que religiosa.
Es esta novela misteriosa, negra por de más: en el ambiente, en el humor, en la intriga, en las manos (dos ... y dos) que la escribieron. Neville -otro Edgar- la transcribió en fotogramas. Que ya tiene su gracia, tras tanta vuelta y revuelta por un Madrid más aparente que oculto, ir a parar al pinar de Chamartín. Allí, mucho antes que las Kio de El día de la Bestia, se levantaba la Torre de los Siete Jorobados...

sábado, 20 de marzo de 2010

hoy




Hoy quiere el invierno decir adiós en escala de grises, cabezón, sin dar su brazo a torcer. Como si negase el paso a una primavera que deseamos brillante, luminosa, delicada. Sin esquinas rotas. Primavera esplendente que sólo puede ser si el invierno es. Colmada de gratitud por tanto sacrificio de gotas de insistencia, lentas y constantes en su esfuerzo por alimentar el aire de los suspiros y la tierra de las andanzas.
Un poquito de atención, que sale la vida de su escondrijo, hoy.



lunes, 15 de marzo de 2010

las raíces






Involuntariamente contracorriente, out, demodé. Tal vez puede llegar a ser inoportuna tanta coherencia entre vida y obra. No se llevan los ámbitos rurales y provincianos, las almas candorosas e inocentes, de voz discreta, las tierras sin adornos, viriles, recias. Describir lo castellano, escribir en castellano. Un mester que es el del lenguaje vivo y claro. Al principio de aquella lengua ya lo dijo Gonzalo de Berceo "en román paladino", para que se entienda ("Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino"). Pero lo austero no chilla como lo pintoresco, y hay quien lo confunde con lo vulgar. El castellano, lo castellano, tierras y gentes de paciente resistencia, anchas de espíritu, no están de moda. Aunque nadie se atreva (bueno, nunca se sabe) a desdecir a un clásico.







"En mis libros hay un rechazo de un progreso que envenena la corte e incita a abandonar la aldea. Desde mi atalaya castellana, o sea, desde mi personal experiencia, es esta problemática la que he tratado de reflejar en mis libros. Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble.





Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste. Al hombre, ciertamente se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en el que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante.


(...) Me temo que muchas de mis propias palabras (...) van a necesitar muy pronto de notas aclaratorias como si estuviesen escritas en un idioma arcaico o esotérico, cuando simplemente han tratado de traslucir la vida de la naturaleza y de los hombres que en ella viven y designar al paisajes, a los animales y a las plantas por sus nombres auténticos.





(...) ¿Qué sentido tiene un paisaje vacío? "el chopo del Elicio, "el pozal de la Culebra" o "los almendros del Ponciano" (...) son en efecto un trozo de paisaje y de vida, imbricados el uno en la otra, como los trigales de Van Gogh o nuestra propia casa animada por la personalidad de cada uno de nosotros y enteramente distinta a todas las demás incluso en el más pequeño de los desconchones. Cada una de esas parcelas del paisaje alberga historias o mitos que son vida, han sido vivificados por el Elicio o el Ponciano y, a la vez, hablan a los demás; el día que pierdan su nombre, si es que subsisten todavía físicamente, no serán ya más que un chopo, unos almendros o un pozal reducidos al silencio, objetivados, muertos, no más significantes que cualquier otro árbol o rincón municipalmente establecido. (...)

En esta tesitura, mis pesonajes se resisten, rechazan la masificación. (...) Se trata de seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad; se niegan a cortar las raíces".



Miguel Delibes, Discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (25 de mayo de 1975).




domingo, 7 de marzo de 2010

el miedo y los temores

“El sol seguía declinando. (…) La ciudad que tenía ante mí había dejado de ser Venecia. Su personalidad, su nombre me parecían como ficciones mentirosas que ya no tenía el valor de infundir a las piedras. Veía los palacios reducidos a simples partes y cantidades de mármol parecidas a cualesquiera otras, y el agua como una combinación de hidrógeno y de nitrógeno, eterna, ciega, anterior y exterior a Venecia, ignorante de los dux y de Turner. Y, sin embargo, aquel lugar cualquiera era extraño como el lugar al que llegamos y no nos conoce todavía, como un lugar que hemos dejado y que ya nos ha olvidado. (…) Pero al mismo tiempo aquel lugar mediocre me parecía menos lejano. En el estanque del arsenal, debido también a un elemento científico, la latitud, había esa singularidad de las cosas que, aunque semejantes en apariencia a las de nuestro país, resultan extranjeras, en destierro bajo otros cielos”.



Marcel Proust, En busca del tiempo perdido










Dejé parada la lectura. Justo ahí, tras las últimas páginas de “La fugitiva”, las que relatan y evocan el tan deseado viaje a Venecia. El ritmo era el de un libro cada año. Ya han pasado tres. Bien es cierto que durante ese paréntesis disfruté “Los placeres y los días” que me llegaron en forma de regalo. Pero sigo sin querer adentrarme en “El tiempo recobrado”, porque aún no sé si es el momento de dejar de perder el tiempo. Hay miedo a seguir. Y falta de valor para marcharse, el miedo a llegar, como dicen Vetusta Morla. Y recuerdo la afirmación de Canetti "no hay nada que el hombre tema más que el toque de lo desconocido". Ese miedo a dejar la rutina, sin saber responder ¿qué puede más, la emoción o la razón? El miedo a perder el control (Ian Curtis lo supo muy bien). Tal vez sea más difícil aún reconocer el miedo, que se tiene miedo. Esas verdades a medias que llevan a la incertidumbre, el miedo de Firmin, el cónsul de Malcolm Lowry, y el alivio momentáneo antes de advertir que le han disparado. Ojalá fuesen los sustos espectrales de Halloween, los de Shaggy y Scooby-Doo, que te hacen poner cara de tonto y cobardica y que no pasan de ser miedo previsible, reconocible, acotado. Porque el miedo no es conciso, es difuso, indefinido, sin amarras en el espacio, mucho menos en el tiempo. Ojalá fuese temor como anécdota, insignificante en el miedo, pero sucede que el miedo abarca mucho más.





miércoles, 24 de febrero de 2010

hombre ilustre

Conozco otra clase de bel ami. No es el trepa que se hace entre mujeres para llegar a donde quiere llegar, que se pasa de largo (y por lo visto nunca de listo).
Este otro bel ami sabe que al fin su fin no se halla en el panteón de hombres ilustres, donde inevitablemente se es más muerto que ilustre.
Este otro bel ami sabe que se puede estar entre mujeres sin mentiras, sólo con el recurso de su propia fuerza. La pasta de la que está hecho no es la pasta de ese club del dinero en el que si le admitiesen se negaría a entrar. Es de Groucho, no de Marx. Es ilustre. Sigue vivo.


"Vos, cuyo talento está por encima del vulgo; vos, que escribís, que aleccionáis, que aconsejáis; vos que dirigís al pueblo, tenéis una hermosa misión que cumplir y un hermoso ejemplo que dar".(...) El obispo había terminado su plática.

(...) Por su piel corría ese frío estremecimiento que dan las grandes dichas. No veía a nadie. No pensaba más que en sí mismo. (...) El pueblo de París lo contemplaba y lo envidiaba. Luego, alzando los ojos, vio a distancia, al otro lado de la plaza de la Concordia, la cámara de los diputados. (...) Lentamente bajó los peldaños de la alta escalinata, entre dos filas de espectadores. Pero él no los veía. Su pensamiento volvía atrás, y ante sus ojos, deslumbrados por el resplandor del sol, flotaba la imagen de la señora de Marelle, arreglándose ante el espejo los ricillos de las sienes, que siempre tenía alborotados al salir de la cama".

Guy de Maupassant, Bel Ami

jueves, 18 de febrero de 2010

efeméride





Efímera, supongo. Cuando no se ve la calle, porque no se pisa, son los pasos del tiempo los que se pierden. Como en la tierra de los efímeros, donde la relatividad no se teoriza. ¿En qué estación apareceré de nuevo? Que no sea en un intercambiador: mejor un apeadero. He de anticipar la primavera, estar de vuelta antes de lo que esperas.





"-¡Qué hermoso campo! -comenté-.
La prendí por la cintura, porque la hermosura de la Naturaleza es la mejor aliada. (...)
-¿Te has fijado en los árboles?




Aquello era un juego continuo, frenético; se cubrían como en un incendio de hojas verdes, nos aturdían musicalmente los pájaros. Veíamos las explosiones de las flores. Y de pronto amarilleaban, languidecían, se despojaban melancólicamente de sus hojas doradas. Se quedaban desnudos, unos segundos, tiritaban de nieve, las ramas se encristalaban de escarcha y luego volvían a empezar; a enternecerse, a florecer; contemplábamos sus gestos vegetales, como si se desperezasen al saltar de la cama. (...)


-Ahora -me dijo Catalina- tendremos una eternidad para querernos.
La cogí por la cintura y la besé lentísimamente -lo que en Efímera dura un reinado- en la roja boca".


Agustín de Foxá, Viaje a los efímeros




lunes, 15 de febrero de 2010

aquellos festivales

Aquellos festivales ya no son lo que eran.

La OTI, Benidorm, ¿y el de la Canción Infantil?... Cada vez que "sentía" el Te Deum de Carpentier (un Te deum para algo tan profano...) mientras vibraba en la tele el círculo estrellado me preparaba para el festival de Eurovisión: sólo acertaba una vez al año. Jugábamos al festival en verano, en la terraza de la casa de la abuela, todos los primos organizados por equipos (los de Suiza siempre ganaban).

Reconozco que todavía algún año veo el festival (en singular, el único que queda), pero los motivos han cambiado, es una rancia nostalgia y curiosidad kitsch (¿o camp?), no aquella excitación que culminaba con la contabilidad en idiomas y la mirada, al día siguiente, en el periódico del domingo, del ranking de decepciones. Hoy es tan distinto: servidora, con estudios superiores en geografía, se pierde entre los nuevos países y la caprichosa frontera entre continentes. Hay más diferencias, demasiadas diferencias, pero no seré yo quien comience a hablar de música, porque aquellos festivales ... aquello era otro cantar.






"En Roma, te vi de pronto una mañana,
en Roma, me dio su cita un corazón,
en Roma, el primer toque de campana,
en Roma, ha despertado una ilusión.
En Roma, por una lira en la fontana
un día, jugué mi amor a cara o cruz.
En Roma, el Quirinal pide a la luna,
¡un sueño que nunca más le diga adiós!
En Roma, van las parejas de una en una
y el amor,
en Roma va de dos en dos"


Fina de Calderón, En Roma
(Festival de la Canción Mediterránea)

jueves, 11 de febrero de 2010

visitas deliberadas




Tres visitas. La estancia erudita, en busca de la fuente del arzobispo Tenorio. La boda de amiga de infancia, iglesia y hostería, cerveza en el claustro y flan de castañas al postre. El alto placentero en un viaje de caracol que esquiva el atasco de regreso.
Y allí siempre el ángel músico que parece tener en sus manos la fachada del monasterio, como esos santos arquitectos que enseñan el proyecto a la señora de la casa. La piedra peina el sonido en este lugar de vibración contenida.




"Guadalupe está lejos de todos los sitios, no hay ninguna carretera principal cerca, conserva un pasado que tiene poca validez. Ya lo sientes cuando te acercas al lugar. Ya no recuerdo con exactitud en qué año visité Guadalupe por primera vez, sólo se que fue hace mucho tiempo. (…) Recuerdo amapolas, acianos, y aún sé cómo volvían a mi memoria más tarde; la sequía, la petrificación de ese paisaje y luego, de repente, la sorpresa del color.


Ahora hago lo que hacen los peregrinos, subo las escaleras hasta la iglesia, ya se me aparta un poco de la tierra, aunque sea yo mismo quien lo haga. La fachada no quiere ser inmediatamente descrita, es demasiado singular, hay demasiados contrastes y asimetrías. La construcción es la de una fortaleza, pero en la tromba del gótico flamígero sobre las dos puertas, en las cuatro partes desiguales de la balaustrada y en el rosetón, parece agitarse la luz del sol en todas direcciones, en círculos de fuego que ascienden unos sobre otros".
Cees Nooteboom, El desvío a Santiago

martes, 2 de febrero de 2010

naranja, que te quiero




El rosa Tiepolo no es rosa, es naranja, encendido, vivo, despreocupado. En Aranjuez no se distingue del paisaje, pero... da la espalda a los corsés cortesanos. Abandona el lugar. Baja las escaleras de San Pascual sin saber aún que su camino termina en El Prado, sin saber que allí va a lucir más, aunque sólo sea por contraste.


Las obras que Tiepolo realiza para el Convento de San Pascual Bailón pecan en la forma, por directas, por espontáneas, por frescas. Sin penitencia (hoy pueden ser contempladas en el Museo del Prado) ni purgatorio (algunas no pasan de boceto) son inmediatamente sustituidas por las relamidas de Mengs, Maella y Bayeu.

Será que el rosa Tiepolo está en la naturaleza, no en las academias. Es color de irrealidad, volátil e intangible, color de cierta locura, color feliz. Aunque avisado por San Pascual, que le ha dejado sus tres golpecitos en la cabecera, el artista, una vez más, habrá de morir incomprendido. El que paga manda.

"Los dibujos de San Pascual Baylón [están] destinados a una suerte infeliz: un intento de adecuarse a las inclinaciones locales, pero incomprendido, despreciado y maltratado.
(...) Mengs podía mirar a Tiepolo como a un desamparado de edad provecta. No sorprende la insana prisa con que, tras la muerte de Tiepolo, la corte española se apresuró a quitar sus retablos del altar de Aranjuez. Entre el almidonado Mengs y el mercurial Tiepolo la partida había concluido a favor del primero. Obviamente, Mengs fue nombrado pintor de cámara del rey.
(...) Esos lienzos no tienen precedentes en la obra de Tiepolo, ni mucho menos en la pintura de su siglo. Es como si la palabra religioso de pronto volviera a ser natural y tácita. (...) Aquí la vibración es el estado último".
Roberto Calasso, El rosa Tiepolo

sábado, 23 de enero de 2010

allí donde queremos llegar



Existe un tedio interior en el viaje de la vida, como el del turista a su pesar. La cura no se halla en los grandes desplazamientos, donde no siempre la evasión surte efecto. Puede ser algo tan sencillo como la mujer que vive al lado de casa, entre divertida y chisposa, aparentemente ingenua, nada inocente (tampoco culpable), pelín extravagante (así Muriel, la veterinaria encargada de cuidar de su perro mientras Macon va de aquí para allá) sólo adornada con una irresistible e incierta propuesta de viaje (sin coche, sin aviones) y un viejo álbum de fotos.


"Escribía una serie de guías para personas que se veían obligadas a viajar por negocios. Bien pensado era ridículo: Macon detestaba viajar. Se movía por los territorios extranjeros dando tumbos a la desesperada, como inmerso en un bombardeo -con los ojos cerrados, conteniendo la respiración y agarrándose a la vida, imaginaba él a veces- y luego, de vuelta en casa, daba un suspiro de alivio y, cómodamente instalado, se disponía a producir sus abultados libros de bolsillo del tamaño de un pasaporte. El turista accidental en Francia. El turista accidental en Alemania. En Bélgica.

En estas guías sólo daba cuenta de las ciudades porque los que viajaban por negocios llegaban en avión a las ciudades, se marechaban del mismo modo, y el campo no lo veían en absoluto. De hecho, tampoco es que viesen las ciudades. Lo que les interesaba era cómo fingir que no se habían ido de casa. ¿Qué hoteles de Madrid disponían de colchones Beautyrest de tamaño extra? ¿Qué restaurantes de Tokio podían ofrecer Sweet’n’Low? ¿Había un McDonald’ en Ámsterdam? (…) ¿Servían en algún sitio de Roma raviolis Chef Boyardee? Otros viajeros tenían la esperanza de descubrir los vinos característicos de un lugar; los lectores de Macon buscaban leche pasteurizada y homogeneizada.

Lo de escribir las guías le gustaba tanto como detestaba el tener que viajar. Sentía un virtuoso deleite en organizar un país desorganizado, podando todo lo accesorio y mediocre, y clasificando lo que quedaba en párrafos concisos y elegantes”.

Anne Tyler, El turista accidental

jueves, 14 de enero de 2010

fuera de mapa (XII) Boris Vian




y si he de elegir, ser antes devoción que obligación








"La cojo por los sobacos y la pongo en pie, luego la despojo de su voluptuosa bata, que arrojo de cualquier modo. Gaya parece inquieta, un poco como si fuera a llorar y cantarme las cuarenta..., pero se sosiega.


(...) Después de mucho baño, mucha loción, mucha friega, mucha toalla y mucha flema, tumbado en el sofá, me dedico a pensar y pienso que de todos modos esta historia de reventarme los neumáticos no es tan grave. Me ha retrasado media hora, pero siempre andamos sobrados de alguna media hora, sobre todo cuando no damos golpe; conque, a fin de cuentas, si ha servido para que Gaya se desahogara, me lo tomo como una pequeña compensación que le debía".



Boris Vian, Con las mujeres no hay manera

lunes, 11 de enero de 2010

la risa



Los Reyes Magos dejaron en casa un juego estilo Cluedo, ambientado en una abadía medieval. Menos mal, he dicho para mis adentros, por esta vez no hay ningún sospechoso español. Porque tiene su gracia bendita que Jorge, el malo de la historia, sea de aquí, de Burgos para más señas.

Hace ya muchos años, una amiga que entre nosotros ya no está (pero confío en que siga siendo) se preguntaba por el verdadero misterio de la novela ¿cuál era el nombre de la rosa? Ella siempre sostuvo que hacía referencia a la joven mujer (creo que la única) que aparece en el relato.
La mujer, aventurada, tentadora e irresistible como la risa (en castellano de risa a rosa sólo va una letra).






"Jorge dijo que bastaba decir pez para nombrar al pez, sin ocultar su concepto con sonidos engañosos. (...) Y entonces sucedió algo que no comprendí. Berengario se echó a reir. Jorge lo reconvino".





"-Quiero ver esa copia griega escrita sobre pergamino de tela, material entonces muy raro que se fabricaba precisamente en Silos, cerca de tu patria, Burgos. Quiero ver el libro que robaste allí, después de haberlo leído, porque no querías que otros lo leyesen, y que has escondido aquí. (...) Pero ¿por qué temes tanto a este discurso sobre la risa? No eliminas la risa eliminando este libro.

-No, sin duda. La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne (...) algo inferior, amparo de los simples (...) Pero aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte".

Umberto Eco, El nombre de la rosa


miércoles, 6 de enero de 2010

no hay magos de oriente en la plaza de






"Para que los Reyes Magos dejen algo en las botas de un chico, lo primero que mecesita el chico es tener botas. Esta profunda reflexión no es mía, me la ha comunicado un golfo a quien yo visité en su domicilio -estatua de Recaredo, plaza de Oriente - para pedirle noticias acerca de los Reyes Magos.
-Yo me echo a dormir -me dijo el golfo- y si los Reyes quieren traernos algún regalo, que me traigan botas...
Ignoro si lo Reyes habrán satisfecho este deseo de un niño descalzo e indocumentado; pero me figuro que no. En los países de la fantasía no se fabrican botas. Las botas son un producto industrial, y los Reyes Magos no suponen que pueda albergarse un niño allí donde no ven un par de pequeñas botas... Los Reyes Magos traen de todo para todos los niños; pero aquel que no tenga con qué recoger su parte en el rico tesoro de la superstición, se quedará sin ella. El ideal vive de realidad, y en este caso la realidad consiste en un par de botas y un trozo de balcón o un quicio de puerta".


Julio Camba, Los Reyes Magos





Pues nada, habrá muchos reyes en la Plaza de Oriente, pero Magos ¿uno?






o ninguno.