vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 14 de diciembre de 2008

la declaración

Las mismas sensaciones desde el recuerdo, tal vez porque ellos llegaron a Helsinki como Ganivet, con el mes de diciembre agazapado en la aduana. Nunca quisieron imitarle en su misión de cónsul, aunque en la carpeta llevaban un mandado de tintes diplomáticos. Aquello sonaba a matrimonio de estado: todo se reducía a arrancar un sí. Oir la sílaba ansiada, recoger credenciales y poner rumbo al Sur fue todo uno: Aranjuez les esperaba con impaciencia de novia.



"El frío. Voy a sorprender a mis lectores diciéndoles que aquí no hace frío. Dentro de las casas se vive en perpetua primavera, y en la calle, envuelto en pieles, suda uno más que en verano. Sólo la cara, que tiene que ir al descubierto, se resiente de las caricias un tanto brutales de la nieve y el viento. ... Aún no he visto tiritar a nadie...



Lo que angustia más no es el frío; es la falta de sol: más luz da el suelo nevado que el cielo gris, triste como el rostro de un mudo; a veces una mancha rojiza marca el sitio por donde el sol quiere asomarse; algún día el sol luce al fin; pero sus rayos no calientan ni dan vida al paisaje, siempre silencioso, solemne. La primera impresión que me produjo este país fue de tristeza. Llegué en invierno, y los campos, como los lagos, como el mar, estaban sepultados bajo la nieve... El hombre pasa sin dejar apenas rastro...



Cuando empieza a caer la nieve, la atropellada vida estival, disparada como castillo de fuegos artificiales, se desvanece, dejando tras de sí, por testigos, los árboles convertidos en esqueletos. Finlandia es triste; pero su tristeza engaña al hombre y le hace creer que vive contento. El período de las nieves es propicio para soñar aletargado, como reptil que hace su laboriosa digestión, y al salir del letargo se cae en la embriaguez de los días interminables. La gente del país tiene acaso el presentimiento de esta vida; pero el meridional tiene fijo el recuerdo, que a veces asalta violentísimo, y produce la incurable nostalgia".

Ángel Ganivet, Cartas finlandesas

6 comentarios:

delarica@unav.es dijo...

Otra pasión compartida: Ganivet (otro gran olvidado: qué país se permite el lujo de olvidar a un tel écrivain!). A lo que voy: conoces el ensayo sobre el arte gótico que escribió después de un viaje a Brujas?)

el zurdo dijo...

Entrada muy oportuna (dada la temperatura finesa de mi casa a medio descongelar en este temprano mediodía) a propósito de mi obra favorita del granaíno ilustre y hoy (por ilustre -qué menos tal como está el patio-) olvidado.

magdalena merlos dijo...

Me alegro de la coincidencia. Ganivet es uno de los olvidados del 98 sección burguesa (como Silverio Lanza, p. ej.), sin contar al grupo de la bohemia.
Y lo del frío, aún no hemos entrado en el invierno...
No conozco el texto sobre el gótico, y eso que tengo un repertorio curiosito (creía yo) con Panofksky y Jantzen incluidos. Supongo que no será fácil conseguirlo.

Anónimo dijo...

Compartó lo de la sensación que da Finlandia en invierno. Cara blanca, mirada sombría, gentes encogidas, aire afilado... Aunque el día en que sale el sol, unas escasas horas, le cambia el rictus y su cielo parece una broma a medio descubrir, aunque el frío siga siendo intenso.
Tomarse una cerveza y unos arenques ahumados es el remedio para todo lo demás.

rubén dijo...

Cualquier lugar es triste si la tristeza se lleva dentro. Ganivet la encontraba en todas partes.

magdalena dijo...

Rubén, Ganivet era así: tengo la sensación de que por eso se le ha enmarcado en la G 98, cuando fue precisamente el año en que muere y por lo tanto toda su obra escrita antes. Sin embargo te puedo decir que allí no fui con tristeza y su visión es muy cercana a las percepciones que traje.


Anónimo, tengo una foto con ese detalle, en Soummelina, cerveza y arenques. ¿Qué es "todo lo demás"?: entre las cosas buenas que trajimos están esas conversaciones entre cervezas que seguimos repitiendo aquí. Y el arenque, a veces los cambiamos por boquerones. Otra cosa, Ganivet lo clava: una de sus cartas está dedicada a los borrachos de Finlandia, cien años después son tal y como los vimos.