vividos, viajados o sencillamente imaginados






martes, 2 de diciembre de 2008

el destierro

De aquella llegada del Cid a Cardeña perdura poco más que el paisaje. El vínculo entre la figura y el monasterio fue tan intenso que el crecimiento de la obra se convirtió en un perpetuo homenaje al héroe medieval. Se ha sugerido incluso que el poema a su memoria se escribió entre estos sillares.
Los cambios en San Pedro de Cardeña son tales que no permanece ni la orden monacal de aquellos tiempos. Cuando el Campeador campea por estos campos, camino del destierro, a San Bernardo de Claraval (fundador de la orden cistericiense que actualmente rige el monasterio) aún le quedan unos años para venir al mundo.
Pero como decía, el paisaje en su rigor y mesura y a su modo pervive. Es el dueño de las historias convertidas en leyenda y el guardián de la condición castellana, y eso que le han cambiado el ritmo, pues nada queda del galope del Cid y los suyos en esta invitación al paseo.

"En San Pedro de Cardeña, allí nos cante el gallo;
Veremos a nuestra mujer honrada hijadalgo.
Abreviaremos la estancia y dejaremos el reinado.
Mucho es menester, que cerca viene el plazo.

Gran yantar le hacen al buen Campeador.
Tañen las campanas en San Pedro a clamor.
Por Castilla, oyendo van los pregones;
Cómo se va de tierra mío Cid el Campeador;
Unos dejan casas y otros honores.
En ese día, en el puente del Arlanzón,
Ciento quince caballeros todos juntados son;
Todos demandan por mío Cid el Campeador.
Martín Antolínez con ellos se unió.
Vanse para San Pedro do está el que en buen punto nació"

Poema de Mío Cid

3 comentarios:

delarica@unav.es dijo...

Me parece un milagro que haya quien siga leyendo El Cid y revisitando los parajes de la épica castellana y universal. Te alabo el gusto. Poco ha cambiado el paisaje, a Dios gracias. Los mismos páramos y lugarejos. Si no recuerdo mal, allí dejo a su mujer e hijas y dice el poeta que se separó de ellas llorando y sufriendo por la separación como "la uña de la carne". Creo que los monjes de Cardeña tenían tierras en Sacramenia, en Segovia, donde he pasado buenos momentos.
El Cid e Iggy Poo, qué buena mezcla de intereses, ¿no?

Alvaro de la Rica dijo...

Por cierto, se me olvidó añadir que las dos fotos son una belleza: tienen el color malva y transparente del frio

paisajescritos dijo...

Es el frío de este fin de semana pasado, ayuda a viajar en el tiempo esa melancolía del otoño casi invernal. Soy muy de romancero y Cid desde niña. Lo de Iggy Pop vino algo más tarde, otro tipo de épica: música aguerrida. Se agradece el comentario.