vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 12 de mayo de 2008

belle de jour



Gerona tiene ecos del Jardín del Edén.
Está cruzada por cuatro ríos, como los del Paraíso.
Perfecta para guardar el tapiz de la Creación.



Gerona me evoca a Florencia, allí por donde la cruza el Arno, más que a Venecia (como dicen). En cualquier caso en Gerona sólo se ve Gerona, toda esplendor mediterráneo. Hoy mismo hablábamos de ella, digna del reconocimiento de Patrimonio Mundial, que tal vez ni siquiera necesite. Gerona es consciente de su belleza, aunque sólo se lo digan entre susurros o quede en pensamiento inconfesable.


“A primera hora de la mañana, cuando voy a la universidad, encuentro, a veces, señoritas con mantilla, devocionario, rosario y un círculo morado en los ojos –una de ellas con los ojos negros y los cabellos grises-. Estas apariciones me hacen pensar en Girona, hacen surgir ante mis ojos la vida matinal y beata de aquella ciudad. En virtud de un mecanismo desconocido por mí, uno, en mi espíritu, lo que hubiera deseado hacer y no me he atrevido a hacer –o sea, la clandestinidad- con Girona. Las piedras viejas fueron siempre para mí, un poco afrodisíacas. Pienso en las tazas de chocolate con bizcochos que toman las señoras al regresar de misa y en muchas otras cosas –en el posible deseo permanentemente insatisfecho de estas señoritas devotas, de aspecto dulce y tonto, pero quizás eficaz”.

Josep Pla, El cuaderno gris

4 comentarios:

rubén dijo...

No me vas a creer, pero no había visto tu entrada antes de poner la mía. Curioso.

magdalena merlos dijo...

Rubén, en cierto modo no es sorprendente. Desde el principio ya te comenté en un email la línea de este blog, y viendo la línea del tuyo, pues es lógica esta convergencia. Curioso resulta el punto concreto en que nos hemos hallado, cómo se habla del Mediterráneo, y cómo Pla fuera de su Cataluña, en pocos lugares, léase Italia, se haya sentido tan cómodo como en su tierra (ya es decir). Por afinidades (entre ellas históricas), y porque el mar une (recuerdo aquella película oscarizada Mediterráneo) el catalán siempre ha sido el español más dado a mirar hacia Italia. El ejemplo de Rusiñol puede ser similar

rubén dijo...

"...agrupados en torno al mar como hormigas o ranas alrededor de una charca."

No sólo el mar une, sino que la tierra separa. Yo, por ejemplo, no he estado nunca en Cataluña.

merlos dijo...

Cataluña, como otras zonas de España, la voy visitando a sorbitos, me quedo en una zona concreta y pequeña varios días. A BCN voy, a la ciudad por sí misma, siempre que puedo, una semana o así. A veces, como dices, la tierra separa, no sé si será miedo al Sistema Ibérico, donde es recomendable detenerse (bueno, hablo desde el punto de partida que es el lugar donde vivo). Las separaciones o proximidades, como sucede con los amigos, no son cuestión de espacio, sino de afinidad.