vividos, viajados o sencillamente imaginados






martes, 27 de mayo de 2008

universo a escala

Los mercados son agradables. El del Val aún transmite el aire de familia de los clientes y los puestos de toda la vida. Su aspecto es modesto pero se le adivina el orgullo de haber sobrevivido a los derribos que terminaron con casi todos ellos.



“Me gustaba el mercado por fuera, con su aglomeración de obreros, meretrices, encantadores de serpientes, exploradores apócrifos que vendían productos exóticos y montañeros igualmente apócrifos que habían bajado de las cumbres saludables con el caramelo de los Alpes para la tos. (…) Un viaje alrededor del mercado, pues, podía ser como un viaje alrededor del mundo...

No me regía ya, dentro de la galaxia confusa y olorienta del mercado, por las leyes de la deuda, la trampa y el precio, sino por la ley más implacable del amor, a pesar de lo cual siempre temía encontrarme a la chica por algún sitio, pues a ella, a media mañana, le gustaba darse un paseo por todo el mercado saludando a los otros tenderos y recibiendo el homenaje macho y vegetal de los hortelanos: haciendo, en fin, un poco de vampirtismo en aquel mundo que era su reino, un reino de frutas, lenguados muertos, corderos como víctimas y comadres como brujas.(…)



Y el mercado… se fue transformando así en el lugar de mis sueños, y las frutas se encendieron como luces, y los pescados se volvieron de plata, y las naranjas de oro, y la carne era como un tributo sangriento a mi diosa, y todo era una fiesta donde los vegetales perfumaban intensamente, los panes eran panes de oro y los quesos eran eunucos que codiciaban a mi reina, presos en sus vitrinas de cristal".



Francisco Umbral, Las Ninfas


2 comentarios:

Anónimo dijo...

En los mercados los conejos sin camiseta gritan desde los mostradores, los pollos desplumados en el póker de la granja miran resignados, los peces tienen el color de la añoranza por las profundidades y la chica que se pasea por entre las frutas y las verduras nunca repara en mí.

merlos dijo...

Así contado es como si todo en el mercado exhalase sexo. Y la chica... que no está en venta, disimula, aunque está claro que te la has llevado al huerto.