vividos, viajados o sencillamente imaginados






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sábado, 19 de septiembre de 2009

la teoría de la relatividad



























En Opus Nigrum están la ciudad siempre misma de Kavafis, el laberinto en que se adentra Teseo sin hilo, la equívoca percepción que intuye el griego Zenón, homónimo del protagonista.
Como el protagonista Zenón, el peregrino ya no se fía de las estrellas ni de las coordenadas bajo sus pies. El peregrino (¿por qué?)  no se detiene.






"Le sorprendió percatarse de que recordaba sin dificultad las calles de aquella ciudad que no había vuelto a ver desde hacía treinta años. (...) Al encontrar su rumbo en el laberinto de callejuelas de Brujas, había creído que aquel alto en su camino, al apartarse de las anchas calzadas de la ambición y del saber, le procuraría algún reposo, tras las agitaciones de treinta y cinco años. Contaba con sentir la impresión de seguridad inquieta de un animal que se tranquiliza con la estrechez y oscuridad de la guarida en que ha escogido vivir. Se equivocaba. Aquella existencia inmóvil hervía por dentro; el sentimiento de una actividad casi terrible rugía como un río subterráneo. La angustia que lo atenazaba era diferente de la de un filósofo perseguido a causa de sus libros. El tiempo, que -según había imaginado- debería pesar en sus manos tanto como un lingote de plomo, huía y se subdividía como las bolitas de mercurio. Las horas, los días y los meses habían dejado de concertarse con los signos de los relojes y hasta con los movimientos de los astros."

Marguerite Yourcenar, Opus Nigrum

viernes, 22 de mayo de 2009

eterna

Ya me gustaría que esta clarividencia sobre la ciudad, la polis, la tuviese algún gobernante de los de ahora. Uno, con sólo uno me consuelo.



"Construir es colaborar con la tierra, imprimir una marca humana en un paisaje que se modificará así para siempre; es también contribuir a ese lento cambio que constituye la vida de las ciudades. Cuántos afanes para encontrar el emplazamiento exacto de un puente o una fontana, para dar a una ruta de montaña la curva más económica que será al mismo tiempo la más pura...

Pero toda creación humana que aspire a la eternidad debe adaptarse al ritmo cambiante de los grandes objetos naturales...vendrán otras Romas cuya fisonomía me cuesta concebir, pero que habré contribuido a formar.

...Roma debería escapar a su cuerpo de piedra... Roma se perpetuaría en la más insignificante ciudad donde los magistrados se esforzaran por verificar las pesas y medidas de los comerciantes, barrer e iluminar las calles, oponerse al desorden, a la incuria, al miedo, a la injusticia, y volver a interpretar razonablemente las leyes. Y sólo perecería con la última ciudad de los hombres".

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano