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sábado, 17 de enero de 2009

la ciudad crece



El sucesivo retrato de la ciudad a lo largo de más de un siglo. Hasta en su fisonomía menos evidente se recoge el detalle, sensible incluso al cambio de nombres del callejero enredado del Raval. No sólo es aquella ciudad del Caso Savolta o de Los prodigios. Son los años cuarenta en Una comedia ligera. O el atlas histórico (setenta ochenta noventa) en la trilogía de ese pícaro loco, tan bien hablado como los buscones del Siglo de Oro, y tan desventurado.
A su manera exagerada Julio Camba subrayaba la falta de sentido del humor de los catalanes. Con Mendoza dio en hueso duro.



"No recordaba haber estado nunca en aquel barrio que, por su configuración, debía haber sido otrora un pueblo aledaño a la ciudad. Quedaban en pie algunas casas bajitas y recoletas, pero las más habían sido sustituidas por bloques de viviendas o estaban en proceso de derribo. Por doquier se alzaban cartelones que aconsejaban:
INVIERTA EN EL FUTURO PISOS DE SUPER-LUJO A PRECIOS DE SUPER-RISA
A medida que iba coronando la cima del promontorio se desplegaban a mis pies otras partes del área metropolitana, que una neblina pardusca iba cubriendo. Resoplando llegué a un desmonte baldío en cuyo centro había una garita que tomé al pronto por un puesto de castañas asadas. Al acercarme a preguntar si estaba tan perdido como me temía, leí en la pared de la garita esta inscripción:
VISITE AHORA NUESTRO PISO MODELO"
Eduardo Mendoza, El laberinto de las aceitunas