vividos, viajados o sencillamente imaginados






martes, 24 de noviembre de 2009

no está sola














A Segovia llegué (más bien me llevaron) siendo aún muy niña. La visión infantil y fantástica del castillo me anunció que el arte y la arquitectura me acompañarían desde entonces. Hubo luego otras visitas. En 1985 cambié aquel cromo de cuento por la imagen de la Vera Cruz y Zamarramala. Las fotografías que tomé ofrecían vistas muy parecidas a las de ahora, pero sin clables de alta tensión ni adosados en la cresta de la ola castellana, aunque el camino ya hacía años que había dejado de ser blanco y polvoriento, para mostrarse amazacotado y gris.

La Vera Cruz. Fue entonces la única vez que estuve dentro de ella, aunque cuando vuelvo a Segovia me dirijo hacia allí. A escondidas, en la distancia, no dejo de contemplarla como si fuese mi Doña Inés, mas sin atreverme a cortejarla.







"Diego el de Garcillán viene todas las tardes a la terraza del Alcázar. Desde el antepecho de piedra, por la parte que da al Eresma, contempla el panorama. … No está solo el poeta. En la visión que el viajero se forma de Segovia, rebullen en caos magníficos todos los monumentos de la ciudad. La mente se llena de palacios, capillas, arcos, capiteles, rejas, ventanas, torres, retablos. Sobre la masa espléndida de monumentos, surgen el Acueducto, el Alcázar, la Catedral, San Esteban, las puertas de San Andrés y de los Caballeros. La imaginación, deslumbrada, en horas de recuerdo va de una maravilla a otra. No podemos poner al pronto orden y sosiego en la admiración. Todo el conjunto de primores arquitectónicos aparece en un plano uniforme.

(…) No está solo Diego el de Garcillán en la explanada del Alcázar. La iglesita románica de la Vera Cruz se alza allá en un terrero, al lado de un sequeral castellano, pasada la arboleda del Eresma. Ante la puerta principal del templo, pasa un camino blanco. La otra puerta, junto a la torre, es chiquita. El camino se aleja culebreando, polvoriento, hacia un poblado que emerge en el horizonte –Zamarramala-.
(…) La iglesita, aislada, limpia, solitaria, sin edificaciones aledañas, se levanta al lado del camino sinuoso, en la tierra polvorienta castellana. El camino se aleja blanco hacia el pueblecito. ¿Va a estar solo en la vida Diego el de Garcillán, solo como esta iglesita? La iglesita románica le acompaña en sus horas de meditación. ¿Llegará a ser también el poeta singular en su arte, dichosamente singular, como la iglesita románica?

Azorín, Doña Inés

10 comentarios:

especies dijo...

Qué bonita y misteriosa es esta iglesia, sí. Pero ¿por qué no entras?

Icíar dijo...

Qué gracioso eso de la Vera Cruz como tu Doña Inés mas sin atreverte a conquistarla.

Dan ganas de ir a Segovia.

Bel M. dijo...

De verdad que me encantan tus fotos y esa recuperación de nuestros clásicos. Azorín, dios mío, cuánto tiempo.
Gracias.
P.S. ¿Me permitirías utilizar alguna de tus fotos para acompañar alguna entrada de las Amapolas (citando la procedencia, naturalmente)?

el zurdo dijo...

Perfecto engarce entre imágenes y texto. En cuantis que acabe mi repaso celiniano (hoy empezaré el reencuentro con la biografía que le dedicó -con un punto de mala follá- Bardeche), me voy a meter con Azorín (que aunque rima en consonante con el seudónimo del dr Destouches, eran en vida y obra absolutamente antagónicos -por eso, después de una buena dosis de carajillos celinianos, viene bien un poco de zen castellano viejo con el inactual caballero de Monóvar).

Estoy con Bárbara. ¿Por qué no entrar? En las iglesias se está fresquito y tranquilo. Un refrigerio para el espíritu del caminante. Uy, qué azoriniano.

el zurdo dijo...

Por cierto, qué azoriniano suena esto (descubierto en la última entrada de PDL ).

paisajescritos dijo...

Bel, autorizada y muy agradecida (pero como tus bodegones cotidianos...). Los clásicos son muy sabios ¿verdad?
Icíar ¿vives muy lejos de Segovia? Anímote a ir.
Especies: Misteriosa y bonita, iglesia de Templarios, de todas las iglesias que conozco ( y son unas cuantas, de verdad) posiblemente sea la primera en mi ranking (yo también hago listas aunque pareciese negarlo varias entradas atrás: "especiaListas" 1 de octubre de 2009). También es iglesia introvertida, críptica (su traza y configuración interna es muy sugerente, no es una iglesia cualquiera, algo enlaza con Eunate y Torres del Río, también en mi lista). No deja así como así cruzar sus puertas. La verdad: hice varios intentos tras aquella primera vez y siempre la hallo cerrada. Además hay que salir de la ciudad a su encuentro, porque eligió su retiro. Pero no está sola: he optado, como a veces pasa en los amores, por disfrutarla desde la distancia y en el recuerdo, aunque no desisto.

paisajescritos dijo...

Fernando, qué curioso: han entrado tus comentarios después del mío siendo anteriores en hora.
La G 98 se recrea en el paisaje, se toma su tiempo. Se añoran esos ritmos pausados ¿verdad?
Lo de Cèline... me encantan los contrastes. Con lo que no puedo es con los escritores "tristes", quiero decir, los que tiñen de tristeza sus historias para apuntalar pretensiones filosóficas y sesudas. Creo que de tristes sólo acepto los "tres tristes tigres" (a ver si traigo a este lugar a Cabrera Infante -un día de éstos).
Lo del movimiento slow ya está implantado en algunos lugares del mundo que tienen su etiqueta al estilo "estrella Michelín". Creo recordar (leí algo de ello hace algún tiempo) que una de las condiciones es tener población inferior a 20.000 habitantes. Pero cada uno puede llevar su slow dentro aunque se encuentre en la ciudad más grande del mundo. Lo de la iglesia ya lo he comentado. Frescas, tranquilas, sí, aparte del arte son dos cualidades que no han de pasar desapercibidas. Además, los olores: me gustan el de la cera y el de la humedad.

el zurdo dijo...

Mi pretensión (más cercana al método incruento de Otto Strasser que al más expeditivo de Pol Pot) de repartir a la población en pequeños núcleos muy vinculados a la naturaleza y a la llamada más arcana de la Historia (pretensión con un puntazo azoriniano, por cierto) y de abandonar las megaurbes con su teratógeno ritmo provocador de cánceres (empezando por los del alma) parece enlazar con esto del slow por lo que dices del tope de 20.000 habitantes.

Hace falta ser lobo mejor que urbanita y seguir ese refrán nunca caduco: SIN PRISA PERO SIN PAUSA.

Bel M. dijo...

Muchas gracias, Paisajes escritos. He dejado en suspenso temporalmente el blog, pero te tomo la palabra. En cuanto regrese, te lo haré saber.
Saludos afectuosos.

rubén dijo...

Yo pude entrar, ¡al primer intento! A doña Inés la tengo en la parrilla de salida para esa serie de Segovia. Azorín era uno de mis favoritos casi al principio, después de Salgari y demás, y después se me hizo antipático. Tenía cara de vinagre.