vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 9 de agosto de 2009

luces y "lumbreras"

Reencuentro con Luces de Bohemia, como con tantos otros libros que leímos a una edad supuestamente adecuada, pero que saboreamos si no con más matices, con otros distintos, ahora que cargamos bastantes más años en esa espalda que ya empieza a doler.

Y además y de paso y para compensar, aparición de Valle Inclán por aquí, del que entre otras cosas sabemos que endilgó unos cuantos litros de mala leche (motivos tenía) a Blasco Ibáñez.


Precisamente recordando el anticlericalismo revenido de Blasco Ibáñez, y releyendo la jugosa entrevista que el amigo Álvaro de la Rica realizó estas semanas atrás a Claudio Magris, he tropezado (yo iba a otra cosa) con un diálogo de Luces de Bohemia que me confirma de nuevo la perenne actualidad (a eso se le llama clásicos, ¿no?) del Gran Valle. Hoy como ayer en España seguimos mezclando las churras con las merinas. Así no vamos a ningún sitio.









De la entrevista:



"A. R. :-Y, si me permite preguntárselo, ¿cómo ve a España en este momento?
C.M.: -La sigo viendo plena de vitalidad. Sigo muy de cerca todo lo que ocurre y no se me escapa que atraviesa momentos difíciles, que está metida en la más dura prosa política y económica. Pienso que estará afrontando el problema con la seriedad que le caracteriza, aunque no se pueda estar siempre en una situación de máxima creatividad. Déjeme decirle, con todo respeto, pero con franqueza, que hay un aspecto que me parece inquietante de la situación actual. Me refiero a la contraposición insensata del catolicismo con un fundamentalismo laicista que me desagrada profundamente, y se lo dice un laico convencido; se trata de un feo eco del pasado del que debería liberarse, de una tensión autodestructiva y estéril".








Y de quien en el pasado se hacía eco de:


" DON GAY.- Es preciso reconocerlo. No hay país comparable a Inglaterra. Allí el sentimiento religioso tiene tal decoro, tal dignidad, que indudablemente las más honorables familias son las más religiosas. Si España alcanzase un más alto concepto religioso, se salvaba.

MAX.- ¡Recémosle un Réquiem! Aquí los puritanos de conducta son los demagogos de la extrema izquierda. Acaso nuevos cristianos, pero todavía sin saberlo.
(...)
DON GAY.- Maestro, tenemos que rehacer el concepto religioso, en el arquetipo del Hombre-Dios. Hacer la Revolución Cristiana, con todas las exageraciones del Evangelio.

DON LATINO.- Son más que las del compañero Lenin.

ZARATUSTRA.- Sin religión no puede haber buena fe en el comercio.

DON GAY.- Maestro, hay que fundar la Iglesia Española Independiente.

MAX.- Y la Sede Vaticana, El Escorial.

DON GAY.- ¡Magnífica Sede!

MAX.- Berroqueña.
(...)
DON GAY.- He caminado por todos los caminos del mundo, y he aprendido que los pueblos más grandes no se constituyeron sin una Iglesia nacional. La creación política es ineficaz si falta una conciencia religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres.

MAX.- Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte".



Ramón del Valle Inclán, Luces de bohemia

5 comentarios:

rubén dijo...

Lo de Claudio Magris casi parece una boutade. ¿Fundamentalismo laicista? Juegos de palabras. Es una pena que no abundara un poco más en la ocurrencia.

paisajescritos dijo...

La respuesta de Claudio Magris la veo muy en la línea de la Paul Valèry, cuando le preguntaron "¿Qué es Europa?" y respondió aquello de "Atenas, Roma, Jerusalén". No podemos hablar de la identidad de Europa de espaldas al mundo clásico o al cristianismo.

delarica@unav.es dijo...

Gracias!!! Y un abrazo fuerte, Alvaro

el zurdo dijo...

Comparto la fobia de Valle por Blasco, tan bien expresada en este recorte de la prensa argentina que le envió a Azorín (recogido en la biografía AZORIN INTIMO de Santiago Riopérez y Milá): "Este tiburón de la novela y del cuento ha venido como a país conquistado, viviendo de todo el mundo, buscando todos los sitios donde se puede hacer plata, violentando la capacidad de aguante de todos sus Mecenas (...) No es un hombre, es un pulpo, es un montón de sensualismo, de glotonería y de rapacidad. No se ve en nuestro país más que un montón de oro y quisiera tener por buche una caja de conversión para tragárselo todo de una sentada".

Dejó una pródiga descendencia, sin distinción de color político (los une la transversalidad del común apego por el dinero fácil) si nos atenemos a esos novelistas made by PRISA diseccionados tan fieramente por Gª Viñó (http://tinyurl.com/238f9d), a esos académicos sopistant como Pérez Reverte (de quien su otrora mentor Vicente Talón nos contó jugosas anécdotas de principiante a unos pocos afortunados en los cursillos de El Escorial del 95, cuando el doctorado a EJ, donde quedaban en evidencia los embarrados pinreles del "coloso" Alatriste) o a máquinas de vulgarización histórica como el todólogo César Vidal.

Valle, en su vida y obra (recomiendo la biografía que le dedicó Ramón Gómez de la Serna), fue la antimateria de esta manera de entender la literatura. Santo patrón de todos aquellos que no podemos concebir el impulso de creación como pretexto para el afán de lucro. Dandy y caballero, hoy redivivo en encarnaduras tan luminosas como poco apreciadas por el V-U-L-G-O como mis amigos Charlie Mysterio o el joven lobo Jaime Royo-Villanova (http://tinyurl.com/lrbq9v).

paisajescritos dijo...

Fernando, ya leí ambos enlaces, el tuyo hace nada (no queda casi resquicio para la respuesta) y el de Dildo ya entonces, pero no he tenido inconveniente en releerlo (es muy buena), comparto creo el 99 por cien de la lista (algunos leídos, otros no). Lo de Blasco, sabía que no iba contigo, que tu eres de Valle, pero la verdad es que tiene alguna que otra cosa que sobresale de su imagen y obra (procuro a separar la vida privada de la creación). A una obra que me ha gustado tanto como "Entre naranjos", p. ej. le sobran unas cuantas páginas al final, donde a propósito del Parlamento inyecta un discurso político, tan extremo, tan panfletario, tan rencoroso casi, a veces ingenuo y simplón, que es capaz de romper el ambiente (y el olor) de la novela.