vividos, viajados o sencillamente imaginados






jueves, 18 de junio de 2009

narciso vivo



Tuvo miedo a caer y sin más dejó de buscar su reflejo.
Su autoestima se acostumbró a la silueta de su sombra.
Pero un día los dioses le dicen: ya vale,
has que ducharte dos veces por semana, tres si hay fiesta.
Como un ángel ante el sepulcro abierto, no sale de su asombro:
él, que siempre amó las aguas quietas.



"Cuando Narciso murió, las flores del campo se vieron embargadas por el dolor y le suplicaron al río algunas gotas de agua para llorarlo.

-Si todas mis gotas de agua fueran lágrimas -respondió el río-, no me alcanzarían para llorar a Narciso. Yo le amaba.

-¿Cómo hubieras evitado amarlo? -preguntaron las flores-. Era tan hermoso.

-¿Era apuesto? -preguntó el río.

-¿Quién podría saberlo mejor que tú? -preguntaron las flores-. Si cada día se recostaba en tu orilla y reflejaba su belleza en tus aguas.

-Pero yo le amaba -murmuró el río- porque al inclinarse sobre mí podía ver el reflejo de mi propia belleza en sus ojos."

Oscar Wilde, El espejo de Narciso

4 comentarios:

Ana (en el faro) dijo...

HOla Magdalena.
Preciosas fotos y estupendo el texto.
Contestando a tu pregunta te diré que trabajo en el Alpajés
UN saludo

delarica@unav.es dijo...

Una composición estupenda. Narciso hablaba con Eco, en lo que sin duda era un romance de ciegos (amarse a uno mismo conduce al autismo y la ceguera; Eco sólo habla con las palabras de los demás, no tiene por tanto vida propia y sin eso no se puede amar propiamente). Wilde lo sabía bien y traslada ese drama sin salida a ese diálogo, no de la naturaleza, como creen algunos, sino de las criaturas que reciben su ser desde fuera: las flores y las aguas del río permiten romper el ensimismamiento de Narciso y la ninfa Eco. Es precioso lo que dicen las criaturas; recuerda un poco al Cántico de San Juan de la Cruz.

rubén dijo...

Sí, suele pasar.

paisajescritos dijo...

En esa línea, me parecía que la naturaleza era intérprete o traductora de la relación entre Narciso y Eco, flores y río ponían las palabras que Narciso y Eco apenas cruzaron. El río de algún modo también llega al engaño del amor por el camino de la repetición. El río resulta ser más narcisista que Narciso. Ausencia de verdadera mirada interior.