vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 4 de agosto de 2008

todo fluye

Entre el agua y el alcohol el clochard Andreas resurge en retazos de vida pura y limpia. Un camino de santidad desde la penumbra del puente hacia la claridad contenida en la botella.
Al otro lado de los otros hombres, sumido en el delirio, allí ... allí nada permanece.


“Un atardecer de la primavera de 1934, un caballero de edad madura descendía por las escalinatas de piedra que, desde uno de los puentes sobre el Sena, conducen a la orilla. (…) allí suelen dormir, o, mejor dicho, acampar los clochards de París.
Andreas se levantó más temprano que de costumbre, pues había dormido insospechadamente bien ... buscó un punto bastante solitario de la orilla del Sena, para lavarse por lo menos la cara y el cuello. Mas como le parecía que en todas partes podía haber personas, personas desgraciadas como él mismo, personas que podían ver cómo se lavaba, renunció por fin a su propósito y se contentó con sumergir sus manos en aquellas aguas ... y se sintió completamente limpio y como transformado”.
Joseph Roth, La leyenda del Santo Bebedor

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No es la vista más turística del Sena.#.

Anónimo dijo...

En Las Vegas los modernos clochards de película se esconden bajo los neones, sin preocuparse demasiado de la limpieza de sus manos. Los lavabos de los casinos tienen agua eléctrica y luz líquida

rubén dijo...

Desde que leí el libro tengo pendiente leer algo más de Joseph Roth. Un fascinante paseo por el otro París.

magdalena dijo...

Es un punto de vista diferente al que desde las alturas ofrece p. ej. la famosa torre parisina. De Joseph Roth tengo en lista de espera las crónicas berlinesas.
Me encanta la referencia a Leaving Las Vegas: en común la soledad deliberada del alcohólico en el viaje hacia el final.