vividos, viajados o sencillamente imaginados






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lunes, 26 de marzo de 2012

las calles de tabucchi




"Escriba un artículo sobre el alma, todos lo necesitamos".

Antonio Tabucchi, Sostiene Pereira: una declaración







Estas calles del Barrio Alto tienen tan arraigada la prensa que hasta alguna lleva nombre de periódico. No han debido cambiar mucho, aunque la palabra república en aquellas fechas no se prodigaba por las paredes.

Son las que pateó Pereira, con la columna cultural medio escondida, sin llegar a doblarla, porque Pereira cumplió finalmente con lo que le pedía el doctor Cardoso: "Escriba un artículo sobre el alma, todos lo necesitamos".

Estas calles de Pereira antes las caminó Pessoa, luego las ha recorrido Tabucchi, casi hasta ayer mismo.




miércoles, 1 de septiembre de 2010

recuerdo






No he terminado de llegar y ya estoy instalada en el recuerdo de la ciudad de luz, de oro y de plata, de verde y de azul, con perfil de rojo teja. Aunque digan que Lisboa es blanca.


Es la ciudad de los ritmos cambiados, donde las horas corren hacia atrás y se alimentan las ganas de recobrar el tiempo perdido en antiguas batallas.

Primera parte de un primer recuerdo.




viernes, 9 de julio de 2010

ganas de volver

"Nada es como es, sino como se recuerda" decía Valle Inclán, posiblemente antes de que Proust de vuelta al Combray de la infancia pensase "aquello ya no es lo que era".
Regresar a los lugares del pasado puede decepcionar. Pero yo no huyo de estos regresos. Hay mucho de la mirada hacia atrás en este blog. Insisto en volver a mi Getafe, tan trastocada hoy. Estos cambios a veces están dentro de nosotros: el tamaño de los lugares, de ciertos rincones, sobredimensionados cuando niños, te hacen sentir como Alicia en su país. Así me sigue sucediendo con La Carolina, el pueblo de mi padre y mis abuelos, que luego tanto habría de evocar cuando llegué a Aranjuez. Y con Elche, o Santiago de Compostela, o Sigüenza, mucho más abarcables que en mi infancia, incluso en mi primera juventud. Son estos lugares en los que viví sin vivir en unidades de tiempo. No huyo de estos lugares aunque en ellos alguna vez fuese feliz, a pesar de que el poeta aconseje no volver jamás (Vallejo, al César lo que es del César -que hay quien piensa que son versos de Sabina, claro que hasta le atribuyen el valleinclanesco "feo, católico y sentimental").
De hecho, tiendo a repetir destinos cuando viajo, me resulta tan apetecible un nuevo lugar como un viejo conocido. Ahora pienso en Lisboa. Y por supuesto, me encanta regresar a los lugares en que se ama. Aunque estén al lado, o sea el lugar mismo en que se vive. No hay miedo en ello. Sin tener en cuenta que el ayer sea ayer mismo. Es la sensación de tranquilizadora llegada como cuando lees "salida a Aranjuez".
Volver a esos lugares, a veces con la intención de cerrar una puerta abierta. Otras, de abrirla de nuevo.



viernes, 27 de febrero de 2009

verdades

"¡Hay tan poca gente que ame los paisajes que no existen!..."
dijo Pessoa. Y si ese paisaje es el de la vida, es nuestra vida una ficción.



"NO: NO quiero nada.
Ya dije que no quiero nada.

¡No me vengan con conclusiones!
La única conclusión es morir.

¡No me vengan con estéticas!
¡No me hablen de moral!
¡Aparten de aquí la metafísica!
No me pregonen sistemas completos, no me alineen conquistas
De las ciencias (¡de las ciencias, Dios mío, de las ciencias!)—
¡De las ciencias, de las artes, de la civilización moderna!

¿Qué mal hice a todos los dioses?

¡Si poseen la verdad, guárdensela!

Soy un técnico, pero tengo técnica sólo dentro de la técnica.
Fuera de eso soy loco, con todo el derecho a serlo.
Con todo el derecho a serlo, ¿oyeron?

¡No me fastidien, por amor de Dios!

¿Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿Me querían lo contrario de esto, lo contrario de cualquier cosa?
Si yo fuese otra persona, les daría a todos gusto.
¡Así, como soy, tengan paciencia!
¡Váyanse al diablo sin mí,
O déjenme que me vaya al diablo solo!

¿Para qué hemos de ir juntos?
¡No me toquen en el brazo!
No me gusta que me toquen en el brazo. Quiero estar solo,
¡Ya dije que soy un solitario!
¡Ah, que fastidio querer que sea de la compañía!


Oh cielo azul —el mismo de mi infancia—,
¡Eterna verdad vacía y perfecta!
¡Oh suave Tajo ancestral y mudo,
Pequeña verdad donde el cielo se refleja!
¡Oh amargura revisitada, Lisboa de antaño de hoy!
¡Nada me das, nada me quitas, nada eres que yo me sienta!

¡Déjenme en Paz! No tardo, yo nunca tardo...
¡Y mientras tarda el Abismo y el Silencio quiero estar solo!"

Fernando Pessoa, Lisboa revisitada

martes, 25 de diciembre de 2007

próxima estación

Invierno.
El cauce del Tajo nos ha llevado a Lisboa.
Y como le sucede a Santiago Biralbo, hemos adivinado la ciudad antes de encontrarla por vez primera. Es una Lisboa anticipada, leal a sus promesas.

“Los nombres, como la música, me dijo una vez Biralbo con la sabiduría de la tercera o cuarta ginebra, arrancan del tiempo a los seres y a los lugares que aluden, instituyen el presente sin otras armas que el misterio de su sonoridad. Por eso él pudo componer la canción sin haber estado nunca en Lisboa: la ciudad existía antes de que él la visitara igual que existe ahora para mí, que no la he visto, rosada y ocre al mediodía, levemente nublada contra el resplandor del mar, perfumada por las sílabas de su nombre como de aliento oscuro, Lisboa”.



“Nunca dejaba de buscarla y casi nunca pensaba en ella. Del mismo modo que a Lisboa la niebla y las aguas del Tajo la aislaban del mundo, convirtiéndola no en un lugar, sino en un paisaje del tiempo”



“Lo sorprendió la transparencia del aire, la exactitud del rosa y del ocre en las fachadas de las casas, el unánime color rojizo de los tejados, la estática luz dorada que perduraba en las colinas de la ciudad con un esplendor como de lluvia reciente”.
Antonio Muñoz Molina, El invierno en Lisboa