Es lo que espero de este abril, un mes que tiene por buena costumbre ser generoso conmigo. Me ha traído tanto... y no porque mis abriles se arracimen ya en unas cuantas décadas. De este abril abierto siempre caprichoso quiero sus mil caricias, sus mil contrastes, sus mil sorpresas.
"Acabamos de inaugurar abril, ese mes que dilata los altos sueños. Estamos a la puerta de la Semana Santa, semana (...) en que todos van de aquí allá (...) simplemente para encontrar descanso en nuevos cansancios.
Abril (...) Ni carne ni pescado. Se sofoca uno al sol y se tiembla a la sombra. (...) Abril es un mes loco. Se quita uno el chaleco y añora la bufanda. Le pediríamos a abril un poco más o un poco menos.
(...) Abril y mayo son como dos grandes prólogos donde los chaparrones y los últimos fríos semejan eternas erratas a las que nunca nos sabemos acostumbrar. (...) En la revolución de abril, sobre el asfalto de la ciudad, los cafés se han echado a la calle y ya aparecen los primeros terracistas; (...) esa que proclama la explosión primaveral con un traje ligero y precursor, jugándose la vida como la heroína intrépida de una causa que aún no ha triunfado.
(...) Abril, mes indeciso, avanza hacia la mitad de su reinado. Su monarquía está entre el imperio del invierno y la república estival.
Abril es un extraño pez que no nos dice nunca cuál es su verdadera agua".
César González-Ruano, Caliente Madrid. Antología arbitraria.
