vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 6 de julio de 2008

altos vuelos

El valle de Bohí es más que un catálogo de iglesias de primera. Todos los personajes que un día habitaron Erillavall conversan en las alturas con los campanarios y las montañas: ha sido Cela quien los ha echado a volar, habitantes que hoy regresan al valle vacío.


“Erillavall, a la falda del rumoroso monte que dicen Vasco, no es ya ni sombra de lo que en pretéritos tiempos fuera y no volverá a ser jamás. Todos los elegíacos versos de los poetas dolientes caben, uno tras otro, a estos últimos pueblos del viejo señorío de Erill, perdidos como lobatos entre fragas remotas y ancianos y oxidados recuerdos de paladines. Por encima de los tejados de Erillavall todavía vuelan, vestidos de vaporosa fantasma, los condes enamorados y en derrota y los canteros románicos, los pacientes pintores artesanos y el juglar zascandil… El viajero no los vio volar, aunque sabe que vuelan, ¡vaya si vuelan!, y declara, pidiendo la caridad de ser creído, que la culpa de no haberlos visto fue suya y sólo suya, quizás por no tener bastante claro el avizor –y adivinador- ojo de besugo del alma.

La iglesia de San Juan Bautista de Bohí … es igual que una alondra que se cansó de volar el monte y su misterio… es más modosa y sin afeites, más acorde con el escueto y sobrio puro paisaje en el que se alza.


Tahull es pueblo encaramado en un duro repecho, caserío con porte de huraño gavilán”.


Camilo José Cela, Viaje al Pirineo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Que suerte tienen algunos personajes de Erillavall de poder conversar. Para la conversacion hacen falta un minimo de dos, sin eso es imposible conversar serai un monologo y los monologos son muy aburridos.
El aburrimiento es, para algunos una religión. De hecho muchas misas cristianas hacen apología suya. Y es que el aburrimiento es como un erupto, que te puede pillar en cualquier momento. Pero el erupto se puede evitar, metiendo la cabeza hacia dentro y tirando un fétido gas por la boca que no hace ruido y sale muy despacito, como hacer el amor con una japonesa cuidadosa. El aburrimiento no. Y cuando éste llega empezamos a comportarnos de manera extraña. Yo, por ejemplo, el otro día estaba aburrido y empecé a leer los ingredientes del agua. "Pondrá H2O", pensé. ¡Pues no! Ponía "Bicarbonatos, sulfatos, cloruros, calcio, magnesio, sodio, conductividad" ¡Conductividad! Pero si eso es una propiedad de los materiales que dejan pasar la electricidad en sus cuerpos. Y yo dejo pasar muchas cosas en mi cuerpo pero electricidad...
Donde este la cerveza, y si es en compañia....
Que aburrimiento.

Anónimo dijo...

Todo un círculo, un ciclo cerrado, como la forma de rosca en que te recibe expectante la muchacha de ojos ligeramente rasgados y complacientes. De la soledad y la nostalgia de aquella última conversación al monólogo (que no será en voz alta y tragarás tú solo), del monólogo a la monotonía insulsa del agua, del agua a la cerveza, y de ésta inseparable, a la compañía recordada: no vale conversar sobre cualquier cosa, ni vale hablar con cualquiera, como no es el agua el que hace eruptar (y ya de volar, ni hablamos).

Anónimo dijo...

El circulo por definicion es cerrado,pero eso no significa cerrar un ciclo. La muchacha te puede recibir muchas veces, pero siempre es diferente. Nada es siempre igual, nada es para siempre excepto la imaginacion que te permite volar, solo o en compañia, pero volar libre. Cuando la monotonia te atrapa siempre queda el recurso de imaginar, de soñar despierto, de vivir una realidad ficticia pero perfectamente asumible,a veces incomprensible a los oidos necios del resto del mundo pero al fin y al cabo perfectamente licita. Ah, y ademas es gratis, no como la cerveza que habitualmente te cobran en todos sitios, vayas solo o en compañia.

merlos dijo...

Hay mucho en estos anónimos de los personajes de Erillavall, parece que os habéis instalado aquí para conversar. Los blogs en parte son espacios para lo imaginado, y cuando leo entradas como éstas entiendo que es una forma de volar en compañía, sorteando la distancia. La imaginación compartida toma un común objeto, que la complicidad y el lenguaje, no siempre sobre palabras, va modelando con calma y mimo.
Y claro, con los matices que pueden separar la vida visible de la invisible (la novela de Prada me ha venido al pronto a la memoria), y que se posan sobre una línea que está ahí sólo para saltarla. Seguimos hablando, y sin olvidar que me toca nueva entrada.