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domingo, 17 de abril de 2011

paisaje de un hombre joven



Por entre esas rosas con más espinos que pétalos corre un camino en el que aún se revuelve un regusto de juventud prolongada en el balneario a la taza de la fuente de Juvencio, a sabiendas que esa juventud no es eterna, sólo algunas veces tan larga como la vida y siempre a costa de cortar y acortar ésta. Como el resumen de un libro.












"Cuando hojeo los libros míos, ya viejos, me da la impresión de que muchas veces, como un sonámbulo en completa inconsciencia, he andado por la cornisa de un tejado, a riesgo de caerme, y otras, me he metido en caminos llenos de zarzas, en donde me he arañado la piel.





Esto lo he hecho casi siempre con torpeza; a veces con cierta gracia.


Todas mis obras son de juventud, de turbulencia, quizá de una juventud sin vigor, sin fuerza, pero obras de juventud.







Hay en mi alma, entre zarzales y malezas, una pequeña fuente de Juvencio. Diréis que el agua es amarga y salitrosa, que no es limpia y cristalina. Cierto. Pero corre, salta, tiene rumores y espumas. Eso me basta. No la quiero conservar; que corra, que se pierda. Siempre he tenido entusiasmo por lo que huye".

Pío Baroja, Juventud, egolatría