vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 14 de septiembre de 2008

todas iguales (ellas también)



Comparto la reflexión de mi paisano (cuyo nombre se me figura un baile de letras, silbante y aliterado, con el de aquel otro que también dejaba correr tinta por Getafe, Silverio Lanza).

Como decía, todas iguales: autobahn Kraftwerk, highway ACDC, autopista Intocables.
El peaje no garantiza el paraíso, aunque te deja cerca de él.


"...no tuve conciencia de estar allí hasta que nos apartamos de la autovía y comenzamos a circular por carreteras de segundo orden. Diríase que al hacer las autovías los contratistas se ocupan de lograr que sus flancos resulten anodinos, dondequiera que la autovía se encuentre. Será para mejorar la seguridad vial.

... Pronto salimos del casco urbano y enfilamos la autovía. Produce un malvado placer ir por la carretera con un coche de la Guardia Civil, y observar cómo todos fingen ir muy modositos a 120 durante el tiempo que tardan en rebasarte. Para permitírselo, y para no crear mayor peligro, se suele ir a 110, salvo emergencia. Chamorro seguía esa precaución, como otras, aunque siempre había quien te pasaba a 180 sin mayor reparo. Eso fue lo que nos pasó con un cincuentón en un Mercedes a la altura de Alcalá".

Lorenzo Silva, El alquimista impaciente

lunes, 8 de septiembre de 2008

romería



No sé si está admitido ir de romería a lomos de un blog, como a la que se convoca los ocho de septiembre en San Andrés de Teixido. Aunque yo el trabajo de la visita ya lo tenga adelantado, por aquello de que si no iba de viva luego me tocaba hacerlo de muerta.





“Manzanas generadoras y diosas de la fertilidad: no terminan ahí los argumentos de quienes ven un trasfondo dionisíaco en las devociones a San Andrés.
… También se dice que los juncos de Teixido tienen virtudes preñadoras. Y si no los juncos, desde luego las tienen el bullicio, promiscuidad, bailes y libaciones (con su pequeña siesta) que puntean la jornada del peregrino.



…Una ley no escrita prohíbe pisar reptiles en los alrededores del templo, pues la imaginación de los romeros ve en ellos almas en pena acudiendo de tal guisa a su cita con el santo”.

Fernando Sánchez Dragó, Gárgoris y Habidis

miércoles, 3 de septiembre de 2008

va por ustedes



El mantecado de Juncal es como la magdalena de Proust. Más allá de los toros. Como sustancia nutricia que sabe conducir por el callejón de la memoria.

Para vous, vousa y vuestros vousitos, que sois todos los que gustan de estas letras: no sólo los que se saben (y teatralizan) los guiones de Jaime de Armiñan ... también aquellos otros que adoran la poesía de las Vainica. O ambas cosas.



"Quién es la maravilla
que arma la marimorena?
Un torero de Sevilla
con sangre murciana en sus venas.
A Dios le rezo y pido
que le acompañe en la arena
la Virgen de los Peligros
y también la Macarena.
Juncal es un torero
más artista que Belmonte,
más valiente que Espartero,
triunfal con el capote,
genial banderillero.
Juncal es el lucero,
más brillante de la plaza,
más valioso que el dinero,
la sal de nuestra raza,
arrogante y bandolero
y muy cabal.
Juncal es un torero
más artista que Belmonte,
más valiente que Espartero.
Juncal es el primero,
Juncal, el caballero
ante el cual todos los hombres
nos quitamos el sombrero,
Juncal es el torero ¡Olé!
genial, inmortal ¡y Olé!
¡Olé, Olé tu salero!
No tienes rival ¡y Olé!
en la Fiesta Nacional!"

Vainica Doble

domingo, 31 de agosto de 2008

todos iguales







Coleccionar. Primero fueron los tesoros medievales, luego las cámaras de las maravillas renacentistas, sin salir de los palacios, nobles o regios. Había de todo, como en un bazar del lujo, como en una botica preparada contra el mal del tedio. La Ilustración inventa el edificio exento para albergar esas obras únicas con cierto criterio, más que nada porque ya no cabían en casa. Y vinieron las guerras, las conquistas y los botines arrebatados. Y aún hubo tiempo para que los eruditos pusiesen orden -al servicio de las identidades nacionales- a tanto caos de arte y cultura. Hoy, cuando la individualidad es un pecado político, porque sólo la economía hace al hombre, ésto de los museos queda en infantil y mercantil intercambio de cromos, que se pegan en cualquier hueco, porque todos los álbumes son iguales.

lunes, 25 de agosto de 2008

a trasmano





Cruce de caminos, centro de comarca. Vida de mercado. Con su Catedral, su Univeridad, sus personajes ilustres. Prerromana primero, luego viva en todas las culturas a través de los siglos. Y hoy... a trasmano del viaje apresurado o presuroso
Guardiana de luz de ámbar y especias.




Como la nieve fluye y va sonora
de haber sido silencio, así mi olvido
de las cumbres del ser en que ha dormido
baja al tiempo natal y fluye ahora.

Ya es celeste el hollín en la herrería
y el chirriar de la rueda con estopa
del cordelero y riza la garlopa
una miel inmortal de todavía.

Vuelve la yunta de ganar el valle
con su lanza arrastrada y la campana
vuelve a pasar entre la luz y el puente.
Vuelve el mercado a empavesar la calle
con soportales. Vuelve todo y mana
el para siempre ayer eternamente.

Dionisio Ridruejo, El Burgo de Osma

lunes, 18 de agosto de 2008

sin señalizar



Hoy llegamos motorizados a pie de obra. Y aun así, quedamos encantados con lo que a nuestros ojos se descubre. Pero lo que ahora consumimos a ritmo de fast food, formaba parte de un viaje más prolongado y supongo, más sabroso. Remito por ello a las palabras de Manuel Gómez Moreno, uno de los padres de nuestra historia del arte, quien se permite ir más allá de los secos análisis científicos al describir el ambiente y el entorno… y quien añade hasta información propia de una guía de viajes. Porque la señalética es parte del paisaje desde hace muy poco.

“El camino para ir allí desde León ofrece algunas dificultades, por no ser transitable para coches desde que se aparta de la carretera, al pie de la meseta de Lancia. Ha de irse pues, a caballo, o bien seguir adelante en coche hasta pasado el puente de Masilla, y luego, a mano izquierda, por otra carretera que bordea la orilla izquierda del Esla, hasta llegar a Villamondrín, frente a Escalada. La excursión ha de hacerse durante un día… porque no hay alojamiento alguno y para obtenerlo habría que llegar hasta Gradefes o hasta Mansilla.
El edificio existe en un rellano, por encima del camino que va a Rueda del Almirante, dominando la amplia vega del Esla, de cara la sol y dispuesto a media ladera de un pelado cerro, que antes llevó encinas… Del claustro y viviendas monásticas no quedan ya ni aun los tapiales que fotografías antiguas acusan; a la espalda, contra el muro septentrional de la iglesia, van aglomerándose las arcillas del monte, arrastradas por la lluvia, y una soledad absoluta la envuelve...”

Manuel Gómez Moreno, Iglesias mozárabes

martes, 12 de agosto de 2008

quien te ha visto...

Es difícil escapar del culto a las ruinas. Tal vez sea por lo que las reconstrucciones históricas de Robert Graves me enganchan, desde su ausencia de melancolía y énfasis. Porque suenan reales, directas. Y más creíbles.
A veces olvido que en estos espacios consumidos hubo una vida original, contemporánea a su gloria, ajena al expositor en que hoy se ha convertido.
Las labores del hombre -piedra sobre piedra- están barridas. Pero las colinas de Roma permanecerán, prácticamente inalteradas, tranquilamente indiferentes.



“En Roma vivíamos en una enorme casa que había pertenecido a mi abuelo, y que éste había legado en su testamento a mi abuela. Estaba ubicada en el monte Palatino, cerca del palacio de Augusto y del templo de Apolo construido por Augusto, donde estaba la biblioteca. El monte Palatino dominaba la plaza del Mercado. Bajo la parte más empinada del risco se hallaba el templo de los Dioses Gemelos. El aire era más saludable en la colina que abajo, en el hoyo junto al río”.

Robert Graves, Yo, Claudio

jueves, 7 de agosto de 2008

descubrir américa




Navegar. Tantos grados con tantas acepciones. Con este calor que hace estragos. En vísperas de la Virgendeagosto se desmadeja el santoral. Santo y seña. Nuevo rumbo.

medida la Pinta,
cuerpo y espuma la Niña
patente de corso la San…

lunes, 4 de agosto de 2008

todo fluye

Entre el agua y el alcohol el clochard Andreas resurge en retazos de vida pura y limpia. Un camino de santidad desde la penumbra del puente hacia la claridad contenida en la botella.
Al otro lado de los otros hombres, sumido en el delirio, allí ... allí nada permanece.


“Un atardecer de la primavera de 1934, un caballero de edad madura descendía por las escalinatas de piedra que, desde uno de los puentes sobre el Sena, conducen a la orilla. (…) allí suelen dormir, o, mejor dicho, acampar los clochards de París.
Andreas se levantó más temprano que de costumbre, pues había dormido insospechadamente bien ... buscó un punto bastante solitario de la orilla del Sena, para lavarse por lo menos la cara y el cuello. Mas como le parecía que en todas partes podía haber personas, personas desgraciadas como él mismo, personas que podían ver cómo se lavaba, renunció por fin a su propósito y se contentó con sumergir sus manos en aquellas aguas ... y se sintió completamente limpio y como transformado”.
Joseph Roth, La leyenda del Santo Bebedor

martes, 29 de julio de 2008

viento

Ayer y hoy, molinos con un castillo a su vera, llegados siempre después que el castillo. Como colonos que buscan asiento en la cima, lejos ya los días de batalla.

Ayer y hoy la tierra, La Mancha, que parece ser cosa de dos: don Manuel González, alias Plinio, y don Lotario, desfaciendo entuertos, como Quijote y Sancho con seso mejor amueblado y el juicio en su sitio.

Ayer y hoy, molinos movidos por viento, viento aventurero. Aunque allí donde hay molinos y tal vez gigantes, no veamos más que ventiladores.

“ex quo videbatur triginta aut quadraginta molinos venti et pene Quijotus vidit eos, volvit cabezam ut dicere escudero sao: Ventura guiat pasos nosotros melior quam nos potebamus esperare: vide in illo altozano triginta aut magis descomunales gigantes con quibus ad escapem volo facere batallam et quitare vitan et con suis despojis nos fiemos ricos…
-¿Qué lee ese que no entiendo nada?
-Me parece que un Quijote en latín macarrónico, Manuel”

Francisco García Pavón, Voces en Ruidera
Ignacio Calvo, Historia domini Quijoti Manchegui



"—¿Qué gigantes? —dijo Sancho Panza.
—Aquellos que allí ves —respondió su amo—, de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas (...)
Dio de espuelas a su caballo Rocinante ... diciendo en voces altas:
—Non fuyades, cobardes y viles criaturas, que un solo caballero es el que os acomete.
Levantóse en esto un poco de viento, y las grandes aspas comenzaron a moverse, lo cual visto por don Quijote, dijo:
—Pues aunque mováis más brazos que los del gigante Briareo, me lo habéis de pagar.
Y en diciendo esto, y encomendándose de todo corazón a su señora Dulcinea, pidiéndole que en tal trance le socorriese, bien cubierto de su rodela, con la lanza en el ristre, arremetió a todo el galope de Rocinante y embistió con el primero molino que estaba delante; y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo. Acudió Sancho Panza a socorrerle, a todo el correr de su asno, y cuando llegó halló que no se podía menear: tal fue el golpe que dio con él Rocinante.
—¡Válame Dios! —dijo Sancho—. ¿No le dije yo a vuestra merced que mirase bien lo que hacía, que no eran sino molinos de viento, y no lo podía ignorar sino quien llevase otros tales en la cabeza?
—Calla, amigo Sancho —respondió don Quijote—, que las cosas de la guerra más que otras están sujetas a continua mudanza; cuanto más, que yo pienso, y es así verdad, que aquel sabio Frestón que me robó el aposento y los libros ha vuelto estos gigantes en molinos, por quitarme la gloria de su vencimiento: tal es la enemistad que me tiene; mas al cabo al cabo han de poder poco sus malas artes contra la bondad de mi espada.
—Dios lo haga como puede —respondió Sancho Panza".

Miguel de Cervantes, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha

miércoles, 23 de julio de 2008

tejados en flor


Por aquel entonces don Antonio ya tenía sus dificultades para encontrar buhardillas en Madrid, pero pudo recrearse en la visión limpia de las que asoman al Viaducto. Si das un paseo ahora para buscarlas, tómalo sin prisa y como un juego porque no se dejan ver así como así. Unas han desaparecido, otras se ocultan tras el espejo disuasor de mirones, aunque siempre hay alguna que no sabe esconderse a tiempo.

"Las guardillas son los ojos, el alma, la vida de los tejados. Un tejado sin guardillas es como un campo arado, pero yermo, de tierra colorada, arcillosa, que nunca hará germinar la amapola que es la guardilla. Las guardillas son las que formaban el paisaje urbano madrileño...

...paisaje austero, recio, como La Mancha, como Castilla, uniforme, sin concesiones al cromo o a la acuarela; paisaje hecho con la espátula de un pintor que fuera muy hombre y muy pintor él.

...La guardilla, habítela quien la habite y desnuda de adornos, es siempre alegre. Tiene esa alegría de lo primitivo, de lo sencillo; esa alegría de lo que está por encima de todo, de lo incontaminado".

Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una taberna

jueves, 17 de julio de 2008

ida y vuelta

“La estación de los amores, viene y va,
y los deseos no envejecen, a pesar de la edad. …
La estación de los amores, viene y va,
y llegará sin avisar, ya verás, te sorprenderá. …
Le queda un nuevo entusiasmo, por latir, al corazón
y otra posibilidad de conocerse.
Los horizontes perdidos no regresan jamás.
La estación de los amores, volverá
con el temor y las apuestas, y esta vez cuanto durará”.

Franco Battiato, La estación de los amores


El viaje no cesa para este Ulises eternamente ceñido a su Mediterráneo y su galaxia finita, viejos conocidos por los que a veces incluso discurre sin coordenadas: No time no space no cayó, aunque es lo de menos. El hecho es que Franco Battiato acertó a tomar tierra en Madrid (a diferencia de Waits, cuya gira en Europa "marcada por la constelación Eridano" -sic masomenos- nos dejaba fuera de órbita).

Clásico y ultramoderno. Ya le gustaría a más de un indie …
Entretenidísimo hasta en sus momentos más suaves y desconocidos.
Poca pose y mucha talla.
Versátil y joven.

viernes, 11 de julio de 2008

la mar de salado



Una visión en apariencia fragmentada del paisaje tenemos en el acto -y el gozo- del comer. Es cuestión de geografía: no hay que separar el bocado de la cuna. Qué sucede, por ejemplo, con el pescado. El pez muere por su boca, para que por la nuestra el mar se adentre hasta instalarse en el paladar. Por eso, aunque hay cocineros que afirman que admite muchas más salsas que la carne, el pescado que mejor nos cuenta de dónde viene es el del guiso sencillo, sin afeites, sin maquillaje... y sin añadido alguno de sal.



“El pescado de los viernes…en el interior de Castilla suele ser de los lunes o los martes…de la semana anterior. De aquí la popularidad obtenida en España por esas momias pisciformes que llamamos bacalaos y que al decir de los comerciantes proceden de Escocia y Noruega, aunque más bien parecen extraídas de las tumbas faraónicas…su verdadero puesto estaría en los museos de Historia Natural, junto a los vestigios de otras especies ya desaparecidas; pero la fe lo ha impuesto en nuestros comedores a tal punto que ya no importa el que un pueblo tenga o no tenga pesca fresca para que lo coma, sino que tenga o haya tenido sentimientos religiosos. Bilbao, por ejemplo, ha hecho un verdadero arte de la preparación del bacalao, y este pez-vestigio que procede de la eternidad, suele triunfar en los chacolís bilbaínos sobre las sabrosas merluzas y los deliciosos lenguados del Cantábrico…”

Julio Camba, Los prejuicios



“En cuanto a la pesca, de toda la que recogemos en nuestros mares, apenas si llega a Madrid una media docena de especies. El rodaballo, por ejemplo, pez ya ilustre en la antigüedad romana, es casi desconocido en Madrid. Igual le ocurre también a la xarda o caballa, de tan fuerte sabor marino, y es verdad que este pescado se descompone fácilmente; pero la raya, en cambio, no puede comerse fresca, por la excesiva dureza de su carne, y tampoco la encontramos nunca en nuestras pescaderías a pesar de su excelencia y baratura".

Julio Camba, La capitalidad gastronómica

domingo, 6 de julio de 2008

altos vuelos

El valle de Bohí es más que un catálogo de iglesias de primera. Todos los personajes que un día habitaron Erillavall conversan en las alturas con los campanarios y las montañas: ha sido Cela quien los ha echado a volar, habitantes que hoy regresan al valle vacío.


“Erillavall, a la falda del rumoroso monte que dicen Vasco, no es ya ni sombra de lo que en pretéritos tiempos fuera y no volverá a ser jamás. Todos los elegíacos versos de los poetas dolientes caben, uno tras otro, a estos últimos pueblos del viejo señorío de Erill, perdidos como lobatos entre fragas remotas y ancianos y oxidados recuerdos de paladines. Por encima de los tejados de Erillavall todavía vuelan, vestidos de vaporosa fantasma, los condes enamorados y en derrota y los canteros románicos, los pacientes pintores artesanos y el juglar zascandil… El viajero no los vio volar, aunque sabe que vuelan, ¡vaya si vuelan!, y declara, pidiendo la caridad de ser creído, que la culpa de no haberlos visto fue suya y sólo suya, quizás por no tener bastante claro el avizor –y adivinador- ojo de besugo del alma.

La iglesia de San Juan Bautista de Bohí … es igual que una alondra que se cansó de volar el monte y su misterio… es más modosa y sin afeites, más acorde con el escueto y sobrio puro paisaje en el que se alza.


Tahull es pueblo encaramado en un duro repecho, caserío con porte de huraño gavilán”.


Camilo José Cela, Viaje al Pirineo

sábado, 28 de junio de 2008

días de vino y fresas


Un libro cuyo primer capítulo sitúa al protagonista en la Arcadia (et in Arcadia ego con ecos de Virgilio) no puede sino avanzar por el terreno de un paraíso en el que el hombre, en algún momento, ha creído habitar. Un paraíso tal vez no eterno, pero tan intenso como para perdurar en la añoranza.



"Oxford, entonces, era todavía una ciudad de acuatinta…cuando los castaños estaban en flor y las campanas re­picaban claras y sonoras sobre los gabletes y las cúpulas, exha­laban la suave atmósfera de siglos de juventud. Era esa quietud claustral la que prestaba resonancia a nuestra risa y la preservaba, alegremente, a pesar del clamor momentáneo.




Faltaba poco para las once cuando Sebastian, sin avisar, se metió por un camino de carros y nos detuvimos.
Comimos las fresas y bebimos el vino sobre un montículo cubierto de hierba mordisqueada por las ovejas, bajo un grupo de olmos (y, tal como había prometido Sebastian, la combinación de vino y fresas resultaba deliciosa), encendimos gruesos cigarros turcos y nos tendimos de espaldas sobre la hierba. La mirada de Sebastian estaba fija en las hojas de los árboles; la mía, en su perfil, mientras el humo gris azulado ascendía, sin que ningún viento lo estorbara, hacia las sombras verdiazules del follaje. Nos envolvía la dulce fragancia del tabaco, mezclada con los no menos dulces aromas del verano a nuestro alrededor, y los vapores del dorado, exquisito vino parecían elevarnos a un dedo de la hierba y dejarnos suspendidos en el aire".


Evelyn Waugh, Retorno a Brideshead



Sucede así que hay pequeños hitos en el texto que uno, desde la imitación que se puede permitir como lector, ha podido reproducir en forma de breves viñetas.

Como el placer de una mañana en que te sientes Sebastian Flyte, bajo la mirada de un Charles Ryder copa en mano que no se aparta de tu perfil abierto brevemente para recibir una fresa en la boca.

viernes, 20 de junio de 2008

la inocencia es ciega (a veces)





La piedra más antigua de Salamanca anuncia el reflejo dorado de la ciudad. En un arranque de afecto, a este toro del campo charro lo han cogido en volandas para ser ofrendado en un altar de diseño. Así las cosas hoy Lázaro no hubiese espabilado, al menos de esta forma:

"Salimos de Salamanca, y llegando a la puente, está a la entrada de ella un animal de piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandóme que llegase cerca del animal, y allí puesto, me dijo:
-Lázaro; llega el oído a este toro y oirás gran ruido dentro dél.
Yo simplemente llegué, creyendo ser así. Y como sintió que tenía la cabeza par de la piedra, afirmó recio la mano y dióme una gran calabazada en el diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada y díjome:
-Necio, aprende que el mozo del ciego un punto ha de saber más que el diablo.
Y rió mucho la burla.
Parecióme que en aquel instante desperté de la simpleza en que, como niño dormido, estaba".

Anónimo, Lazarillo de Tormes

sábado, 14 de junio de 2008

honrada ruina



Son las ruinas, la ruina humana, las que devora la naturaleza del paisaje romántico, allí donde el hombre se hace pequeño. Otros serán quienes sin entender confundan la locura con esta alma honrada y consciente de su insignificancia. No Bécquer cuando concluye, en las últimas líneas de la leyenda, que ensimismarse con la luna no es de lunáticos:
“Manrique estaba loco; por lo menos, todo el mundo lo creía así. A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio”.



“Sobre el Duero, que pasa lamiendo las carcomidas y oscuras piedras de las murallas de Soria, hay un puente que conduce de la ciudad al antiguo convento de los Templarios, cuyas posesiones se extendían a lo largo de la opuesta margen del río.En la época a que nos referimos, los caballeros de la Orden habían ya abandonado sus históricas fortalezas; pero aún quedaban en pie restos de los anchos torreones de sus muros; aún se veían, como en parte se ven hoy, cubiertos de hiedra y campanillas blancas, los macizos arcos de su claustro, las prolongadas galerías ojivales de sus patios de armas, en las que suspiraba el viento con un gemido, agitando las altas hierbas.



En los huertos y en los jardines, cuyos senderos no hollaban hacía muchos años las plantas de los religiosos, la vegetación, abandonada a sí misma, desplegaba todas sus galas, sin temor de que la mano del hombre la mutilase, creyendo embellecerla.… y en los trozos de fábrica próximos a desplomarse, el jaramago, flotando al viento como el penacho de una cimera, y las campanillas blancas y azules, balanceándose como en un columpio sobre sus largos y flexibles tallos, pregonaban la victoria de la destrucción y la ruina”.

Gustavo Adolfo Bécquer, El rayo de luna

miércoles, 11 de junio de 2008

fuera de mapa (III) Oscar Wilde

Habitualmente están fuera de mapa y de tiempo, pero los he visto allí donde no los hay, iguales a los que venían en mi EXINcastillos.
Sorpendidos mientras intimidaban a las hojas recién despiertas por la lluvia. Captados en su plenitud opaca por la cámara.
Y si la cámara los ha captado ¿será que no son fantasmas?


"De cuando en cuando se oía una paloma arrullándose con su voz más dulce, o se entreveía, entre la maraña y el fru-fru de los helechos, la pechuga de oro bruñido de algún faisán.
Ligeras ardillas los espiaban desde lo alto de las hayas a su paso; unos conejos corrían como exhalaciones a través de los matorrales o sobre los collados herbosos, levantando su rabo blanco. Sin embargo, no bien entraron en la avenida de Canterville-Chase, el cielo se cubrió repentinamente de nubes. Un extraño silencio pareció invadir toda la atmósfera, una gran bandada de cornejas cruzó calladamente por encima de sus cabezas, y antes de que llegasen a la casa ya habían caído algunas gotas.

(...) El valor indomable de los antiguos Canterville se despertó en él y tomó la resolución de hablar al otro fantasma en cuanto amaneciese. Por consiguiente, no bien el alba plateó las colinas, volvió al sitio en que había visto por primera vez al horroroso fantasma. Pensaba que, después de todo, dos fantasmas valían más que uno sólo, y que con ayuda de su nuevo amigo podría contender victoriosamente con los gemelos. Pero cuando llegó al sitio se halló en presencia de un espectáculo terrible. Le sucedía algo indudablemente al espectro, porque la luz había desaparecido por completo de sus órbitas. La cimitarra centelleante se había caído de su mano y estaba recostado sobre la pared en una actitud forzada e incómoda. Simón se precipitó hacia delante y lo cogió en sus brazos; pero cuál no sería su terror viendo despegarse la cabeza y rodar por el suelo, mientras el cuerpo tomaba la posición supina, y notó que abrazaba una cortina blanca de lienzo grueso y que yacían a sus pies una escoba, un machete de cocina y una calabaza vacía. Sin poder comprender aquella curiosa transformación, cogió con mano febril el cartel, leyendo a la claridad grisácea de la mañana estas palabras terribles:
He aquí al fantasma Otis
El único espíritu auténtico y verdadero
Desconfíen de las imitaciones
Todos los demás son falsificaciones"


Oscar Wilde, El fantasma de Canterville

domingo, 8 de junio de 2008

la espada


Las historias envueltas en la oscuridad del tiempo no tienen espacio definido. Es propio de mitos el que puedan arbitrariamente cambiar de sitio. Irlanda también quiere ser dueña de los escenarios donde el rey Arturo y sus amiguetes hicieron de las suyas. Una aspiración que comparte el mundo celta. Sin ir más lejos, ahí tenemos la Galicia del Merlín de Cunqueiro. Gales parece que ofrece las pruebas más veraces pero el cine ha venido a echar una mano a Irlanda. Wicklow y el Lago Tay arroparon algunas secuencias de Excalibur, en concreto la inicial y la final: es el lago de donde surge la espada y el mismo al que Percival la devuelve.

También hay donde elegir entre los narradores de la historia. Al margen de la de Thomas Malory, por aquello de la edición con ilustraciones de Beardsley, me quedo con la de Steinbeck. Un texto asequible y bien trabajado, que nos acerca a la historia sin perder la distancia de los primitivos relatos. Respetuoso con los originales, sin alterar trama ni contenido ni símbolos, con sus diálogos de sabia filosofía de andar por esos campos, entre ideales y pasiones, con esos viajes tan irreales y fantásticos que hoy se expresan en aventuras como las del caballero andante que es Indiana Jones, sin olvidar un solo tópico de bosques, encantamientos, pabellones y castillos, paisajes que hemos acabado creyendo que sólo existen en el cine.


"Luego divisaron a una dama que caminaba ligeramente sobre la superficie del lago...
-Señora, dime por favor qué es esa espada que veo en el lago. Me gustaría tenerla, pues no tengo espada.
-La espada es mía, señor, pero si me concedes una gracia cuando yo lo pida, te cedo la espada.
-Por mi honor, tendrás lo que desees -dijo el rey.
-Entonces es tuya -dijo la dama-. Sube al batel que ves allí y rema hasta el brazo, y toma la espada y la vaina. Pediré mi gracia cuando llegue el momento".


John Steinbeck, Los hechos del rey Arturo

jueves, 5 de junio de 2008

aquí, de nuevo



Desde hace unos días Granada vuelve a tirarme sus granos a la cabeza. Debe ser que aún no está decidido si este año pasaré por allí, como procuro hacer cada año. No creo que sea culpa del libro de Potocki, de este tiempo atrás, por insinuarla. El caso es que no se trata de una sensación melancólica. Nada de "llorando por Granada", de aquellos Puntos que me encantaban de niña. Pero sí que se notan las ganas de verla. Así que de momento, mientras fantaseo al pensar que me está esperando, pues me tomo una Alhambra bien fresquita, y que sea por Granada.




Esta vez por una Granada que va más allá del tópico en el que a veces caemos, incluso con auténtico placer. Ángel Ganivet pregunta (de esto hace más de cien años) por la coherencia de las ciudades, por el equilibrio entre tradición y modernidad. Porque en las ciudades, sin negar que son hijas de su tiempo, también el tiempo debe dejar su huella. Los resultados son múltiples: un lifting que desvirtúa el natural del rostro que le dio fama, una cirugía agresiva que parece hecha a mala leche, o los discretos ciudados de quien sabe envejecer.



“Yo no comprendo cómo la casa de pisos ha podido sentar sus reales en nuestra ciudad; cómo la portería ha matado el patio andaluz; cómo las salas bajas se han transformado en portales de comercio menudo, obligando a los ciudadanos a pasar los meses de calor en los pisos altos, en ropas menores. La culpa no es de los arquitectos, que en nuestra época, más que hombres de ciencia o de arte, son acomodadores. El problema que se les obliga a resolver no es estético, ni siquiera higiénico; se les pide que construyan casas que cuesten poco y que den mucha renta, y para ello no hay otro recurso que encasillar muchas personas en muy poco terreno. Y lo peor no es lo que se ve, sino lo que se prevé que ha de ocurrir; porque, marchando contra la evidencia, nuestra sociedad ha condenado ya al desprecio la casa antigua, libre y autónoma, y ha decidido que lo elegante sea el piso a la moderna.”

Ángel Ganivet, Granada la bella