vividos, viajados o sencillamente imaginados






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domingo, 3 de abril de 2011

caricias mil



Es lo que espero de este abril, un mes que tiene por buena costumbre ser generoso conmigo. Me ha traído tanto... y no porque mis abriles se arracimen ya en unas cuantas décadas. De este abril abierto siempre caprichoso quiero sus mil caricias, sus mil contrastes, sus mil sorpresas.





"Acabamos de inaugurar abril, ese mes que dilata los altos sueños. Estamos a la puerta de la Semana Santa, semana (...) en que todos van de aquí allá (...) simplemente para encontrar descanso en nuevos cansancios.

Abril (...) Ni carne ni pescado. Se sofoca uno al sol y se tiembla a la sombra. (...) Abril es un mes loco. Se quita uno el chaleco y añora la bufanda. Le pediríamos a abril un poco más o un poco menos.

(...) Abril y mayo son como dos grandes prólogos donde los chaparrones y los últimos fríos semejan eternas erratas a las que nunca nos sabemos acostumbrar. (...) En la revolución de abril, sobre el asfalto de la ciudad, los cafés se han echado a la calle y ya aparecen los primeros terracistas; (...) esa que proclama la explosión primaveral con un traje ligero y precursor, jugándose la vida como la heroína intrépida de una causa que aún no ha triunfado.

(...) Abril, mes indeciso, avanza hacia la mitad de su reinado. Su monarquía está entre el imperio del invierno y la república estival.

Abril es un extraño pez que no nos dice nunca cuál es su verdadera agua".


César González-Ruano, Caliente Madrid. Antología arbitraria.

domingo, 13 de junio de 2010

desnuda

Releía Crónica del rey pasmado entre otros motivos por el recuerdo a Gonzalo Torrente Ballester (hoy hace cien años de su nacimiento). Y cierta imagen, el intríngulis del libro ni más ni menos, me ha llevado a un detalle en la historia de otro pasmado de la vida, Conejo, ese molde-de-hombre que John Updike puso en eterna huída, un Forrest Gump más en el way of life americano.

Venus in furs... En tantas épocas, en tan diversos lugares (del Madrid de los Austrias a la América del baby boom) las leyes de lo natural parecen ajenas al hombre.










"-¿Has visto algo más bello?
-Hay muchas cosas bellas en el mundo.
-¿Más que el cuerpo de una mujer?
-Si es el de Marfisa, difícilmente.
-Nunca había visto hasta esta noche una mujer desnuda.
-¿Y qué?
-El paraíso tiene que ser una cosa semejante.
El conde torció el morro.
-No creo que los señores inquisidores aprobasen esa idea.
(...)
La carroza corría pore la calle, llena de baches, como por la superficie de un espejo. El Rey miraba hacia adelante,como si le envolviese el infinito. Tenía cierta cara de pasmado.
-¿Qué miráis con tanta atención, señor?
-El cuerpo de Marfisa. No puedo ver otra cosa".



Gonzalo Torrente Ballester, Crónica del rey pasmado




"Había, sin embargo, otras cosas buenas: ella era muy recatada y no quería mostrarle su cuerpo desnudo ni siquiera en las primeras semanas de su matrimonio, pero, cierta vez en que él entró en el baño sin esperarse nada, encontró a Janice, que acababa de salir de la ducha, de pie ante el espejo empañado por el vapor, perezosa y complacida. Conejo modifica un poco su postura y su mente retorna a su oscura cuenca; la nuca de Janice, resbaladiza, la depresión de la espalda, dócil a su contacto, ambos de rodillas, contorsiones que jamás hubo".

John Updike, Corre, Conejo

lunes, 3 de mayo de 2010

iggy pop, peligrosa belleza

E irresistible. Y atemporal. No sé muy bien cómo decir lo que quiero decir, porque va a sonar a tópico: que todo lo que se cuenta que Iggy Pop hace lo hace; que se adelantó a toda una época que a algunos aún nos tiene ensimismados; que no tiene la presencia de un estúpido, y que no se adorna tan bien como los Rolling o Mr. Bowie (me refiero al negocio). A su vista alguno todavía se atraganta. Incorrecto, tan simpático como rayano en lo grosero, de una obscenidad magnética. Mis fotos (cerré la cámara pronto, qué difícil, me rendí) no dicen nada de lo que ví, una belleza animal y salvaje, de esa belleza que sólo con mucha suerte se te cruza una vez por la calle de la vida. Fue puro poderío (admitidme esta libre traducción de raw power): el escenario austero, él mismo el espectáculo, la voz... mejor que nunca. Sus títeres, sus stooges a la espalda dieron la nota exacta. Ahora se los entiende, ahora que la fantasía del mundo feliz que la progresía insiste en vender está definitivamente agotada. Lástima que cerrases el teatrillo pronto, titiritero.































Remito, también por delante y por detrás, a las fotos maravillosas de Annie Leibowitz.



Ahí dejo The passenger para la evocación (de su obra en solitario, no sonó el viernes)









y Gimme danger (ilustrada con galería de fotos). Lo más tierno del disco fiero, sexual y explícito, vigente con sus casi cuarenta años, que recupera esta gira.























"Gimme danger, little stranger
and I'll feel you bleed
gimme danger, little stranger
and I'll heal your disease.
There's nothing in my dreams
but some ugly memories
kiss me like the ocean breeze.

Well if you will be my lover
i will shiver and sing
but if you can be my master
i will do anything

There's nothing left alive
but a pair of glassy eyes
raise my feelings one more time

come on little danger,
die a little stranger.
Swear you're gonna feel my hand
come on little stranger,
die a little later
swear you're gonna feel my hand
swear you're gonna feel my hand
gimme danger
little stranger
gimme danger
little stranger
gimme danger
every day
can you feel it? can you feel it?
can you feel it?i gotta feel it
i gotta feel it
i gotta feel it
you gotta feel it,
i gotta feel it
i wanna feel it... "



jueves, 15 de abril de 2010

paisaje de interiores





Aquella vez la primavera les estalló entre cuatro paredes. A la luz del día. La ventana hacia un patio interior. Las horas por delante. Hacían cosquillas al cielo. Quería él que ella hablase de ella.
-¿Quién eres? -Las palabras más tarde. Y tanto. El tiempo le ha acercado a la verdad, pero sigue sin respuesta.
Historias de la Gran Vía, desde el otro extremo.



sábado, 10 de abril de 2010

felicidades, señora... gran señora




a la hora en que cierran los clubs, sobre todo





miércoles, 7 de abril de 2010

felicidades, señora





Madrid ha prendido una cinta sobre sus ropas con el nombre de la ciudad en el broche.

Cuando anochece se le ve la costura de hilo rojo infinito (RF dixit).

Hay luz verde -cae el día- en el escote de la Gran Vía.


"Con un suave balanceo voy por ahí
a la hora en que cierran los clubs
con un suave balanceo
sin sonreír más de lo necesario.

Tras algún signo de vida voy
no se quien soy ni donde nací
pero llevo un africano dentro de mi.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano por la Gran Vía.

Con un traje nuevo
entra en la cafetería
un africano con traje y sombrero nuevo".


Radio Futura, Un africano por la Gran Vía

domingo, 28 de marzo de 2010

la procesión, por dentro






"Charlando alegremente se perdieron en las callejuelas del Madrid antiguo.
- Este barrio es muy interesante -dijo el periodista. Da la sensación de que se está muy lejos de Madrid. Parece un rincón poético de una provincia castellana.
Estaban en la calle del Sacramento, solitaria y silente. La calle prócer y antigua de las nobles casonas con escudos, llenas del prestigio legendario del siglo XVII, aparecía envuelta en la luz fría y verdosa de la luna, que fantasmagorizaba los viejos campanarios y los tenebrosos pasadizos.
(...) El periodista se disponía a contarle a Basilio la tradición madrileña del guardia que pasó una noche de amor con una diablesa, cuando sonaron pasos acelerados sobre las piedras con verdín del callejón del Codo, una interesante encrucijada que hay al pie de la Torre de los Lujanes".

Emilio Carrere, Jesús de Aragón, La torre de los siete jorobados













Son pasos a la luz de las velas entre codos callejeros y traviesas esquinas de sugerencias de pena y de pasión. Nada tienen que ver con el rumbo ocioso bajo una luz de sol a pleno gas. La procesión lleva acelerados el pulso y el paso tras la la linterna de una luna llena que incita a la aventura bajo los pies. La procesión continúa por un callejero subterráneo que ya hubiese Poe querido imaginar. No es Toledo. Es Madrid, con sus diablos cojuelos y sus corcovados como demonios, donde el bien y el mal son eco de las querencias e inquinas de nuestra tradición más social que religiosa.
Es esta novela misteriosa, negra por de más: en el ambiente, en el humor, en la intriga, en las manos (dos ... y dos) que la escribieron. Neville -otro Edgar- la transcribió en fotogramas. Que ya tiene su gracia, tras tanta vuelta y revuelta por un Madrid más aparente que oculto, ir a parar al pinar de Chamartín. Allí, mucho antes que las Kio de El día de la Bestia, se levantaba la Torre de los Siete Jorobados...

sábado, 23 de enero de 2010

allí donde queremos llegar



Existe un tedio interior en el viaje de la vida, como el del turista a su pesar. La cura no se halla en los grandes desplazamientos, donde no siempre la evasión surte efecto. Puede ser algo tan sencillo como la mujer que vive al lado de casa, entre divertida y chisposa, aparentemente ingenua, nada inocente (tampoco culpable), pelín extravagante (así Muriel, la veterinaria encargada de cuidar de su perro mientras Macon va de aquí para allá) sólo adornada con una irresistible e incierta propuesta de viaje (sin coche, sin aviones) y un viejo álbum de fotos.


"Escribía una serie de guías para personas que se veían obligadas a viajar por negocios. Bien pensado era ridículo: Macon detestaba viajar. Se movía por los territorios extranjeros dando tumbos a la desesperada, como inmerso en un bombardeo -con los ojos cerrados, conteniendo la respiración y agarrándose a la vida, imaginaba él a veces- y luego, de vuelta en casa, daba un suspiro de alivio y, cómodamente instalado, se disponía a producir sus abultados libros de bolsillo del tamaño de un pasaporte. El turista accidental en Francia. El turista accidental en Alemania. En Bélgica.

En estas guías sólo daba cuenta de las ciudades porque los que viajaban por negocios llegaban en avión a las ciudades, se marechaban del mismo modo, y el campo no lo veían en absoluto. De hecho, tampoco es que viesen las ciudades. Lo que les interesaba era cómo fingir que no se habían ido de casa. ¿Qué hoteles de Madrid disponían de colchones Beautyrest de tamaño extra? ¿Qué restaurantes de Tokio podían ofrecer Sweet’n’Low? ¿Había un McDonald’ en Ámsterdam? (…) ¿Servían en algún sitio de Roma raviolis Chef Boyardee? Otros viajeros tenían la esperanza de descubrir los vinos característicos de un lugar; los lectores de Macon buscaban leche pasteurizada y homogeneizada.

Lo de escribir las guías le gustaba tanto como detestaba el tener que viajar. Sentía un virtuoso deleite en organizar un país desorganizado, podando todo lo accesorio y mediocre, y clasificando lo que quedaba en párrafos concisos y elegantes”.

Anne Tyler, El turista accidental

miércoles, 6 de enero de 2010

no hay magos de oriente en la plaza de






"Para que los Reyes Magos dejen algo en las botas de un chico, lo primero que mecesita el chico es tener botas. Esta profunda reflexión no es mía, me la ha comunicado un golfo a quien yo visité en su domicilio -estatua de Recaredo, plaza de Oriente - para pedirle noticias acerca de los Reyes Magos.
-Yo me echo a dormir -me dijo el golfo- y si los Reyes quieren traernos algún regalo, que me traigan botas...
Ignoro si lo Reyes habrán satisfecho este deseo de un niño descalzo e indocumentado; pero me figuro que no. En los países de la fantasía no se fabrican botas. Las botas son un producto industrial, y los Reyes Magos no suponen que pueda albergarse un niño allí donde no ven un par de pequeñas botas... Los Reyes Magos traen de todo para todos los niños; pero aquel que no tenga con qué recoger su parte en el rico tesoro de la superstición, se quedará sin ella. El ideal vive de realidad, y en este caso la realidad consiste en un par de botas y un trozo de balcón o un quicio de puerta".


Julio Camba, Los Reyes Magos





Pues nada, habrá muchos reyes en la Plaza de Oriente, pero Magos ¿uno?






o ninguno.

lunes, 14 de septiembre de 2009

tres horas



Tres horas estuvo Leonard Cohen con nosotros (menos tiempo pasó con la Japlin y le dedicó una canción). La satisfacción le rezumaba por entre sus ángulos y arrugas. Todo un pincelito, saltarín como juglar juguetón, no transmitía la tristeza del tópico. A sus casi setenta y cinco años, aún pícaro y contento en el recuerdo grave de las mujeres de su vida, agradecido al público hasta la bendición. Sólo nos escatimó su mundo secreto, la procesión que lleva por dentro este cantor del alma que me pareció más caballero que monje, exacto hasta para quitarse el sombrero y arrodillarse rendido al amor y a la música.







I saw you this morning.
You were moving so fast.
Can’t seem to loosen my grip
On the past.
And I miss you so much.
There’s no one in sight.
And we’re still making love
In My Secret Life.
I smile when I’m angry.
I cheat and I lie.
I do what I have to do
To get by.
But I know what is wrong.
And I know what is right.
And I’d die for the truth
In My Secret Life.
Hold on, hold on, my brother.
My sister, hold on tight.
I finally got my orders.
I’ll be marching through the morning,
Marching through the night,
Moving cross the borders
Of My Secret Life.
Looked through the paper.
Makes you want to cry.
Nobody cares if the people Live or die.
And the dealer wants you thinking
That it’s either black or white.
Thank God it’s not that simple
In My Secret Life.
I bite my lip.
I buy what I’m told:
From the latest hit,
To the wisdom of old.
But I’m always alone.
And my heart is like ice.
And it’s crowded and cold
In My Secret Life.
Leonard Cohen, In my secret life.

miércoles, 23 de julio de 2008

tejados en flor


Por aquel entonces don Antonio ya tenía sus dificultades para encontrar buhardillas en Madrid, pero pudo recrearse en la visión limpia de las que asoman al Viaducto. Si das un paseo ahora para buscarlas, tómalo sin prisa y como un juego porque no se dejan ver así como así. Unas han desaparecido, otras se ocultan tras el espejo disuasor de mirones, aunque siempre hay alguna que no sabe esconderse a tiempo.

"Las guardillas son los ojos, el alma, la vida de los tejados. Un tejado sin guardillas es como un campo arado, pero yermo, de tierra colorada, arcillosa, que nunca hará germinar la amapola que es la guardilla. Las guardillas son las que formaban el paisaje urbano madrileño...

...paisaje austero, recio, como La Mancha, como Castilla, uniforme, sin concesiones al cromo o a la acuarela; paisaje hecho con la espátula de un pintor que fuera muy hombre y muy pintor él.

...La guardilla, habítela quien la habite y desnuda de adornos, es siempre alegre. Tiene esa alegría de lo primitivo, de lo sencillo; esa alegría de lo que está por encima de todo, de lo incontaminado".

Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una taberna

martes, 5 de febrero de 2008

divino control

Hombre y ciudad: menos cielo de Madrid, que de Madrid al cielo no siempre lo es tanto…
Tiempo de silencio -y en concreto cualquiera de sus abundantes descripciones de la ciudad- es inevitable para visualizar Madrid e iniciarse en el paisaje de un laberinto cercano. Lugar habrá para mostrar caras más benévolas.



“De este modo podremos llegar a comprender que un hombre es la imagen de una ciudad y una ciudad las vísceras puestas al revés de un hombre, que un hombre encuentra en su ciudad no sólo su determinación como persona y su razón de ser, sino también los impedimentos múltiples y los obstáculos invencibles que le impiden llegar a ser, que un hombre y una ciudad tienen relaciones que no se explican por las personas a las que el hombre ama, ni por las personas a las que el hombre hace sufrir, ni por las personas a las que el hombre explota ajetreadas a su alrededor (…) Podremos comprender también que la ciudad piensa con su cerebro de mil cabezas, (…) que el hombre nunca está perdido porque para eso está la ciudad…que el hombre puede sufrir o morir pero no perderse en esta ciudad, cada uno de sus rincones es un recogeperdidos perfeccionado, donde el hombre no puede perderse aunque lo quiera porque mil, diez mil, cien mil pares de ojos lo clasifican y disponen, lo reconocen y abrazan, lo identifican y salvan, le permiten encontrarse cuando más perdido se creía en su lugar natural, (…) que el hombre –aquí- ya no es de pueblo, que ya no pareces de pueblo, hombre, que cualquiera diría que eres de pueblo y que más valía que nunca hubieras venido del pueblo porque eres como de pueblo, hombre.



J. L. Martín Santos, Tiempo de silencio