vividos, viajados o sencillamente imaginados






lunes, 15 de marzo de 2010

las raíces






Involuntariamente contracorriente, out, demodé. Tal vez puede llegar a ser inoportuna tanta coherencia entre vida y obra. No se llevan los ámbitos rurales y provincianos, las almas candorosas e inocentes, de voz discreta, las tierras sin adornos, viriles, recias. Describir lo castellano, escribir en castellano. Un mester que es el del lenguaje vivo y claro. Al principio de aquella lengua ya lo dijo Gonzalo de Berceo "en román paladino", para que se entienda ("Quiero fer una prosa en román paladino en el qual suele el pueblo fablar a su veçino"). Pero lo austero no chilla como lo pintoresco, y hay quien lo confunde con lo vulgar. El castellano, lo castellano, tierras y gentes de paciente resistencia, anchas de espíritu, no están de moda. Aunque nadie se atreva (bueno, nunca se sabe) a desdecir a un clásico.







"En mis libros hay un rechazo de un progreso que envenena la corte e incita a abandonar la aldea. Desde mi atalaya castellana, o sea, desde mi personal experiencia, es esta problemática la que he tratado de reflejar en mis libros. Hemos matado la cultura campesina pero no la hemos sustituido por nada, al menos, por nada noble.





Y la destrucción de la Naturaleza no es solamente física, sino una destrucción de su significado para el hombre, una verdadera amputación espiritual y vital de éste. Al hombre, ciertamente se le arrebata la pureza del aire y del agua, pero también se le amputa el lenguaje, y el paisaje en el que transcurre su vida, lleno de referencias personales y de su comunidad, es convertido en un paisaje impersonalizado e insignificante.


(...) Me temo que muchas de mis propias palabras (...) van a necesitar muy pronto de notas aclaratorias como si estuviesen escritas en un idioma arcaico o esotérico, cuando simplemente han tratado de traslucir la vida de la naturaleza y de los hombres que en ella viven y designar al paisajes, a los animales y a las plantas por sus nombres auténticos.





(...) ¿Qué sentido tiene un paisaje vacío? "el chopo del Elicio, "el pozal de la Culebra" o "los almendros del Ponciano" (...) son en efecto un trozo de paisaje y de vida, imbricados el uno en la otra, como los trigales de Van Gogh o nuestra propia casa animada por la personalidad de cada uno de nosotros y enteramente distinta a todas las demás incluso en el más pequeño de los desconchones. Cada una de esas parcelas del paisaje alberga historias o mitos que son vida, han sido vivificados por el Elicio o el Ponciano y, a la vez, hablan a los demás; el día que pierdan su nombre, si es que subsisten todavía físicamente, no serán ya más que un chopo, unos almendros o un pozal reducidos al silencio, objetivados, muertos, no más significantes que cualquier otro árbol o rincón municipalmente establecido. (...)

En esta tesitura, mis pesonajes se resisten, rechazan la masificación. (...) Se trata de seres primarios, elementales, pero que no abdican de su humanidad; se niegan a cortar las raíces".



Miguel Delibes, Discurso de ingreso en la Real Academia Española de la Lengua (25 de mayo de 1975).




domingo, 7 de marzo de 2010

el miedo y los temores

“El sol seguía declinando. (…) La ciudad que tenía ante mí había dejado de ser Venecia. Su personalidad, su nombre me parecían como ficciones mentirosas que ya no tenía el valor de infundir a las piedras. Veía los palacios reducidos a simples partes y cantidades de mármol parecidas a cualesquiera otras, y el agua como una combinación de hidrógeno y de nitrógeno, eterna, ciega, anterior y exterior a Venecia, ignorante de los dux y de Turner. Y, sin embargo, aquel lugar cualquiera era extraño como el lugar al que llegamos y no nos conoce todavía, como un lugar que hemos dejado y que ya nos ha olvidado. (…) Pero al mismo tiempo aquel lugar mediocre me parecía menos lejano. En el estanque del arsenal, debido también a un elemento científico, la latitud, había esa singularidad de las cosas que, aunque semejantes en apariencia a las de nuestro país, resultan extranjeras, en destierro bajo otros cielos”.



Marcel Proust, En busca del tiempo perdido










Dejé parada la lectura. Justo ahí, tras las últimas páginas de “La fugitiva”, las que relatan y evocan el tan deseado viaje a Venecia. El ritmo era el de un libro cada año. Ya han pasado tres. Bien es cierto que durante ese paréntesis disfruté “Los placeres y los días” que me llegaron en forma de regalo. Pero sigo sin querer adentrarme en “El tiempo recobrado”, porque aún no sé si es el momento de dejar de perder el tiempo. Hay miedo a seguir. Y falta de valor para marcharse, el miedo a llegar, como dicen Vetusta Morla. Y recuerdo la afirmación de Canetti "no hay nada que el hombre tema más que el toque de lo desconocido". Ese miedo a dejar la rutina, sin saber responder ¿qué puede más, la emoción o la razón? El miedo a perder el control (Ian Curtis lo supo muy bien). Tal vez sea más difícil aún reconocer el miedo, que se tiene miedo. Esas verdades a medias que llevan a la incertidumbre, el miedo de Firmin, el cónsul de Malcolm Lowry, y el alivio momentáneo antes de advertir que le han disparado. Ojalá fuesen los sustos espectrales de Halloween, los de Shaggy y Scooby-Doo, que te hacen poner cara de tonto y cobardica y que no pasan de ser miedo previsible, reconocible, acotado. Porque el miedo no es conciso, es difuso, indefinido, sin amarras en el espacio, mucho menos en el tiempo. Ojalá fuese temor como anécdota, insignificante en el miedo, pero sucede que el miedo abarca mucho más.





miércoles, 24 de febrero de 2010

hombre ilustre

Conozco otra clase de bel ami. No es el trepa que se hace entre mujeres para llegar a donde quiere llegar, que se pasa de largo (y por lo visto nunca de listo).
Este otro bel ami sabe que al fin su fin no se halla en el panteón de hombres ilustres, donde inevitablemente se es más muerto que ilustre.
Este otro bel ami sabe que se puede estar entre mujeres sin mentiras, sólo con el recurso de su propia fuerza. La pasta de la que está hecho no es la pasta de ese club del dinero en el que si le admitiesen se negaría a entrar. Es de Groucho, no de Marx. Es ilustre. Sigue vivo.


"Vos, cuyo talento está por encima del vulgo; vos, que escribís, que aleccionáis, que aconsejáis; vos que dirigís al pueblo, tenéis una hermosa misión que cumplir y un hermoso ejemplo que dar".(...) El obispo había terminado su plática.

(...) Por su piel corría ese frío estremecimiento que dan las grandes dichas. No veía a nadie. No pensaba más que en sí mismo. (...) El pueblo de París lo contemplaba y lo envidiaba. Luego, alzando los ojos, vio a distancia, al otro lado de la plaza de la Concordia, la cámara de los diputados. (...) Lentamente bajó los peldaños de la alta escalinata, entre dos filas de espectadores. Pero él no los veía. Su pensamiento volvía atrás, y ante sus ojos, deslumbrados por el resplandor del sol, flotaba la imagen de la señora de Marelle, arreglándose ante el espejo los ricillos de las sienes, que siempre tenía alborotados al salir de la cama".

Guy de Maupassant, Bel Ami

jueves, 18 de febrero de 2010

efeméride





Efímera, supongo. Cuando no se ve la calle, porque no se pisa, son los pasos del tiempo los que se pierden. Como en la tierra de los efímeros, donde la relatividad no se teoriza. ¿En qué estación apareceré de nuevo? Que no sea en un intercambiador: mejor un apeadero. He de anticipar la primavera, estar de vuelta antes de lo que esperas.





"-¡Qué hermoso campo! -comenté-.
La prendí por la cintura, porque la hermosura de la Naturaleza es la mejor aliada. (...)
-¿Te has fijado en los árboles?




Aquello era un juego continuo, frenético; se cubrían como en un incendio de hojas verdes, nos aturdían musicalmente los pájaros. Veíamos las explosiones de las flores. Y de pronto amarilleaban, languidecían, se despojaban melancólicamente de sus hojas doradas. Se quedaban desnudos, unos segundos, tiritaban de nieve, las ramas se encristalaban de escarcha y luego volvían a empezar; a enternecerse, a florecer; contemplábamos sus gestos vegetales, como si se desperezasen al saltar de la cama. (...)


-Ahora -me dijo Catalina- tendremos una eternidad para querernos.
La cogí por la cintura y la besé lentísimamente -lo que en Efímera dura un reinado- en la roja boca".


Agustín de Foxá, Viaje a los efímeros




lunes, 15 de febrero de 2010

aquellos festivales

Aquellos festivales ya no son lo que eran.

La OTI, Benidorm, ¿y el de la Canción Infantil?... Cada vez que "sentía" el Te Deum de Carpentier (un Te deum para algo tan profano...) mientras vibraba en la tele el círculo estrellado me preparaba para el festival de Eurovisión: sólo acertaba una vez al año. Jugábamos al festival en verano, en la terraza de la casa de la abuela, todos los primos organizados por equipos (los de Suiza siempre ganaban).

Reconozco que todavía algún año veo el festival (en singular, el único que queda), pero los motivos han cambiado, es una rancia nostalgia y curiosidad kitsch (¿o camp?), no aquella excitación que culminaba con la contabilidad en idiomas y la mirada, al día siguiente, en el periódico del domingo, del ranking de decepciones. Hoy es tan distinto: servidora, con estudios superiores en geografía, se pierde entre los nuevos países y la caprichosa frontera entre continentes. Hay más diferencias, demasiadas diferencias, pero no seré yo quien comience a hablar de música, porque aquellos festivales ... aquello era otro cantar.






"En Roma, te vi de pronto una mañana,
en Roma, me dio su cita un corazón,
en Roma, el primer toque de campana,
en Roma, ha despertado una ilusión.
En Roma, por una lira en la fontana
un día, jugué mi amor a cara o cruz.
En Roma, el Quirinal pide a la luna,
¡un sueño que nunca más le diga adiós!
En Roma, van las parejas de una en una
y el amor,
en Roma va de dos en dos"


Fina de Calderón, En Roma
(Festival de la Canción Mediterránea)

jueves, 11 de febrero de 2010

visitas deliberadas




Tres visitas. La estancia erudita, en busca de la fuente del arzobispo Tenorio. La boda de amiga de infancia, iglesia y hostería, cerveza en el claustro y flan de castañas al postre. El alto placentero en un viaje de caracol que esquiva el atasco de regreso.
Y allí siempre el ángel músico que parece tener en sus manos la fachada del monasterio, como esos santos arquitectos que enseñan el proyecto a la señora de la casa. La piedra peina el sonido en este lugar de vibración contenida.




"Guadalupe está lejos de todos los sitios, no hay ninguna carretera principal cerca, conserva un pasado que tiene poca validez. Ya lo sientes cuando te acercas al lugar. Ya no recuerdo con exactitud en qué año visité Guadalupe por primera vez, sólo se que fue hace mucho tiempo. (…) Recuerdo amapolas, acianos, y aún sé cómo volvían a mi memoria más tarde; la sequía, la petrificación de ese paisaje y luego, de repente, la sorpresa del color.


Ahora hago lo que hacen los peregrinos, subo las escaleras hasta la iglesia, ya se me aparta un poco de la tierra, aunque sea yo mismo quien lo haga. La fachada no quiere ser inmediatamente descrita, es demasiado singular, hay demasiados contrastes y asimetrías. La construcción es la de una fortaleza, pero en la tromba del gótico flamígero sobre las dos puertas, en las cuatro partes desiguales de la balaustrada y en el rosetón, parece agitarse la luz del sol en todas direcciones, en círculos de fuego que ascienden unos sobre otros".
Cees Nooteboom, El desvío a Santiago

martes, 2 de febrero de 2010

naranja, que te quiero




El rosa Tiepolo no es rosa, es naranja, encendido, vivo, despreocupado. En Aranjuez no se distingue del paisaje, pero... da la espalda a los corsés cortesanos. Abandona el lugar. Baja las escaleras de San Pascual sin saber aún que su camino termina en El Prado, sin saber que allí va a lucir más, aunque sólo sea por contraste.


Las obras que Tiepolo realiza para el Convento de San Pascual Bailón pecan en la forma, por directas, por espontáneas, por frescas. Sin penitencia (hoy pueden ser contempladas en el Museo del Prado) ni purgatorio (algunas no pasan de boceto) son inmediatamente sustituidas por las relamidas de Mengs, Maella y Bayeu.

Será que el rosa Tiepolo está en la naturaleza, no en las academias. Es color de irrealidad, volátil e intangible, color de cierta locura, color feliz. Aunque avisado por San Pascual, que le ha dejado sus tres golpecitos en la cabecera, el artista, una vez más, habrá de morir incomprendido. El que paga manda.

"Los dibujos de San Pascual Baylón [están] destinados a una suerte infeliz: un intento de adecuarse a las inclinaciones locales, pero incomprendido, despreciado y maltratado.
(...) Mengs podía mirar a Tiepolo como a un desamparado de edad provecta. No sorprende la insana prisa con que, tras la muerte de Tiepolo, la corte española se apresuró a quitar sus retablos del altar de Aranjuez. Entre el almidonado Mengs y el mercurial Tiepolo la partida había concluido a favor del primero. Obviamente, Mengs fue nombrado pintor de cámara del rey.
(...) Esos lienzos no tienen precedentes en la obra de Tiepolo, ni mucho menos en la pintura de su siglo. Es como si la palabra religioso de pronto volviera a ser natural y tácita. (...) Aquí la vibración es el estado último".
Roberto Calasso, El rosa Tiepolo

sábado, 23 de enero de 2010

allí donde queremos llegar



Existe un tedio interior en el viaje de la vida, como el del turista a su pesar. La cura no se halla en los grandes desplazamientos, donde no siempre la evasión surte efecto. Puede ser algo tan sencillo como la mujer que vive al lado de casa, entre divertida y chisposa, aparentemente ingenua, nada inocente (tampoco culpable), pelín extravagante (así Muriel, la veterinaria encargada de cuidar de su perro mientras Macon va de aquí para allá) sólo adornada con una irresistible e incierta propuesta de viaje (sin coche, sin aviones) y un viejo álbum de fotos.


"Escribía una serie de guías para personas que se veían obligadas a viajar por negocios. Bien pensado era ridículo: Macon detestaba viajar. Se movía por los territorios extranjeros dando tumbos a la desesperada, como inmerso en un bombardeo -con los ojos cerrados, conteniendo la respiración y agarrándose a la vida, imaginaba él a veces- y luego, de vuelta en casa, daba un suspiro de alivio y, cómodamente instalado, se disponía a producir sus abultados libros de bolsillo del tamaño de un pasaporte. El turista accidental en Francia. El turista accidental en Alemania. En Bélgica.

En estas guías sólo daba cuenta de las ciudades porque los que viajaban por negocios llegaban en avión a las ciudades, se marechaban del mismo modo, y el campo no lo veían en absoluto. De hecho, tampoco es que viesen las ciudades. Lo que les interesaba era cómo fingir que no se habían ido de casa. ¿Qué hoteles de Madrid disponían de colchones Beautyrest de tamaño extra? ¿Qué restaurantes de Tokio podían ofrecer Sweet’n’Low? ¿Había un McDonald’ en Ámsterdam? (…) ¿Servían en algún sitio de Roma raviolis Chef Boyardee? Otros viajeros tenían la esperanza de descubrir los vinos característicos de un lugar; los lectores de Macon buscaban leche pasteurizada y homogeneizada.

Lo de escribir las guías le gustaba tanto como detestaba el tener que viajar. Sentía un virtuoso deleite en organizar un país desorganizado, podando todo lo accesorio y mediocre, y clasificando lo que quedaba en párrafos concisos y elegantes”.

Anne Tyler, El turista accidental

jueves, 14 de enero de 2010

fuera de mapa (XII) Boris Vian




y si he de elegir, ser antes devoción que obligación








"La cojo por los sobacos y la pongo en pie, luego la despojo de su voluptuosa bata, que arrojo de cualquier modo. Gaya parece inquieta, un poco como si fuera a llorar y cantarme las cuarenta..., pero se sosiega.


(...) Después de mucho baño, mucha loción, mucha friega, mucha toalla y mucha flema, tumbado en el sofá, me dedico a pensar y pienso que de todos modos esta historia de reventarme los neumáticos no es tan grave. Me ha retrasado media hora, pero siempre andamos sobrados de alguna media hora, sobre todo cuando no damos golpe; conque, a fin de cuentas, si ha servido para que Gaya se desahogara, me lo tomo como una pequeña compensación que le debía".



Boris Vian, Con las mujeres no hay manera

lunes, 11 de enero de 2010

la risa



Los Reyes Magos dejaron en casa un juego estilo Cluedo, ambientado en una abadía medieval. Menos mal, he dicho para mis adentros, por esta vez no hay ningún sospechoso español. Porque tiene su gracia bendita que Jorge, el malo de la historia, sea de aquí, de Burgos para más señas.

Hace ya muchos años, una amiga que entre nosotros ya no está (pero confío en que siga siendo) se preguntaba por el verdadero misterio de la novela ¿cuál era el nombre de la rosa? Ella siempre sostuvo que hacía referencia a la joven mujer (creo que la única) que aparece en el relato.
La mujer, aventurada, tentadora e irresistible como la risa (en castellano de risa a rosa sólo va una letra).






"Jorge dijo que bastaba decir pez para nombrar al pez, sin ocultar su concepto con sonidos engañosos. (...) Y entonces sucedió algo que no comprendí. Berengario se echó a reir. Jorge lo reconvino".





"-Quiero ver esa copia griega escrita sobre pergamino de tela, material entonces muy raro que se fabricaba precisamente en Silos, cerca de tu patria, Burgos. Quiero ver el libro que robaste allí, después de haberlo leído, porque no querías que otros lo leyesen, y que has escondido aquí. (...) Pero ¿por qué temes tanto a este discurso sobre la risa? No eliminas la risa eliminando este libro.

-No, sin duda. La risa es la debilidad, la corrupción, la insipidez de nuestra carne (...) algo inferior, amparo de los simples (...) Pero aquí se invierte la función de la risa, se la eleva a arte".

Umberto Eco, El nombre de la rosa


miércoles, 6 de enero de 2010

no hay magos de oriente en la plaza de






"Para que los Reyes Magos dejen algo en las botas de un chico, lo primero que mecesita el chico es tener botas. Esta profunda reflexión no es mía, me la ha comunicado un golfo a quien yo visité en su domicilio -estatua de Recaredo, plaza de Oriente - para pedirle noticias acerca de los Reyes Magos.
-Yo me echo a dormir -me dijo el golfo- y si los Reyes quieren traernos algún regalo, que me traigan botas...
Ignoro si lo Reyes habrán satisfecho este deseo de un niño descalzo e indocumentado; pero me figuro que no. En los países de la fantasía no se fabrican botas. Las botas son un producto industrial, y los Reyes Magos no suponen que pueda albergarse un niño allí donde no ven un par de pequeñas botas... Los Reyes Magos traen de todo para todos los niños; pero aquel que no tenga con qué recoger su parte en el rico tesoro de la superstición, se quedará sin ella. El ideal vive de realidad, y en este caso la realidad consiste en un par de botas y un trozo de balcón o un quicio de puerta".


Julio Camba, Los Reyes Magos





Pues nada, habrá muchos reyes en la Plaza de Oriente, pero Magos ¿uno?






o ninguno.

jueves, 31 de diciembre de 2009

ahí queda eso


Camino del Museo de Bellas Artes hacemos una parada mañanera, lo suficientemente mañanera como para no pedir cerveza.
-Café, por favor.
–Ya verá. El café que hacemos aquí es de lo mejor. No es que yo lo diga. En Bilbao somos muy cafeteros.
No le falta razón.

Entra un hombre de paso que no quiere café. Se dirige al dueño:
- ¡Buon giorno, buon giorno! Hum... M***... hum... ¿Conoce M*** (el nombre de la cafetería, nombre de un pequeño lugar)? Bonita M***.
- Sí, muy bonita, pero esto es Bilbao.
El hombre de paso no recibe cuartelillo. Sale por donde ha entrado.

Continúa el dueño:
- Bilbao sí que está bonita. Hace unos años, mirabas allá abajo, a la ría, un pozo negro. Pero antes se vivía mejor. Esto es pequeño, aquí nos conocemos todos, los que somos de aquí, claro. Ahora hemos perdido el trato entre la gente.
-Eso pasa en otros sitios.
Seguimos hablando. A medida que aumentan las confidencias, desciende el volumen de su voz.

Es la ciudad que vio nacer a don Miguel de Unamuno, el que elevó a cuestión filosófica el término casticismo. Esta forma que tienen los bilbaínos de hablar de lo suyo –hay un matiz nada desdeñable que impide llamarlo jactancia- es muy parecida a la que se gasta ¿para qué ir más lejos? el vecino de Aranjuez.







“Qué ver. LUCES DE NAVIDAD.

La Navidad en Bilbao es algo más que los tradicionales días festivos marcados en el calendario. Y es que, en primer lugar, la sobriedad de la decoración navideña que adorna las calles ayuda a que a nadie le importe que esas luces azules, tan elegantes, permanezcan en el tiempo.



(…) Además, el hecho de que la capital vizcaína sea un “bocho” o agujero rodeado de montañas, sin posibilidad de expandirse (eso sí, en permanente transformación), convierte su oferta comercial en la más completa del norte de España. (…) Y en el periodo navideño o pre-navideño, donde el regalo manda, esa característica es un lujo al alcance de muy pocas ciudades.

Resumiendo, la Navidad bilbaína es como el propio Bilbao, sobria pero moderna, clásica y tradicional pero también rupturista, aspecto éste muy necesario para recordarnos que la ciudad pertenece por derecho al siglo XXI. Sólo hay que fijarse en el potente arco rojo que decora el puente de la salve (…) De día podría parecer un decorativo portal “kitsch” sin figurantes. Llegada la noche, rompe con su iluminación cualquier evocación clasicista”.


Bilbao. Guía noviembre-diciembre 2009 (Ed. Bilbao Turismo)

jueves, 24 de diciembre de 2009

dándole al pico

En esta “tertulia de aves para asar”, que dice Álvaro Cunquiero. Leyendo al ilustre de Mondoñedo, tal vez las ganas sean más de soñar que de comer.






“Estamos desplumando las aves que han de ser asadas para la fiesta navideña. Pintada, oca, pavo, pollo… O adobando el capón, maricuela afónica de las capoeiras de la Terrachá de Lugo.
(…)
Estas son las aves para asar en Navidad… No sé quién aseguró que los vikingos habían descubierto que los mejores asados se hacían a fuego de libros… Modernamente no se han ensayado esos fuegos, seducidas las gentes por las últimas novedades en electrodomésticos o en las cocinas de gas butano. Yo creo, de ser cierto lo del fuego de libros, que aparte lo que diese de sí la brasa del pergamino, añadiría algo al asado el latín litúrgico. La cocina es el máximo esfuerzo de la imaginación humana. Nadie lo dude.
(…)
Aunque Navidad sea día festero, de alegría sin sombras, y el alma inclinada a perdones y demandando caricias, la hora de la mesa hay que tomarla muy en serio. Conviene llegar al asado con apetito, consciente de que se está celebrando un rito. Castelo-Branco recomendaba ante el gran capón de Traz-os-Montes, plantado en el centro de su mesa miñota… se hiciese mentalmente la biografía del ave… Y más urgente será ahora la rememoración ésta, que ya hay mucha trampa en la cocina, las aves reciben alimentos de cosmonauta y nadie sabe lo que va a ser de estos casi sacros condumios navideños en el ya muy próximo año 2000…







Coman con pausa, remojen de cuando en cuando (…). Todo esto autoriza a un poco más de vino. (…) Y que toda la familia se siente a la mesa, tan irreprochablemente como en los tiempos antiguos, cuando eso que se llama la familia existía. Ambas cosas, asado y familia, forman parte de un orden, que yo me atrevería a llamar celestial”.

Álvaro Cunqueiro, La cocina cristiana de Occidente

viernes, 18 de diciembre de 2009

nieve nueva
























Que novedad, que desvelo
del arte, en cuya belleza
se atrevio naturaleza
a poner limite al cielo.
Que peregrinos jardines,
en quien lo menos parece,
que flor llamar se merece
los claveles y jazmines.
Que atenta hermosa espesura
y confusa amenidad,
adonde es la variedad
lo menos de la hermosura.








Que patria de Ruyseñores,
arboles que en toda fuente
el ya menos floreciente
es un Narciso de flores.
Que ni los bellos Pensiles,
donde Dizienbres airados,
y Eneros de nieve armados
no dexan de ser Abriles.
Que admiración natural,
que en dos rios se desata
una montaña de plata
y una selva de cristal".


Conde de Villamediana, La Gloria de Niquea














miércoles, 16 de diciembre de 2009

fuera de mapa (XI) Ramón del Valle-Inclán










La Mariblanca más blanca que nunca capea el temporal vuelta sobre sí, cruzada de brazos, en actitud más paciente que resignada, sin ni siquiera tomarse la molestia de cubrir sus piernas. El viento del sur despeja la cara. La nieve agazapada no logra ocultar lo escrito sobre la espalda. Aún no ha comenzado el invierno.








"Volvióse lentamente, como una niña enferma a quien ya no alegran los juegos:
-¿Qué mandaba usted, Señor Marqués?

En sus ojos de terciopelo parecía haber quedado toda la tristeza del paisaje. Yo le dije:
-Hermana Maximina, se abren las heridas de mi alma, y necesito alguno de tus bálsamos. ¿Cuál quieres darme?
-El que usted quiera.
-Quiero el de tus ojos".



Ramón del Valle-Inclán, Sonata de Invierno

sábado, 12 de diciembre de 2009

viajados pero contentos

"EDGARDO- ¿Le extraña a usted que yo lleve acostado, sin levantarme, veintiun años?
LEONCIO- No, señor. Eso le pasa a casi todo el mundo".



Viajes desde la cama (vale también mesa camilla). Proust y Onetti. Maistre. A veces el combustible es el insomnio, otras el mismo sueño, como el que conducía por mundos maravillosos a la abuela de Isaak Dinesen. Cuando no son caminos el futuro de las preocupaciones, el presente de un obsesión o el pasado reconstruido. Pero hoy, hoy... hoy cogemos las maletas con ánimo distinto.



Un guiño (no te gusta mucho esa expresión ¿verdad?) para los que echan de menos algo de humor (he tenido que tomarlo prestado) en estas páginas.
Y una felicitación-recomendación (según quien leyere) en torno a esta revista por humor al arte.






"FERMÍN.—(Mirando el reloj y alarmándose.) ¡Ahí va! Dos minutos para el tren de San Sebastián. Hay que arreglarlo todo en un vuelo. (Pone junto a la cama unas maletas y manipula en el «cine».)
LEONCIO.—(Siguiéndole.) Oiga, usted, ¿pero eso de San Sebastián era fetén?
FERMÍN.—¿El qué?
LEONCIO.—El viaje del señor.
FERMÍN.—Hombre, claro. Rara es la noche que no se va a algún lado... No ve que tiene toda clase de cosas para distraerse y a ratos hasta tira al blanco desde ahí, que por eso exige a su criado no le importen los tiros; pero llega un momento en que la cama le aburre, y necesita viajar.
LEONCIO.—Pero ¿sin moverse de la cama?
FERMÍN.—Sí, claro. De la cama no se mueve más que lo justo para que yo se la arregle por las mañanas. Y para estirar las piernas por aquí un ratillo, porque, si no, a estas horas ya estaría paralítico. ¿No ve que lleva así veintiún años?
LEONCIO.—¡Hay que ver!
FERMÍN.—Pues para viajar acostado es para lo que tiene usted que aprender los horarios y los trayectos ferroviarios. Porque el señor, a veces, se duerme viajando, pero uno tiene que estar ojo avizor toda la noche para tocar la campana al salir el tren de cada ciudad, que hay que hacerlo a la hora exacta; cantar los nombres de las estaciones y vocear las especialidades de la localidad.
LEONCIO.—Oiga usted, ¿y paran ustedes en muchos sitios?
FERMÍN.—La noche que el señor va en el correo, sí; pero otras noches, que tiene prisa, coge el rápido, y entonces la cosa es llevadera.
LEONCIO.—Y con este aparato, ¿qué hay que hacer?
FERMÍN.—Esto es para proyectar vistas de los sitios principales por donde se pasa. (Se acercan ambos a la linterna.) ¿Ve? (Enseñándole una caja.) Aquí están las del itinerario de San Sebastián, numeradas y por orden de proyección... (Mirando el reloj.) ¡La hora! Vamos allá. Siéntese usted ahí y fíjese bien en todo para que aprenda pronto...
(Toca el resorte de la pared y la especie de persiana de madera se levanta, descubriendo la cama, donde Edgardo está leyendo un libro.)
EDGARDO.—¿Qué? ¿Ya es la hora?
FERMÍN.—Sí, señor. Van a dar la salida.
EDGARDO.—¿Tiene los billetes? ¿Has facturado los equipajes?
FERMÍN.—Sí, señor. Y aquí lo bultos de mano. Todo está en regla, señor.
EDGARDO.—¿No ha venido nadie a despedirnos?
FERMÍN.—No, señor.
EDGARDO.—Mejor. Las despedidas son siempre tristes.
LEONCIO.—(Que contempla la escena asombrado y sentado en un sillón. Aparte.) ¡Chavó, qué imaginación!
FERMÍN.—(Toca un pito, la campana, y luego una sirena.) Ya salimos, señor.
EDGARDO.—¡Andando! Llevamos muchísimo retraso, pero lo ganaremos mañana en Alsasua. Voy a echar una cabezadita hasta Villalba.
FERMÍN.—Hay parada en La Navata, señor.
EDGARDO.—Bueno, pero si voy dormido, no me despiertes. (Se reclina en la almohada y cierra los ojos.)
LEONCIO.—(Aparte.) Y viajando así no habrán descarrilado nunca, claro... (Fermín se le acerca, sentándose en otro sillón.)
(…)
FERMÍN.—Y viajar con el señor tiene sus ventajas, porque uno está autorizado a sentarse aquí toda la noche y a comer y a beber a discreción los productos de cada sitio por donde pasa. Yo, en el último viaje que hicimos por Galicia, me harté de langosta y de vino del Ribeiro".



Enrique Jardiel Poncela, Eloísa está debajo de un almendro

lunes, 7 de diciembre de 2009

pompas verdes


Es el mismo lugar, el Cañón del Río Lobos. Ayer se asemejaba a un paisaje inventado de los de Friedrich. Hoy recuerda a Monet en sus colores, y más allá, a Ofelia según Millais, invisible ahora bajo el agua. Los nenúfares, pompas fúnebres de adolescentes, invitan a las criaturas a pasar al otro lado de la vida. Jóvenes que no se suicidan. Que se dejan arrastrar por la corriente, nada más.





"Y es desde hace ya miles de años que la triste Ofelia
pasa, fantasma blanco, sobre el largo río negro.
Y es desde hace ya miles de años que su dulce locura
murmura su romance en la brisa de la noche.
El viento besa sus senos y despliega en corola
sus grandes velos mecidos blandamente por las aguas;
los sauces temblorosos lloran sobre su espalda,
sobre su gran frente soñadora se inclinan las cañas.
Los neúfares heridos suspiran a su alrededor;
ella despierta a veces, en un aliso que duerme,
algún nido, del que se escapa un leve temblor de ala:
-un canto misterioso cae de los astros de oro".



Arthur Rimbaud, Ofelia

miércoles, 2 de diciembre de 2009

escalas





Hay dulzura entre las piedras inmortales. Agresividad y ternura en esa invitación a meterse en boca de, de este Cañón del Río Lobos. Aquí la iglesia (obra templaria, único vestigio del cenobio primitivo) tiene un nosequé de certificado de misterio, aunque carece del poderío sobre el paisaje del que hace gala la de Segovia. Ni el templo pétreo - ingenuo y bienintencionado- que levanta el hombre, ni mucho menos el hombre mismo, pueden competir con la naturaleza. La reducida escala del individuo obliga a cambiar el "ante" la naturaleza por el "dentro de". Es esta misma naturaleza la que en su prodigalidad dialoga con la caducidad humana: los dos olmos secos de perenne invierno.


"La idea de referirse a la historia del universo como a la del hombre, y de hallar únicamente relaciones y acontecimientos humanos, es una idea difundida en todas partes y que, en el transcurso de los años más diversos, resurge sin cesar, bajo la apariencia de nuevas imágenes; puede decirse que siempre ha ejercido, más que otra cualquiera, una influencia maravillosa y una fuerza de persuasión muy grande. El carácter accidental de la naturaleza parece también unirse de por sí a la idea de personalidad humana y, de ese modo pudo ser entendido más fácilmente. Por tal razón, fue la poesía el instrumento favorito del amigo de la naturaleza; y en los poemas es donde más claramente se ha manifestado el espíritu de la misma. (…) El que quiere conocer su alma, a fondo, debe buscarla en compañía del poeta, pues sólo así se manifiesta y su corazón maravilloso se prodiga. Pero aquél que no lo ama de todo corazón, y sólo la admira y la busca en sus detalles, ése, debe visitar cuidadosamente sus hospitales y sus osarios.


(…)¿Crees que interpretas lo que significa el humor de la Naturaleza? ¿Cómo es posible que, siendo joven aún, no sientas en tus venas el orden de la juventud? ¿No llenan el amor y el deseo, tu pecho? ¿Cómo puedes permanecer en la soledad? ¿Es acaso la Naturaleza solitaria? La alegría y el deseo huyen del que está solo; y, ¿para qué sirve la Naturaleza, sin deseo? Este último únicamente entre los hombres vuelve a encontrar su patria, el espíritu, el cual, bajo mil colores variados, penetra en los sentidos y rodea como una amante invisible".

Novalis, Los discípulos en Sais

lunes, 30 de noviembre de 2009

casi oculta




Ayer se me aparecía de sobremesa en casa de castellana vieja.
Nunca había reparado en esta otra manera de tenerla a la vista.