vividos, viajados o sencillamente imaginados






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miércoles, 11 de agosto de 2010

momentos musicales









"Palencia... una calle larga.
A un lado, la catedral,
y debajo hay otra iglesia
que dicen del siglo tal".

Gloria Fuertes

"y el Cristo de las Claras, que queda más allá", digo yo. Lo olvidó o no llegó. Ese Cristo yacente mirado por Unamuno, Cristo casi inocente, cantando jondo desde su exagerada morbidez, más momia que recién muerto.

Y las calles del recuerdo a Jorge Manrique y sus coplas a orillas del Carrión, y a Pedro Berruguete y a sus santos con las letras de sus oraciones y cánticos dibujadas desde sus labios.






Palencia ... también el "Club 38", casi de mi quinta, donde la música se sirve a la carta y la bebida es menú del día. Aquí son otros los recuerdos, en un viaje que pasó de The Cure a Los Ángeles, por medio de mis Bee Gees adorados, hacia una despedida con banda sonora de Nino Rota. Antes Kate Bush había clamado por su amante entre cumbres borrascosas y P. J. Harvey había renacido como fantasma de Emily Dickinson.

Y la música de una victoria con hambre entre gritos y risas desafinados que ponen fechas -piques de especialistas- a cada fachada de la Plaza Mayor.


Todos, tantos, recuerdos musicados de Palencia.

jueves, 31 de diciembre de 2009

ahí queda eso


Camino del Museo de Bellas Artes hacemos una parada mañanera, lo suficientemente mañanera como para no pedir cerveza.
-Café, por favor.
–Ya verá. El café que hacemos aquí es de lo mejor. No es que yo lo diga. En Bilbao somos muy cafeteros.
No le falta razón.

Entra un hombre de paso que no quiere café. Se dirige al dueño:
- ¡Buon giorno, buon giorno! Hum... M***... hum... ¿Conoce M*** (el nombre de la cafetería, nombre de un pequeño lugar)? Bonita M***.
- Sí, muy bonita, pero esto es Bilbao.
El hombre de paso no recibe cuartelillo. Sale por donde ha entrado.

Continúa el dueño:
- Bilbao sí que está bonita. Hace unos años, mirabas allá abajo, a la ría, un pozo negro. Pero antes se vivía mejor. Esto es pequeño, aquí nos conocemos todos, los que somos de aquí, claro. Ahora hemos perdido el trato entre la gente.
-Eso pasa en otros sitios.
Seguimos hablando. A medida que aumentan las confidencias, desciende el volumen de su voz.

Es la ciudad que vio nacer a don Miguel de Unamuno, el que elevó a cuestión filosófica el término casticismo. Esta forma que tienen los bilbaínos de hablar de lo suyo –hay un matiz nada desdeñable que impide llamarlo jactancia- es muy parecida a la que se gasta ¿para qué ir más lejos? el vecino de Aranjuez.







“Qué ver. LUCES DE NAVIDAD.

La Navidad en Bilbao es algo más que los tradicionales días festivos marcados en el calendario. Y es que, en primer lugar, la sobriedad de la decoración navideña que adorna las calles ayuda a que a nadie le importe que esas luces azules, tan elegantes, permanezcan en el tiempo.



(…) Además, el hecho de que la capital vizcaína sea un “bocho” o agujero rodeado de montañas, sin posibilidad de expandirse (eso sí, en permanente transformación), convierte su oferta comercial en la más completa del norte de España. (…) Y en el periodo navideño o pre-navideño, donde el regalo manda, esa característica es un lujo al alcance de muy pocas ciudades.

Resumiendo, la Navidad bilbaína es como el propio Bilbao, sobria pero moderna, clásica y tradicional pero también rupturista, aspecto éste muy necesario para recordarnos que la ciudad pertenece por derecho al siglo XXI. Sólo hay que fijarse en el potente arco rojo que decora el puente de la salve (…) De día podría parecer un decorativo portal “kitsch” sin figurantes. Llegada la noche, rompe con su iluminación cualquier evocación clasicista”.


Bilbao. Guía noviembre-diciembre 2009 (Ed. Bilbao Turismo)

sábado, 24 de enero de 2009

rara avis

Extraña y cercana, tanto que invita al paseo, excita la curiosidad y alimenta los pensamientos. Unamuno ha elegido Braga (eterna rival de Compostela) para retratar certeramente al viajero sin guía y sin brújula, ese que juega a ser aventurero, boquiabierto frente a la momia de un obispo enano, o ante un loro más puñetero que exótico. Entre flanear (voy a hacer mía esta palabra recién descubierta) y filosofar parece que no haya diferencia: formas de ocupar placenteramente el tiempo.



"Visito unas iglesias más, todas iguales y todas insignificantes... y luego a callejear, a "flanear", como decimos con un galicismo que expresa algo muy castizo español.

¡Qué encanto esto de recorrer a la ventura calles por una ciudad que no se conoce! Perderse y volver al mismo sitio, descubrir que este callejón lleva a aquella plazuela que ya vimos, satisfacer así a poca costa el instinto del descubridor de nuevas tierras (Estamos en Portugal). Con frecuencia el loro: Brasil fue de Portugal y hoy Portugal es casi del Brasil.

... ¿Quién será aquel filósofo sentado allí al pie de aquel tilo? ¿Me pondré al habla con él? No, no sea que me estafe; quiero decir, no sea que me resulte no un filósofo, sino un simple holgazán. Pero ¿es que los filósofos son algo más que unos holgazanes? Los portugueses no son, según confesión propia, filósofos, es decir, metafísicos, lo cual no quiere decir, claro está que no sean holgazanes".


Miguel de Unamuno, Por tierras de Portugal y de España