vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 28 de junio de 2009

guía romántica (y III)




En los tiempos de Gil y Carrasco no era necesario desbrozar en las selvas de la novela histórica. La nostalgia por la autenticidad de los textos del XIX es un pasodoble a la Edad Media y a la biografía del autor.

A mí se me entrecruzan la historia de buenos y malos (el honesto caballero templario, el insaciable Conde de Lemos), la evocación desde el culto a las ruinas, la visión de la Naturaleza desmedida (la que se traga al hombre con indiferencia), la leyenda que engalana el mundo medieval y el destino.



Ese destino en pretérito perfecto que con Enrique Gil y Carrasco, hombre romántico por sensibilidad y época, fue generoso: si no concedíendole tiempo, sí otorgándole los lugares, esos que no nos es dado elegir cuando nacemos, cuando morimos.



"Estábase poniendo el sol detrás de las montañas que parten téminos entre el Bierzo y Galicia y las revestía de una especie de aureola luminosa que contrastaba peregrinamente con sus puntos oscuros...


Todavía se conserva esta hermosa fortaleza, aunque en el dia sólo sea ya el cadáver de su grandeza antigua. Su estructura tiene poco de regular, porque a un fuerte antiguo, de formas macizas y pesadas, se añadió por los templarios un cuerpo de fortificaciones más moderno, en que la solidez y la gallardía corrían parejas, con lo cual quedó privada de armonía; pero su conjunto todavía ofrece una masa atrevida y pintoresca. Está situada sobre un hermoso altozano desde el cual se registra todo el Bierzo bajo, con la infinita variedad de sus accidentes; y el Sil, que corre a sus pies para juntarse con el Boeza un poco más abajo, parece rendirle homenaje".

Enrique Gil y Carraso, El señor de Bembibre

viernes, 26 de junio de 2009

guía romántica II

El señor de Bembibre como un viaje. Los personajes transitan -viven, aman y mueren- por los caminos y lugares de El Bierzo. Y allí Carracedo es el espíritu de esa región que tan bien conoce el autor. Hoy en ruinas, sólo intenta lucir su mimada osamenta de piedra.





"En la margen izquierda del río Cúa, poco más abajo de Cacabelos y en un sitio fértil, risueño y deleitoso tal vez en demasía para la austeridad y recogimiento de la vida monástica, está asentado el monasterio de Carracedo, el más sobresaliente del Bierzo y que antes de la caída de las órdenes religosas gozaba en la de San Bernardo de una consideración y riqueza de primer rango. Cércanle por todas partes praderas y huertas fertilísimas, frondosos arbolados y campos de pan de maíz y de lino, surcados por arroyos puros y cristalinos que mantienen en ellos una perpétua verdura. Es allí el cielo tan sereno y claro, tan benigno y templado el aire, tan fecunda la tierra y tan variada la armonía de los infinitos pájaros que cantan en sus sotos, que el buen rey don Bermudo II el Gotoso que le fundó en 990, no pudo buscar marco menos a propósito para un cuadro grave y religioso".










"Don Álvaro se apeó en el patio, y acompañado de dos monjes que bajaron a su encuentro... se encaminó a la cámara de respeto en que solía recibir el abad a los forasteros de distinción... gracioso aposento con ligeras columnas y arcos arabescos, con un techo de primorosos embutidos, al cual se subía por una escalera de piedra adornada de un frágil pasamano. Una reducida pero elegante galería le daba entrada, y recibía luz de una cúpula bastante elevada y de algunos calados rosetones..."


Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre

martes, 23 de junio de 2009

guía romántica I



El Señor de Bembibre, entre sus variados y abundantes valores, tiene éste de guía, guía romántica no sólo por la época en que se escribió.
Comprender el pasado de una región, sus espacios y la impronta de los siglos en ellos, para convertirlos en escenario de historias noveladas de las de antes...
siempre es una buena manera de querer a la tierra.



Así sucede con la naturaleza transformada de Las Médulas. Descripción precisa sobre la que se sostienen las sensaciones que al autor le produce el paisaje.












"Esta montaña, horadada y minada por mil partes, ofrece un aspecto peregrino y fantástico por los profundos desgarrones y barranos de barro encarnado que se han ido formando con el sucesivo hundimiento de las galerías subterráneas y la acción de las aguas invernizas; y que la cruzan en direcciones inciertas y tortuosas. Está vestida de castaños bravos y matas de roble, y coronada aquí y allá de picachos rojizos y de un tono bastante crudo, que dicen muy bien con lo extravagante y caprichoso de sus figuras. Su extraordinaria elevación y los infinitos montones de cantos negruzcos y musgosos que se extienden a su pie, residuo de las inmensas excavaciones romanas, acaba de revestir aquel paisaje de un aire particular de grandeza y extrañeza, que causa en el ánimo una emoción misteriosa. De las galerías se conservan enteros muchos trozos, que asoman sus bocas negras en la mitad de aquellos inaccesibles derrumbaderos y dan la última pincelada a aquel cuadro en que la magnificencia de la naturaleza y el poder de los siglos campean sobre las ruinas de la codicia humana y sobre la vanidad de los recuerdos".

Enrique Gil y Carrasco, El señor de Bembibre

jueves, 18 de junio de 2009

narciso vivo



Tuvo miedo a caer y sin más dejó de buscar su reflejo.
Su autoestima se acostumbró a la silueta de su sombra.
Pero un día los dioses le dicen: ya vale,
has que ducharte dos veces por semana, tres si hay fiesta.
Como un ángel ante el sepulcro abierto, no sale de su asombro:
él, que siempre amó las aguas quietas.



"Cuando Narciso murió, las flores del campo se vieron embargadas por el dolor y le suplicaron al río algunas gotas de agua para llorarlo.

-Si todas mis gotas de agua fueran lágrimas -respondió el río-, no me alcanzarían para llorar a Narciso. Yo le amaba.

-¿Cómo hubieras evitado amarlo? -preguntaron las flores-. Era tan hermoso.

-¿Era apuesto? -preguntó el río.

-¿Quién podría saberlo mejor que tú? -preguntaron las flores-. Si cada día se recostaba en tu orilla y reflejaba su belleza en tus aguas.

-Pero yo le amaba -murmuró el río- porque al inclinarse sobre mí podía ver el reflejo de mi propia belleza en sus ojos."

Oscar Wilde, El espejo de Narciso

sábado, 13 de junio de 2009

balance de una estación



Luz y agua. Al final, para sobrevivir hemos de quedarnos con lo de siempre, con el latido de los buenos momentos. Sólo así se desdibujan la añoranza que no es cierta, las carencias supuestas, las caídas del alma a los pies. Pienso en esta primavera, que quiero llamar pasada. El calor me hace sentirlo así. Porque hasta hace dos días, estaba yo en que esta primavera pintaba más negra que la que Henry Miller regaló a su Anaïs. Ahora estoy libre de tentación. Miraba hacia atrás y los últimos días me impedían ver aquella Granada a la que tanto me aferro. Este año además, Granada ha sido tan distinta... Granada en primavera, compañeros de viaje de toda la vida y reencuentro con un viejo desconocido. De lo mejor de esta primavera. Que se pueda contar, claro.

"Me había olvidado de todo -padre, madre, alarde, ejércitos, Granada-, menos de aquel presente, apremiante y cálido, reducido al cuerpo de una muchacha que se bebía y devoraba el mío una vez y otra vez. Era como si estuviésemos solos en una barca en medio de la mar. Amenazados por la desaparición y por la muerte, nos había asaltado la recíproca urgencia de gozar. No éramos sino dos náufragos que se amparaban uno en otro, y se reconocían dándose placer... Una luminosidad amarillenta comenzó a dejar ver aquel lugar inverosímil... Después, exhausto, debí quedarme un momento dormido... Alargué la mano para acariciar el suave cuerpo de la mujer, pero no estaba. Su ausencia me despertó del todo. Me senté en el suelo y no vi a nadie. Por un instante, dudé de que alguien hubiese estado allí conmigo. Más tarde, muchas veces, he pensado que no. Me levanté tambaleándome. La lluvia había cesado."
Antonio Gala, El manuscrito carmesí

martes, 9 de junio de 2009

memoria histórica

Córdoba, 1126.
Nace Averroes. Dedica su vida a conciliar filosofía y religión. La obra de Aristoteles es el eje de sus estudios. Destierro o exilio, el caso es que se lo quitan de enmedio: sale camino Lucena. Recala en Marruecos, donde fallece en 1198.
Se ha perdido gran parte de su obra gracias a la censura (o a la tolerancia).






"Escribía con lenta seguridad, de derecha a izquierda; el ejercicio de formar silogismos y de eslabonar vastos párrafos no le impedía sentir, como un bienestar, la fresca y honda casa que lo rodeaba. En el fondo de la siesta se enronquecían amorosas palomas; de algún patio invisible se elevaba el rumor de una fuente; algo en la carne de Averroes, cuyos antepasados procedían de los desiertos árabes, agradecía la cosntancia del agua. Abajo estaban los jardines, la huerta; abajo, el atareado Guadalquivir y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o que el Cairo, como un complejo y delicado instrumento, y alrededor (esto Averroes lo sentía también) se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno. (...)
Los muecines llamaban a la oración de la primera luz cuando Averroes volvió a entrar en la biblioteca... Sintió sueño, sintió un poco de frío. Desceñido el turbante, se miró en un espejo de metal. No sé lo que vieron sus ojos, porque ningún historiador ha descrito las formas de su cara. Sé que desapareció bruscamente, como si lo fulminara un fuego sin luz, y que con él desaparecieron la casa y el invisible surtidor y los libros y los manuscritos y las palomas ... y los rosales y tal vez el Guadalquivir".

Jorge Luis Borges, El Aleph

miércoles, 3 de junio de 2009

la esfinge

A la esfinge de Aranjuez le ha cambiado la pose.
Es más candor que malicia, aun candor majestuoso.
Ha borrado la ironía de su sonrisa de boca perfecta.
Su mirada impertinente, a veces soñadora, quiere atravesarte.
Espera la respuesta al enigma que tiró de sus ojos a tu cara.
Ella calla, ha olvidado la solución.
Si erras, no te matará.
Y aunque aciertes, no morirá.
Porque aunque esfinges son las esfinges de hoy,
ya no son lo eran.

"Desde un ángulo obscuro de mi estancia, durante más tiempo del que puedo imaginarme, una Esfinge bella y silenciosa me acecha a través de las tinieblas ondulantes.
Intangible y quieta, no se alza ni hace el menor movimiento. Poco le importan las lunas de plata y los soles remolinantes.
En el aire el rojo substituye al gris; las oleadas de luz de Luna vienen y se van, pero cuando llega el alba, ella no se va y cuando vuelve la noche, sigue ahí.
La aurora sigue a la aurora y las noches declinan, y durante todo ese tiempo esta extraña gata permanece extendida sobre el tapiz chino, con sus ojos de raso con orla de oro.
Permanece acostada sobre el tapiz, espiando oblicuamente, y sobre su pecho moreno y dorado ondea su piel suave y sedosa, con estremecimientos que llegan a veces hasta sus orejas puntiagudas.
Acércate ya, mi hermoso senescal, que dormitas en tu postura estatuaria. Acércate ya, ser de una extravagancia exquisita, mitad mujer, mitad animal.
Acércate, encantadora y lánguida Esfinge mía, ven a colocar tu cabeza sobre mi rodilla y déjame acariciar tu pecho y observar tu cuerpo moteado como el de un lince".

Oscar Wilde, La esfinge

jueves, 28 de mayo de 2009

el abismo

Dicen que tuvieron más de un encuentro y aún más de un encontronazo. Ellos, Eugenio d' Ors y Santiago Rusiñol. Dos caras unidas por el canto como Jano, pero sin la esperanza del infinito que siempre les queda a las paralelas. El hedonismo de Rusiñol simplemente se ha hecho proverbio. No sucede así con el insondable fondo mediterráneo de d'Ors, invisible bajo las complacientes olas de la tradición clásica.
Por eso, sin yo saber demasiado, estoy con el señor Umbral "como un romántico, un barroco y un dionisíaco: ahí está el verdadero d'Ors, con perdón de la familia. Fue noucentiste y clasicista por afán de magisterio y unidad, pero tenía su daimon, como Sócrates y Goethe, a los que tanto admiraba".
Aunque las palabras de don Eugenio sirvan por sí solas para convencerme de ello.
(Con Santiago Rusiñol vuelvo otro día)





"Por lo que a mí toca, fiel servidor que me digo de la razón, oso proclamar mi respeto por las heroicas violencias de la pasión. Mi respeto pánico, a la vez imbuido de terrores y de amor. Cuando huyo del delirio, cuando me aparto del pino belvedere, es por miedo al vértigo; es decir, porque, secretamente, me atrae el abismo demasiado. Tal vez he nacido para este abismo: así, para no caer en él, no tengo otro recurso que alejarme y tentar con el pie, para renuevo de mi seguridad, la tierra firme, la dura roca que, sustentándome, me defiende contra mí mismo. Con el tiempo, no obstante, espero alcanzar el poder de copiar la inteligente y voluptuosa lección de Ulises. Y que no me será ya necesario taparme con cera los oídos, como el vulgo de los remeros. Y que me bastará amarrarme sólidamente al mástil y, el oído libre, la curiosidad desvelada, complacerme sin riesgo allí en el canto de las sirenas".

Eugenio d'Ors, Lo barroco

viernes, 22 de mayo de 2009

eterna

Ya me gustaría que esta clarividencia sobre la ciudad, la polis, la tuviese algún gobernante de los de ahora. Uno, con sólo uno me consuelo.



"Construir es colaborar con la tierra, imprimir una marca humana en un paisaje que se modificará así para siempre; es también contribuir a ese lento cambio que constituye la vida de las ciudades. Cuántos afanes para encontrar el emplazamiento exacto de un puente o una fontana, para dar a una ruta de montaña la curva más económica que será al mismo tiempo la más pura...

Pero toda creación humana que aspire a la eternidad debe adaptarse al ritmo cambiante de los grandes objetos naturales...vendrán otras Romas cuya fisonomía me cuesta concebir, pero que habré contribuido a formar.

...Roma debería escapar a su cuerpo de piedra... Roma se perpetuaría en la más insignificante ciudad donde los magistrados se esforzaran por verificar las pesas y medidas de los comerciantes, barrer e iluminar las calles, oponerse al desorden, a la incuria, al miedo, a la injusticia, y volver a interpretar razonablemente las leyes. Y sólo perecería con la última ciudad de los hombres".

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

sábado, 16 de mayo de 2009

el dorado



El mito estaba cerca, en tierra extrema, hacia el oeste. Trujillo, dueña de un oro que se hizo piedra, el único oro que quedó del sueño conquistador.





"El sol desciende lentamente. Poco a poco, al obscurecerse el día, todo se ambarina, la iglesia, los pajaros; los nidos son bermejos; los tejados de la pequeña ciudad se impregnan de un oro fluido.



Deliciosas, destacan, sobre la pared color crema, siluetas desconocidas que la luz desfalleciente orla con un nada de claridad.






Miran por encima de Trujillo, en el poniente, las ruinas de un viejo castillo que las cigüeñas llenan de un rumor melancólico y monótono, y parecen respirar el silencio lleno de oro de la ciudad como se huele el perfume exasperado de una bella rosa de té, buchada de claridades".



Eugenio Demolder, España en auto

domingo, 10 de mayo de 2009

pop español

Así nos anunciamos.
Citando al mismísimo Toro de Osborne.
Dejando las sopas de Warhol sosas.

"Ya queda lejos Aranjuez y aún marchamos protegidos por el toldo de los enormes árboles que bordean el camino y entrelazan sus bien repletas ramas, sin que el sol consiga traspasarlas.
-Si sí, ya verá usted dentro de un kilómetro, que se termina la calle de árboles y no hay uno hasta Villaconejos -informa con grandes risotadas uno de los carreteros. (...)

¿Y la torre de la iglesia, dónde está? El que quiera saber lo que es descubrir a América, que se vaya en carro a Villaconejos. Desde que salimos de Aranjuez, no nos hemos encontrado un alma viviente: tierra, tierra...

De pronto, a lo lejos, una nubecilla de polvo(...) La Corsaria viene guiando el brioso caballo que arrastra el tílburo de don Blas, muy guapa, vamos al decir, muy tranquila, con gesto de duquesa que recorre sus tierras antes de almorzar.
-¿Que tal, Corsaria, cómo es el ganado?
-No lo sé, no lo he visto, un toro con dos pitones, digo yo que será.
-No le pongas motes, vamos a dejarlo en becerro.
-Lo que salga, yo mato lo que salga, que a eso he venido.
-Así me gustan a mí las mujeres, que no se asustan de ná".

Antonio Díaz-Cañabate, Una viajata en carro

lunes, 4 de mayo de 2009

dos impares

"Huye la noche con perezosos pies, tropezando y cayendo como un beodo, al ver la lumbre del sol que se despierta y monta en el carro de Titán. (...)

La tierra es a la vez cuna y sepultura de la naturaleza y su seno educa y nutre hijos de varia condición pero ninguno tan falto de virtud que no de aliento o remedio o solaz al hombre.

Extrañas son las virtudes que derramó la pródiga mano de la naturaleza, en piedras, plantas y yerbas. No hay ser inútil sobre la tierra, por vil y despreciable que parezca. Por el contrario, el ser más noble, si se emplea con mal fin, es dañino y abominable. El bien mismo se trueca en mal y el valor en vicio, cuando no sirve a un fin virtuoso.

En esta flor que nace duermen escondidos a la vez medicina y veneno: los dos nacen del mismo origen, y su olor comunica deleite y vida a los sentidos, pero si se aplica al labio, esa misma flor tan aromosa mata el sentido. Así es el alma humana; dos monarcas imperan en ella, uno la humildad, otro la pasión; cuando ésta predomina, un gusano roedor consume la planta".


William Shakespeare, Romeo y Julieta






Preferencias del pasado, casi infantiles. Tengo mi Julieta, aquella Olivia Hussey de Franco Zefirelli. Menos probable tal vez, hay un Romeo, Toni Isbert de teatro por la tele (no voy a comprobarlo, me limito a evocar cómo lo vi con ojos de niña). Nunca he pretendido enlazarlos más allá de mis recuerdos. Por si resultan una pareja imposible.


martes, 28 de abril de 2009

pesca de altura

Es un cuento ensartado en la novela. Síntesis y parábola del comecome del protagonista (él), que como el burro de Buridán a ratos, a ratos como el perro del hortelano, se queda sin comer, en un estado de vejez anticipada. ¿Y si no se puede tener todo siempre y a mano?




"Un astrónomo alemán vivía, desde hacía una decena de años, en su observatorio, en uno de los picos más altos de los Alpes, entre las nieves eternas. El pueblo más cercano estaba situado a un millar de metros a sus pies y desde allí le llevaba diariamente la comida una niña de doce años. En aquellos diez años, con aquellos mil metros de subida y descenso, la niña había crecido y se había vuelto fuerte y hermosa y el científico la hizo su mujer. La boda se había celebrado un tiempo antes en el pueblo y, como viaje de novios, los recién casados habían subido juntos a su morada...
Así le habría gustado ahora poseerla, a mil metros de distancia de cualquier otro hombre...
-¿Y a tí?- preguntó con impaciencia, en vista de que ella no entendía por qué le contaba aquella historia?-. ¿Te gustaría a tí ir a vivir allí arriba conmigo?
Ella vaciló. Evidentemente, vaciló. Una parte de la historia, es decir, la montaña, la había entendido en seguida. Él no veía en ella otra cosa que el amor, mientras que ella, al instante, sintió el aburrimiento y el frío".

Italo Svevo, Senilidad

domingo, 26 de abril de 2009

Premios observatorio d'Achtall 2009

Por petición de Álvaro y el Obs, y encantada de enlazar.

http://alvaro-hobbyhorse.blogspot.com/2009/04/premios-del-observatorio-dachtall-2009.html







Especialmente alegre por Jose María Peridis: es fantástico y creo que poco habitual, entender como él entiende la arquitectura, sin desvincularla de su razón de ser. Tal vez sea una apreciación personal, pero me trasmite la tranquilidad de un hombre sencillo y un hombre de fe.

jueves, 23 de abril de 2009

con los pies en el suelo

Nada más lejos de la fantasía: "con los pies en el suelo". Lo primero que me vino a la cabeza ante la entrevista a Juan Marsé del ABC del domingo, a propósito de su discurso para el Premio Cervantes que hoy recibe. Allí estaba su amor por El Quijote y su actitud como escritor "Para mí el premio está en la escritura. Los premios no tienen nada que ver con la literatura" o "Defiendo mi derecho a escribir en la lengua que me de la gana" (como siempre, pero aún más desde que tiene el Cervantes, está sembrado).
Sin embargo, él que en otras ocasiones se ha declarado "forofo de la ficción, la realidad no me importa" me ha sorprendido por la debilidad que siente por su primera obra Encerrados con un solo juguete "porque fue la primera, y contiene bastante material autobiográfico. Por esta razón sencillamente. Es una razón muy subjetiva: no tiene nada que ver con la calidad de la obra". Quiero entenderlo como una aparente paradoja: Marsé hace creíble la ficción. La línea es imperceptible. Contribuye a ello el recurrente escenario barcelonés, la precisa toponimia de la ciudad, la descripción casi naturalista de los espacios. Pero no es suficiente, hace falta ese don que Marsé tiene para levantar mundos de verdad en el mundo de la imaginación.
Encerrados con un solo juguete. ¿Qué juguete? La verdad es que vuelvo el pensamiento hacia la primera juventud (no necesariamente paraíso perdido) y sólo hallo la novedad del sexo, el juego al que juegan los mayores. Ese juego al que Marsé acude correcto, pautado, constante en sus novelas.

"No encontró a Julita en casa. Vivía en un piso oscuro y pequeño, con un suelo de ladrillos abollado y trépido, paredes empapeladas y muebles enormes. Estaba situado en un callejón próximo a la calle San Pablo. La hermana de Julita apoyaba la mano en la jamba de la puerta sin dejarle pasar. Dentro había una atmósfera cálida que olía a tabaco rubio y a anís. Oyó una tos de hombre, un tintineo de vasos.
-¿Quieres que le de algún recado cuando vuelva o prefires esperarla?
-Esperaré un rato- dijo él.
Andrés se acercó a la ventana y la abrió... Era un callejón que no paracía tener salida, corto, mojado aun sin llover, de fachadas ceñudas y muy encaradas y una sola bombilla pelada al extremo de un hierro curvado".

Juan Marsé, Encerrados con un solo juguete

jueves, 16 de abril de 2009

inquilinos




Las palabras de García Pavón surgen del arraigo a la tierra, casi tan antiguas como ella. Son reflexiones románticas y a un tiempo asentadas, serenas. El hombre no tiene capacidad de hacer daño a la naturaleza, y eso que lo intenta. La naturaleza lo ignora, más que como a un inquilino, como a un parásito que sólo le da leves picores. Y condescendiente le responde: te dejo vivir, pero de prestado, y hasta cuando yo quiera.
Las palabras de García Pavón oscilan como la naturaleza, entre la belleza y el vértigo.




"A Plinio le tornaba la sensación de que a la pura naturaleza telúrica le sobran los hombres. De que para la tierra, el cielo, y máxime las aguas de los mares y lagunas, el inquilinato de los humanos es condena temporal, que esperan concluya para quedarse solos, sin más ires y venires que los del viento, los temperos y las olas que llegan a la playa cansadísimas.




La quietud de las aguas laguneras, sin más ola que el leve rizo que les saca el aire o el derramarse unas en otras cuando se preñan sus honduras, transpiran desprecio y ganas de quedarse en paz algún día.






El cielo, tan indiferente a las querellas bajas, a los rasguños de cohetes y aviones. La tierra sufirendo sin conmoverse el hurgar de los arados y tractores; las manchas de los pueblos y ciudades, denuncian ansias de vacación. Posiblemente la repulsa que entre sí nos tememos los humanos, nazca de ese forzado inquilinato, de ese pisar y nadar en un medio que nos es hostil, que nos admitió por no sé qué potentísimo compromiso... que un día caducará. Ese será el gran festival de la naturaleza. Perderá su reconcomio de avasallada. Y habrá una gran orgía de árboles que crezcan por dónde y cómo quieran. De mares arrullantes o feroces que modelen las marismas a su capricho. De ríos desmadrados que jueguen a inundar caminos, carreteras de asfalto y urbanizaciones horribles... Y los nichos y tumbas sin enjabelgar, hasta los panteones de los señoritos estilo modernista, caerán al suelo haciéndose polvo y devolviendo a la tierra los huesos innecesariamente conservados..."


Francisco García Pavón, Voces en Ruidera

viernes, 10 de abril de 2009

cara y cruz



Un único poeta en un mismo lugar.
Con percepciones distintas y además compatibles.
Todo se ajusta al tópico y a la realidad.


“La Semana Santa de Sevilla, con sus esculturas artísticas, sus palios lujosos, sus pasos con imágenes de arte, sus vírgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo oro, terciopelo, hierro, y más oro; y las saetas, esos cantes que brotan en su aguda tristeza, quejidos del pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una raza”.



"El turismo viene, por moda, a la Semana Santa. Es decir, a pagar cuentas enormes de hospedaje, a dormir sobre una mesa de billar a veces, y a ver pasar las procesiones, entre católicos irreligiosos, santos macabros, cristos lívidos y sangrientos con cabelleras humanas. Al mismo tiempo, el viajero escuchará los gritos extraordinarios de las saetas y las carceleras".

Rubén Darío, Tierras solares

martes, 7 de abril de 2009

asociación de ideas


Ejemplo: Dalí y Boadella, dos españoles que me hacen múúúúúúúúúúúúúcha gracia.
Asociación de ideas, de sueños, de recuerdos... Como en un tesauro: no hay palabra a la que yo no encuentre relación.

"PERIODISTA 4._ Señor Dalí, ¿qué sentido tiene hoy pintar un cuadro que ya está pintado?

DALÍ._ Si el burócrata de Bacon osó hacer una versión del maestro Velázquez, Dalí, por el mismo precio, hará una genialidad, pero ¡con huevos, sin bacon y sin plato!"




"Se observa a sí mismo, convirtiéndose en espectador de un recuerdo de su infancia.
Antes de que la pelota caiga sobre el teclado, DALÍ NIÑO la coge, e impulsivamente, la aprieta contra su pecho.
Por alguna razón, lo que acaba de hacer lo relaciona con alguien.
Mira hacia la izquierda imaginando que este alguien entrará por allí, y sin poder contener el placer que le provoca este imaginario, se coloca la pelota por dentro de la chaqueta y fantasea tocar el pecho de una mujer. La estruja con fuerza.
De golpe, como iluminado, saca la pelota de la marinera y comienza a maquinar la mejor manera para satisfacer un placer clandestino sin errores. (...)
Coloca la pelota un paso hacia atrás y mira hacia el escondite. Considera que, ahora, la pelota ya está en el lugar preciso. La coge y se abre de piernas. Orina en el punto exacto en el que se halla la pelota. Su pipí es una larga cinta amarilla que cae con fluidez desde su bragueta. No deja de mirar hacia la izquierda, no le fuesen a sorprender antes de acabar la tarea".
Albert Boadella, Daaalí

jueves, 2 de abril de 2009

el chiringuito




No es la canción de Georgie Dann, pero será tema del verano. La cantan Los Parlamentarios, unos teloneros que no se prodigan mucho por los escenarios. Lo cuenta la prensa de hoy.
Lo del chiringuito es pecata minuta si se compara -sin ir más lejos, un par de metros- con la banda de asfalto de los paseos marítimos. Esa línea continua que sirve para que no confundamos la arena con el apartamento. La que da el alto al traje de baño ahí donde nos viste y nos calza. La raya en la que la toilette se hace en público. La de las farolas fernandinas, las baldosas setenteras y el carrilbici siglo XXI.
Es sólo un ejemplo, aunque supongo que insuficiente para parecer políticamente correcta. Porque si algo me gusta de la playa es precisamente el chiringuito.