vividos, viajados o sencillamente imaginados






martes, 18 de noviembre de 2008

y vivir sin verlo

"Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone mantener una lucha justa contra la infelicidad, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra la pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza (...)"
"La máquina gira, gira, y debe seguir girando siempre... las ruedas deben girar continuamente pero no al azar".

Ya se sabe, ojos que no ven... Pero pasado el tiempo se ha comprobado que el soma no es cien por cien efectivo. Por ejemplo, hay propuestas para cobrar entrada a la puerta de los campos de etiqueta (llámense parques naturales o reservas de la biosfera).
Huxley ahí no estuvo ágil: lo del desarrollo sostenible se le escapó.

"Londres se empequeñecía a sus pies. En pocos segundos, los enormes edificios de tejados planos se convirtieron en un plantío de hongos geométricos entre el verdor de parques y jardines (...)

Las prímulas y los paisajes, explicó, tienen un grave defecto: son gratuitos. El amor a la naturaleza no da trabajo a las fábricas. Se decidió abolir el amor a la naturaleza ... pero no la tendencia a consumir transporte. Porque era esencial que siguieran deseando ir al campo aunque lo odiaran".
Aldoux Huxley, Un mundo feliz


miércoles, 12 de noviembre de 2008

ver sin vivir



"No tuve más remedio que apencar con Viella, capital del valle de Arán, que como paisaje de valle, dudo mucho que haya nada semejante en el mundo, pero que como secretaría judicial… En los tiempos (1927) en los que fui a tomar posesión de mi destino, por el mes de noviembre, para llegar a Viella había que pasar por Francia, porque el valle de Arán quedaba incomunicado por las nieves con España...
Llegamos a Viella una tarde a las cuatro.
-Vamos a la fonda –insinuó el juez-; vendrán ustedes cansados. Nos sentaremos a la lumbre, que ya va haciendo fresco.
Lo que hacía era un frío endemoniado. (…)
-¿Cenarán ya? – pregunto.
-¿Ya?
Miré el reloj. Las cinco menos cuarto. El juez sonrió.
-Aquí la costumbre es cenar a estas horas, porque en cuanto es de noche el frío impele a uno a la cama.
-Pero ¿a que hora impele?- me atreví a demandar.
-Pues sobre las ocho. Antes solemos jugar una partida de tute. (…)
-Dígame, señor juez ¿y mañana a qué hora sale el autobús para Foix? …
-¿El autobús? ¿Mañana? … ¿Por qué lo pregunta usted?
-Por nada, porque yo, con el permiso de usted, pues mañana, a la hora que salga el autobús…, a lo mejor… pues nos vamos de aquí mi mujer y yo.
-Pero ¿adónde?
-¿Cómo que adónde? Adonde sea, a Francia, a España, a París, a Madrid...; pero acostarme a las ocho de la noche, de ninguna manera.
… Y nos fuimos al día siguiente a las siete en punto de la mañana”.

Antonio Díaz-Cañabate, Historia de una taberna






Lugares que vemos y no vivimos. Es divertido y aventurero y culto cambiar de aires unos días, observar con altivez de entendido las costumbres del paisanaje, preguntar por sus sencillas condiciones de vida, pasear entre la rusticidad de sus viviendas. Todo en las antípodas de las comodidades de ciudad, para convertirse en tema de conversación de trotamundos ocasional ya ansioso de regreso. Son rincones perdidos que nos venden bajo el lema "con encanto", falsos descubrimientos que compramos para alimentar nuestra frivolidad.

viernes, 7 de noviembre de 2008

la maja desnuda

Quitarse la ropa y quedar despojada de su rango de catedral fue todo uno. La Seu Vella, desdeñosa de retablos y altares, relicarios y baldaquinos, muestra sus líneas en la cima de Lérida, templada en su sangre, su nervio y su hueso ...


Y así ha cautivado el ojo del gentil, ese que no se encandila con la que se asienta en los bajos de la ciudad, la oficial, catedral antes monalisa que maja vestida, la de túnica talar de seda, gélida, neoclásica, la que no se asoma por estas páginas.


"La catedral es un cascarón vacío (...) Pero la desnudez realza su arquitectura. Al ser ésta lo único a la vista, su estilo es más evidente y sus detalles se pueden apreciar mejor; desde las bóvedas a las columnas, desde los nervios de aquellas al espectacular cimborrio que da luz a todo el templo y el altar.

El claustro se abre a los pies del templo... El viajero está tan impresionado que sólo tiene ojos para los afiligranados arcos, altos como si fueran de triunfo y anchos como miradores, y para la vegetación que se atisba a través de ellos... "

Julio Llamazares, Las rosas de piedra

lunes, 3 de noviembre de 2008

la línea roja

Y me dirás que no valen metáforas ni símbolos.

Pues aunque fuera un cadáver desnudo
por la presión del deseo estoy mudo
esta es la ley del embudo
sí señor.
Y con los brazos en cruz
te me haces transparente
y eres como una balanza
con las pesas
colgando por dentro.
Y siento agujas de hielo
en tu aliento
y sé que hay gente
esperando en la calle
eres un valle salado
yo soy noctámbulo viento.
Dices que soy un vulgar caradura
pero tú te aprovechas de la luz al bailar
y se te ve la costura
de hilo rojo infinito.
Radio Futura, 37 grados

martes, 28 de octubre de 2008

un dublinés

En días como éstos, de difuntos y santos, Joyce ordena con sus palabras nuestros pensamientos.

"Sin embargo, -continuó Gabriel, con una inflexión más delicada-, las reuniones como ésta no pueden evitar el acoso de pensamientos más tristes, rememoraciones del pasado, de la juventud, de cambios, de rostros que esta noche echamos de menos. Nuestro paso por la vida está profusamente sembrado de tan tristes memorias a las que acudimos con melancolía siempre que nos resulta imposible hallar el modo de afrontar con coraje nuestra labor entre los vivos. Todos tenemos deberes y afectos que re­claman, con razón, nuestro esfuerzo más cons­tante y tenaz. De modo que no me entretendré en el pasado. No permitiré que ningún tétrico moralismo se introduzca esta noche entre nosotros".

James Joyce, Los muertos

lunes, 27 de octubre de 2008

otro dublinés

Joyce lleva a imprenta un callejero en el que sitúa con minuciosidad cartográfica el desarrollo de la acción, de tal modo que la fisonomía de la ciudad se nos representa en los personajes que acoge.
Perspicacia e introspección son derroche de artista: Joyce es el único responsable de que Dublín sea una ciudad tan bien contada.
Sus personajes son además universales y atemporales, tanto que nos recuerdan a alguien, y un poco más allá, incluso a él mismo.

"Trató de sopesar su alma para saber si era un alma de poeta. La nota dominante de su temperamento, pensó, era la melancolía, pero una melancolía atemperada por la fe, la resignación y una alegría sencilla. Si pudiera expresar esto en un libro quizá la gente le hiciera caso. Nunca sería popular: lo veía. No podría mover multitudes, pero podría conmover a un pequeño núcleo de almas afines… Persiguió sus sueños con tal ardor que pasó la calle de largo y tuvo que regresar... La luz y el ruido del bar lo clavaron a la entrada por un momento."

James Joyce, Una nubecilla

jueves, 23 de octubre de 2008

morriña


Morriña, como el gato que quería ser león...


“Cuando un hombre consigue llevar a la fraga un alma atenta, vertida hacia afuera, en estado –aunque transitorio- de novedad, se entera de muchas historias. No hay que hacer otra cosa que mirar y escuchar, con aquella ternura y aquella emoción y aquel afán y aquel miedo de saber que hay en el espíritu de los niños”.


"La fraga es ella misma un ser compuesto de muchos seres. Como la ciudad. Pero es más varia que la ciudad, porque en la ciudad el hombre lo es todo y su carácter se imprime hasta el panorama urbano, y en la fraga el hombre resulta apenas un detalle del que se puede prescindir.


Hasta no es muy seguro que el hombre sea también en la fraga la conciencia de la naturaleza, porque cuando el lagarto se queda inmóvil, como una joya verde y añil abandonada sobre una roca, o la urraca se detiene en un árbol a mirar con sus ojos pequeñitos los charcos que brillan y las hojas que tiemblan, o el penacho apretado y tierno de un pino de cuatro años se asoma sobre el tojo, podría jurarse que de alguna manera sienten en su sangre o en su savia la dulzura, el misterio y el encanto de aquel lugar”.

Wenceslao Fernández Florez, El bosque animado



El bosque se ha transplantado al cine en dos ocasiones. Hay una película de hombres y otra película de animales. Dos cintas que no se contradicen. Ambas reflejan la vida en el bosque, más aún, el particular universo gallego. En ambas la vegetación y el suelo, el aire y el agua resultan elementos comunes, aglutinantes, interlocutores. Afirma el escritor que el bosque está compuesto de muchos seres, pero esa mezcla sólo existe en la realidad y en la ficción literaria. El cine, honesto, sin recurrir a trucos rogget rabbit, ha tenido que desdoblarla. Supuestas carencias y querencias sentidas.

sábado, 18 de octubre de 2008

geografía política

Geografía cuadriculada. Cuadratura del planeta. Trazo a cordel con pasado colonial. Geometría con obra maestra en las sublimes cuatro esquinas de los usa.



Australia
. País que se encuentra en los mares del Sur y cuyo desarrollo industrial y comercial se ha visto inexplicablemente retrasado por una inoportuna disputa entre los geógrafos sobre si se trata de un continente o una isla.

Camino. Franja de tierra por la cual uno puede desplazarse desde el aburrido lugar donde se encuentra a otro punto al que es inútil llegar.

Diestra (a la). Estado de encontrarse en el lugar apropiado (Véase Político).

Divorcio. Reanudación de las relaciones diplomáticas y rectificación de las fronteras.

Exiliado. El que sirve a su país residiendo en el extranjero, aunque no es embajador.

Extranjero. Perteneciente a un país inferior.

Frontera. En política, línea imaginaria entre dos naciones, que separa los derechos imaginarios de la una de los de la otra.

Geógrafo. Que puede explicarnos despreocupadamente la diferencia entre el exterior del mundo y el interior.

Inmigrante. Persona desinformada que cree que un país es mejor que otro.

Istmo. Sede de un canal.

Metrópolis. Baluarte del provincianismo.

Probable. Que, cuando lleguemos al cielo, encontremos que otros ya se han apropiado de las mejores parcelas considerándolas “tierras deshabitadas”.

Puerto. Lugar en el que los barcos que se refugian de las tormentas se ven expuestos a la furia de las aduanas.

Ambrose Bierce, El diccionario del diablo (trad. V. Campos)


En ocasiones puede Bierce resultar desfasado, pero gran parte de las acepciones de su diccionario son de alcance universal. Rotundamente universal si nos fiamos de Henry Miller, para quien no debe faltar en la biblioteca de un manicomio.

Bierce atrapa la sátira, el cinismo bien entendido y el ingenio, y más allá de sus columnas periodísticas (hay un fructífero periodo en que trabaja a las órdenes de un entonces joven Randolph Hearst) envasa -en el hoy tan in género del diccionario- un catálogo de términos cuya acepción correcta, políticamente correcta, ignorábamos: dispuestos en orden pero sacados de quicio, para que entendamos todo de una vez por todas.

lunes, 13 de octubre de 2008

la ciudad de la luz

Así proclaman las mayúsculas en los folletos de las agencias de viaje.
Nada que ver con el viaje al fin de la noche.
Es éste un viaje, en toda regla, fuera de mapa.
Un viaje que no se oferta.
Un viaje que podría ser un viaje a cualquier sitio.
Y Céline que insiste: es París.
"En el gran abandono lánguido que rodea la ciudad, allí donde la mentira de su lujo va a chorrear y acabar en podredumbre, la ciudad muestra a quien lo quiera ver su gran trasero de cubos de basura. Hay fábricas que eludes al pasear, que exhalan todos los olores, algunos casi increíbles, donde el aire de los alrededores se niega a apestar más. Muy cerca, enmohece la verbenita, entre dos altas chimeneas desiguales; sus caballitos pintados son demasiado caros para quienes los desean...

Todo son esfuerzos para alejar de aquellos lugares la verdad, que no cesa de volver a llorar sobre todo el mundo; por mucho que se haga, por mucho que se beba, aunque sea vino tinto, espeso como la tinta, el cielo sigue siendo igual allí, cerrado, como una gran charca para los humos del suburbio".

Louis Ferdinand Céline, Viaje al fin de la noche

domingo, 5 de octubre de 2008

naturaleza de mínimos

Cierto que me han sorprendido la reflexión y la descripción de Fernán Caballero. Como huída del tópico del paisaje pintoresco, bien, al fin y al cabo ella es uno de los referentes de la literatura realista. Otra cuestión es que por distinto camino alcance la contemplación del paisaje en término semejante a como lo hizo el Romanticismo. Y a buen seguro que el camino de la escritora es más corto.

Ornamentos los imprescindibles, dramatismo el justo. Esta naturaleza de mínimos, que tampoco pide mucho, pone en guardia los sentidos y despabila el corazón.

"Se alegraba su ánimo al contemplar aquel espléndido cielo, pues como dice Lamartine, allí donde el cielo sonríe, impulsa al hombre a sonreír también. Admiraba horas enteras la reventazón de las olas del mar, que en tan airoso y grave movimiento se henchían para extenderse en espumoso torbellino sobre la dorada arena. Complacíase en observar las formas caprichosas de las rocas, esas masas anfibias, alternativamente cubiertas por las olas y alumbradas por el sol, insensibles a las caricias de éste y a la amargura de aquéllas, pues nada temen y nada esperan.

Todo aquello le infundía mil sensaciones y pensamientos, pues como dice Balzac: le paisage a des idées; el paisaje tiene ideas.



Es cierto que el paisaje que la rodeaba, compuesto por el mar y un coto de tierra llana, sin accidentes de terreno, sin árboles, sin agua, ni más señales de habitación humana que la cuadrada y pesada mole del caserío que habitaban, no pertenecía al orden del paisaje que se denomina ameno o romántico; y no obstante, ¿cuál es el encanto que existe en una naturaleza inculta y uniforme? ¿Por qué infunde ésta ideas alegres y elevadas, mucho más que lo hacen los frondosos paisajes, con sus bosques, sus quebradas, sus arroyos, sus variadas vistas, en las que todo se mueve, se engalana, se agrupa vistosamente? Puede que el amor al país y la costumbre participen al primero su encanto; puede que sea un sentir peculiar a la persona que esto escribe; pero ello es que una dehesa uniforme con su sello de primitiva y libre vegetación, un cielo puro y alto, un mar azul que compite en brillo y grandeza con el cielo, un caserío austero y grandioso, cuidando de su fuerza sin atender a su adorno, le parecen llenos de una majestad serena que ensancha el alma e impregna el ánimo del tranquilo goce de la soledad y de la gran sensación de lo infinito. Parece allí la tierra más humilde y el sol más sonriente, si es lícito expresarnos así. Es allí el aire más puro y más balsámico, profusamente impregnado como se halla del enérgico perfume de las silvestres plantas. Pocas cosas distraen la contemplación en aquella grave naturaleza, que parece ella misma meditar abstraída".

Fernán Caballero, Clemencia

viernes, 3 de octubre de 2008

y lo que te rondaré...

"Toledo posee el color, la rudeza, la enérgica miseria de la sierra en que campea y a cuyas recias articulaciones dan desde luego una impresión de energía de pasión. Es menos una ciudad, cosa ruidosa y apegada a las comodidades de la vida, que un lugar significativo para el alma. Bajo la cruda luz que presta a cada arista de sus ruinas un vigor y precisión en los que se sienten fortificados los más muelles caracteres, es al mismo tiempo misterioso, con su catedral que surge hacia el cielo, sus alcázares y sus palacios, que sólo adquieren vida en los patios invisibles.
...Así de invisible y secreto en este áspero país tórrido, Toledo se revela como una imagen de la exaltación en la soledad, como un grito en el desierto".

Maurice Barrès, "Un amateur" de almas


"¿Cómo revelar los grandes movimientos monocromos de esa tierra violácea y ocrosa? Sería necesario marcar su color y sus curvas, y después también hacer sensibles las partes nutridas, pesadas, en donde ningún edificio es notable, pero que precisamente tienen la belleza de los grandes espacios llenos de arquitectura".
Maurice Barrés, Greco o el secreto de Toledo

domingo, 28 de septiembre de 2008

fuera de mapa (V) Valle Inclán, ya otoño

El laberinto de amor y muerte de la Sonata de Otoño está en Galicia. Allí, en su tierra, situó Valle Inclán esta historia de reencuentros y despedidas. Como las otras tres, la Sonata de Otoño fue corregida continuamente por el escritor, rehecha durante toda su vida. La última versión de las sonatas es editada en 1933, inmediata al periodo en que Valle Inclán trabaja en Aranjuez como conservador del patrimonio y director del museo.

Estamos en 1931, aunque los jardines de Aranjuez ya eran viejos conocidos de Valle, a veces a través de una percepción tan similar a la de Rusiñol, cuya obra fue comentada y admirada por el escritor en diversas y anteriores ocasiones. Valle se instala en Aranjuez casualmente a los dos meses de morir el pintor. Son unos y otros jardines decadentes percibidos de un modo similar, donde el espacio y el tiempo no interesan, si acaso la condición de las estaciones.

El escenario de la Sonata de Otoño no me resulta ajeno: sin necesidad de viajar avanza la historia de Bradomín que, a decir verdad, es lo de menos. Los elementos que pueblan la Sonata, símbolos, y por ello más protagonistas que sus personajes, propician esta dulce confusión. Un paseo de otoño que no evita los rincones más prosaicos, me arrastra por las atemporales palabras de Valle.



"El jardín y el Palacio tenían esa vejez señorial y melancólica de los lugares por donde en otro tiempo pasó la vida amable de la galantería y del amor… ¡Hermosos y lejanos recuerdos! Yo también los evoqué un día lejano, cuando la mañana otoñal y dorada envolvía el jardín húmedo y reverdecido por la constante lluvia de la noche…


...Recorrimos juntos el jardín. Las carreras estaban cubiertas de hojas secas y amarillentas, que el viento arrastraba delante de nosotros con un largo susurro: Los caracoles, inmóviles como viejos paralíticos, tomaban el sol sobre los bancos de piedra: Las flores empezaban a marchitarse en las versallescas canastillas recamadas de mirto, y exhalaban ese aroma indeciso que tiene la melancolía de los recuerdos. En el fondo del laberinto murmuraba la fuente rodeada de cipreses, y el arrullo del agua, parecía difundir por el jardín un sueño pacífico de vejez, de recogimiento y de abandono".

Ramón del Valle-Inclán, Sonata de Otoño

sábado, 20 de septiembre de 2008

fuera de mapa (IV) Valle-Inclán



Lealtades en un calendario de soles eclipsados y lunas plenas. Paso de estaciones, cambio de vagón sin bajar del tren. Final de verano, aún verano.




"La gran llama de la pasión, envolviéndonos toda temblorosa en su lengua dorada, nos hacía invulnerables al cansancio, y nos daba la noble resistencia que los dioses tienen para el placer...
Y la niña Chole se estremecía en delicioso éxtasis, y sus manos adquirían la divina torpeza de las manos de una virgen. Pobre Niña Chole, después de haber pecado tanto, aún no sabía que el supremo deleite sólo se encuentra tras los abandonos crueles, en las reconciliaciones cobardes. A mí me estaba reservada la gloria de enseñárselo. Yo, que en el fondo de aquellos ojos creía ver siempre el enigma oscuro de su traición, no podía ignorar cuánto cuesta acercarse a los altares de Venus Turbulenta. Desde entonces compadezco a los desgraciados que, engañados por una mujer, se consumen sin volver a besarla. Para ellos será eternamente un misterio la exaltación gloriosa de la carne".

Ramón del Valle-Inclán, Sonata de estío

domingo, 14 de septiembre de 2008

todas iguales (ellas también)



Comparto la reflexión de mi paisano (cuyo nombre se me figura un baile de letras, silbante y aliterado, con el de aquel otro que también dejaba correr tinta por Getafe, Silverio Lanza).

Como decía, todas iguales: autobahn Kraftwerk, highway ACDC, autopista Intocables.
El peaje no garantiza el paraíso, aunque te deja cerca de él.


"...no tuve conciencia de estar allí hasta que nos apartamos de la autovía y comenzamos a circular por carreteras de segundo orden. Diríase que al hacer las autovías los contratistas se ocupan de lograr que sus flancos resulten anodinos, dondequiera que la autovía se encuentre. Será para mejorar la seguridad vial.

... Pronto salimos del casco urbano y enfilamos la autovía. Produce un malvado placer ir por la carretera con un coche de la Guardia Civil, y observar cómo todos fingen ir muy modositos a 120 durante el tiempo que tardan en rebasarte. Para permitírselo, y para no crear mayor peligro, se suele ir a 110, salvo emergencia. Chamorro seguía esa precaución, como otras, aunque siempre había quien te pasaba a 180 sin mayor reparo. Eso fue lo que nos pasó con un cincuentón en un Mercedes a la altura de Alcalá".

Lorenzo Silva, El alquimista impaciente

lunes, 8 de septiembre de 2008

romería



No sé si está admitido ir de romería a lomos de un blog, como a la que se convoca los ocho de septiembre en San Andrés de Teixido. Aunque yo el trabajo de la visita ya lo tenga adelantado, por aquello de que si no iba de viva luego me tocaba hacerlo de muerta.





“Manzanas generadoras y diosas de la fertilidad: no terminan ahí los argumentos de quienes ven un trasfondo dionisíaco en las devociones a San Andrés.
… También se dice que los juncos de Teixido tienen virtudes preñadoras. Y si no los juncos, desde luego las tienen el bullicio, promiscuidad, bailes y libaciones (con su pequeña siesta) que puntean la jornada del peregrino.



…Una ley no escrita prohíbe pisar reptiles en los alrededores del templo, pues la imaginación de los romeros ve en ellos almas en pena acudiendo de tal guisa a su cita con el santo”.

Fernando Sánchez Dragó, Gárgoris y Habidis

miércoles, 3 de septiembre de 2008

va por ustedes



El mantecado de Juncal es como la magdalena de Proust. Más allá de los toros. Como sustancia nutricia que sabe conducir por el callejón de la memoria.

Para vous, vousa y vuestros vousitos, que sois todos los que gustan de estas letras: no sólo los que se saben (y teatralizan) los guiones de Jaime de Armiñan ... también aquellos otros que adoran la poesía de las Vainica. O ambas cosas.



"Quién es la maravilla
que arma la marimorena?
Un torero de Sevilla
con sangre murciana en sus venas.
A Dios le rezo y pido
que le acompañe en la arena
la Virgen de los Peligros
y también la Macarena.
Juncal es un torero
más artista que Belmonte,
más valiente que Espartero,
triunfal con el capote,
genial banderillero.
Juncal es el lucero,
más brillante de la plaza,
más valioso que el dinero,
la sal de nuestra raza,
arrogante y bandolero
y muy cabal.
Juncal es un torero
más artista que Belmonte,
más valiente que Espartero.
Juncal es el primero,
Juncal, el caballero
ante el cual todos los hombres
nos quitamos el sombrero,
Juncal es el torero ¡Olé!
genial, inmortal ¡y Olé!
¡Olé, Olé tu salero!
No tienes rival ¡y Olé!
en la Fiesta Nacional!"

Vainica Doble

domingo, 31 de agosto de 2008

todos iguales







Coleccionar. Primero fueron los tesoros medievales, luego las cámaras de las maravillas renacentistas, sin salir de los palacios, nobles o regios. Había de todo, como en un bazar del lujo, como en una botica preparada contra el mal del tedio. La Ilustración inventa el edificio exento para albergar esas obras únicas con cierto criterio, más que nada porque ya no cabían en casa. Y vinieron las guerras, las conquistas y los botines arrebatados. Y aún hubo tiempo para que los eruditos pusiesen orden -al servicio de las identidades nacionales- a tanto caos de arte y cultura. Hoy, cuando la individualidad es un pecado político, porque sólo la economía hace al hombre, ésto de los museos queda en infantil y mercantil intercambio de cromos, que se pegan en cualquier hueco, porque todos los álbumes son iguales.

lunes, 25 de agosto de 2008

a trasmano





Cruce de caminos, centro de comarca. Vida de mercado. Con su Catedral, su Univeridad, sus personajes ilustres. Prerromana primero, luego viva en todas las culturas a través de los siglos. Y hoy... a trasmano del viaje apresurado o presuroso
Guardiana de luz de ámbar y especias.




Como la nieve fluye y va sonora
de haber sido silencio, así mi olvido
de las cumbres del ser en que ha dormido
baja al tiempo natal y fluye ahora.

Ya es celeste el hollín en la herrería
y el chirriar de la rueda con estopa
del cordelero y riza la garlopa
una miel inmortal de todavía.

Vuelve la yunta de ganar el valle
con su lanza arrastrada y la campana
vuelve a pasar entre la luz y el puente.
Vuelve el mercado a empavesar la calle
con soportales. Vuelve todo y mana
el para siempre ayer eternamente.

Dionisio Ridruejo, El Burgo de Osma

lunes, 18 de agosto de 2008

sin señalizar



Hoy llegamos motorizados a pie de obra. Y aun así, quedamos encantados con lo que a nuestros ojos se descubre. Pero lo que ahora consumimos a ritmo de fast food, formaba parte de un viaje más prolongado y supongo, más sabroso. Remito por ello a las palabras de Manuel Gómez Moreno, uno de los padres de nuestra historia del arte, quien se permite ir más allá de los secos análisis científicos al describir el ambiente y el entorno… y quien añade hasta información propia de una guía de viajes. Porque la señalética es parte del paisaje desde hace muy poco.

“El camino para ir allí desde León ofrece algunas dificultades, por no ser transitable para coches desde que se aparta de la carretera, al pie de la meseta de Lancia. Ha de irse pues, a caballo, o bien seguir adelante en coche hasta pasado el puente de Masilla, y luego, a mano izquierda, por otra carretera que bordea la orilla izquierda del Esla, hasta llegar a Villamondrín, frente a Escalada. La excursión ha de hacerse durante un día… porque no hay alojamiento alguno y para obtenerlo habría que llegar hasta Gradefes o hasta Mansilla.
El edificio existe en un rellano, por encima del camino que va a Rueda del Almirante, dominando la amplia vega del Esla, de cara la sol y dispuesto a media ladera de un pelado cerro, que antes llevó encinas… Del claustro y viviendas monásticas no quedan ya ni aun los tapiales que fotografías antiguas acusan; a la espalda, contra el muro septentrional de la iglesia, van aglomerándose las arcillas del monte, arrastradas por la lluvia, y una soledad absoluta la envuelve...”

Manuel Gómez Moreno, Iglesias mozárabes

martes, 12 de agosto de 2008

quien te ha visto...

Es difícil escapar del culto a las ruinas. Tal vez sea por lo que las reconstrucciones históricas de Robert Graves me enganchan, desde su ausencia de melancolía y énfasis. Porque suenan reales, directas. Y más creíbles.
A veces olvido que en estos espacios consumidos hubo una vida original, contemporánea a su gloria, ajena al expositor en que hoy se ha convertido.
Las labores del hombre -piedra sobre piedra- están barridas. Pero las colinas de Roma permanecerán, prácticamente inalteradas, tranquilamente indiferentes.



“En Roma vivíamos en una enorme casa que había pertenecido a mi abuelo, y que éste había legado en su testamento a mi abuela. Estaba ubicada en el monte Palatino, cerca del palacio de Augusto y del templo de Apolo construido por Augusto, donde estaba la biblioteca. El monte Palatino dominaba la plaza del Mercado. Bajo la parte más empinada del risco se hallaba el templo de los Dioses Gemelos. El aire era más saludable en la colina que abajo, en el hoyo junto al río”.

Robert Graves, Yo, Claudio

jueves, 7 de agosto de 2008

descubrir américa




Navegar. Tantos grados con tantas acepciones. Con este calor que hace estragos. En vísperas de la Virgendeagosto se desmadeja el santoral. Santo y seña. Nuevo rumbo.

medida la Pinta,
cuerpo y espuma la Niña
patente de corso la San…

lunes, 4 de agosto de 2008

todo fluye

Entre el agua y el alcohol el clochard Andreas resurge en retazos de vida pura y limpia. Un camino de santidad desde la penumbra del puente hacia la claridad contenida en la botella.
Al otro lado de los otros hombres, sumido en el delirio, allí ... allí nada permanece.


“Un atardecer de la primavera de 1934, un caballero de edad madura descendía por las escalinatas de piedra que, desde uno de los puentes sobre el Sena, conducen a la orilla. (…) allí suelen dormir, o, mejor dicho, acampar los clochards de París.
Andreas se levantó más temprano que de costumbre, pues había dormido insospechadamente bien ... buscó un punto bastante solitario de la orilla del Sena, para lavarse por lo menos la cara y el cuello. Mas como le parecía que en todas partes podía haber personas, personas desgraciadas como él mismo, personas que podían ver cómo se lavaba, renunció por fin a su propósito y se contentó con sumergir sus manos en aquellas aguas ... y se sintió completamente limpio y como transformado”.
Joseph Roth, La leyenda del Santo Bebedor