vividos, viajados o sencillamente imaginados






domingo, 1 de junio de 2008

lo que hay que ver...


¿Quién dijo que viajar es placentero? Esto no es viajar. Son cosas de las obligaciones protocolarias. Y además, al estilo de los circuitos turísticos que nos contaba Gila, desilusión ante el tópico monumental incluida. Enrique Jardiel tampoco disfrutó del viaje (bueno, sí, mientras lo relataba), su libro no fue entendido. No se trataba de un ataque a la divinidad, sino a la estupidez humana.
Nota: me ha sido imposible encontrar fresa de Aranjuez para la fotografía.

“El centro de España era la provincia de Madrid, y el centro del centro, el Cerro de los Angeles. Dios iba a descender junto al monumento a su Hijo.
"LUEGO VISITARE LO RESTANTE".—También esto aparecía claro. Visitada España, Dios se dirigirá a visitar el resto de la Tierra.
"MI PRESENCIA SERA EN EL CENTRO, el Cerro de los Angeles. Dios iba a descender junto al monumento a su Hijo.
Dios acentuó otra vez su sonrisa, y perdiendo la mirada en el árido paisaje que corría ante la ventanilla, al fondo del cual aún se distinguía la cúspide del Cerro de los Ángeles, dejó escapar:
-¡Los reporteros!... ¿Qué vas a mi a decirme, hijo, que vas a mí a decirme?...
Suspiró:
-He conocido de cerca los primeros reporteros de la Tierra, …me refiero a los evangelistas…Todos fueron testigos presenciales de la catástrofe, y sin embargo, cada cual contó la cosa de un modo diferente…

La multitud estuvo a punto de arrollar a Dios.-
Hubo que escoltarle hasta Getafe y con ese motivo se produjeron desórdenes y víctimas.-
El Agnus Dei, suelto, fue a estrellarse en los alrededores de una aldea de la provincia de Soria.-

EN EL ESCORIAL
De El Escorial dijo:
-Creí que era más grande
EN ARANJUEZ
En Aranjuez le dieron fresa de otra parte, lo que le hizo preguntar:
-Para comer fresa de Aranjuez, ¿adónde hay que ir?
Y se le contestó que a Valencia (Añadiéndole que para comer naranjas de Valencia tendría que ir a Londres.)

EN SEGOVIA Y ANTE EL ACUEDUCTO
…cuando le dijeron que el Acueducto había sido construido en una sola noche por el Diablo, protestó despectivamente:
-¡Ése qué va a hacer!

EN TOLEDO
Toledo no le gustó.
-Hay demasiadas cuestas, demasiados cadetes, demasiado mazapán y demasiadas posadas donde se han escrito libros famosos”.
Enrique Jardiel Poncela, La “Tournée” de Dios

martes, 27 de mayo de 2008

universo a escala

Los mercados son agradables. El del Val aún transmite el aire de familia de los clientes y los puestos de toda la vida. Su aspecto es modesto pero se le adivina el orgullo de haber sobrevivido a los derribos que terminaron con casi todos ellos.



“Me gustaba el mercado por fuera, con su aglomeración de obreros, meretrices, encantadores de serpientes, exploradores apócrifos que vendían productos exóticos y montañeros igualmente apócrifos que habían bajado de las cumbres saludables con el caramelo de los Alpes para la tos. (…) Un viaje alrededor del mercado, pues, podía ser como un viaje alrededor del mundo...

No me regía ya, dentro de la galaxia confusa y olorienta del mercado, por las leyes de la deuda, la trampa y el precio, sino por la ley más implacable del amor, a pesar de lo cual siempre temía encontrarme a la chica por algún sitio, pues a ella, a media mañana, le gustaba darse un paseo por todo el mercado saludando a los otros tenderos y recibiendo el homenaje macho y vegetal de los hortelanos: haciendo, en fin, un poco de vampirtismo en aquel mundo que era su reino, un reino de frutas, lenguados muertos, corderos como víctimas y comadres como brujas.(…)



Y el mercado… se fue transformando así en el lugar de mis sueños, y las frutas se encendieron como luces, y los pescados se volvieron de plata, y las naranjas de oro, y la carne era como un tributo sangriento a mi diosa, y todo era una fiesta donde los vegetales perfumaban intensamente, los panes eran panes de oro y los quesos eran eunucos que codiciaban a mi reina, presos en sus vitrinas de cristal".



Francisco Umbral, Las Ninfas


viernes, 23 de mayo de 2008

la vía láctea

La Vía Láctea de Buñuel es una peculiar crónica del peregrinaje. Estos viajes suelen amenizarse con historias y anécdotas teñidas de picardía y frivolidad, al modo de los Cuentos de Canterbury.
Pero Buñuel prefiere un camino menos llevadero, con un hilo conductor que resulta incluso indiferente o lejano. No cabe duda de que trasladar a la pantalla un manual de herejías es arriesgado.
De todas maneras, nunca lo será tanto como la decisión del peregrino, cuando no sabe qué flecha seguir.



"Algunos sueñan en un universo infinito, otros nos lo presentan como finito en el espacio y en el tiempo. Heme aquí entre dos misterios tan impenetrables el uno como el otro. Por una parte, la imagen de un universo infinito es inconcebible. Por otra, la idea de un universo finito, que dejará algún día de existir, me sumerge en una nada impensable que me fascina y me horroriza. Voy de una a otra. No sé".


Luis Buñuel, Mi último suspiro

sábado, 17 de mayo de 2008

será


“Será uno de esos días en que la primavera vendrá de la peluquería muy planchada y brillante, con olor desparramado de lociones de jazmín y de violeta. El sol se habrá hecho cilindros de oro en los bocks de cerveza, y los tejados, lavados de las últimas lluvias, tendrán un áureo reflejo sobre su rosa cocido.



El humo de las chimeneas será blanco y rizado, y habrá golondrinas primerizas y nubes espumosas, trayendo espejismos de mar a la ciudad interior, tan apretada de llanuras hoscas… Del entierro del invierno llegarán señores serios con la grave etiqueta del sombrero de paja, aún anémico de la falta de sol de la fábrica reciente.


Los aeroplanos querrán imitar a las golondrinas y volarán tan bajos que se verá a sus tripulantes sonreír alborozados, y los tranvías reestrenarán sus jardineras y las mujeres sus abanicos de majas y toreros.
Las campanas habrán perdido su seriedad y darán muchas volteretas en los campanarios, y los relojes se dormirán dando las horas, y a las doce darán las veintisiete con mucha prisa…”


Felipe Ximénez de Sandoval, Tres mujeres más equis




Un algo de escritura más o menos escondida, que nos han escondido, tal vez.
Es fascinante esa fluidez, vitalidad y frescura que se marcaban en los años veinte. La ciudad tomada por la modernidad: los aeroplanos, la fábrica y la cerveza (como que el vino quedaba muy de pueblo). Con ecos de la ciudad automática de Camba, con su deje de futurismo: pero en versión castiza ¿eh? que no nos quiten la fuerza y el ritmo de cada estación.

lunes, 12 de mayo de 2008

belle de jour



Gerona tiene ecos del Jardín del Edén.
Está cruzada por cuatro ríos, como los del Paraíso.
Perfecta para guardar el tapiz de la Creación.



Gerona me evoca a Florencia, allí por donde la cruza el Arno, más que a Venecia (como dicen). En cualquier caso en Gerona sólo se ve Gerona, toda esplendor mediterráneo. Hoy mismo hablábamos de ella, digna del reconocimiento de Patrimonio Mundial, que tal vez ni siquiera necesite. Gerona es consciente de su belleza, aunque sólo se lo digan entre susurros o quede en pensamiento inconfesable.


“A primera hora de la mañana, cuando voy a la universidad, encuentro, a veces, señoritas con mantilla, devocionario, rosario y un círculo morado en los ojos –una de ellas con los ojos negros y los cabellos grises-. Estas apariciones me hacen pensar en Girona, hacen surgir ante mis ojos la vida matinal y beata de aquella ciudad. En virtud de un mecanismo desconocido por mí, uno, en mi espíritu, lo que hubiera deseado hacer y no me he atrevido a hacer –o sea, la clandestinidad- con Girona. Las piedras viejas fueron siempre para mí, un poco afrodisíacas. Pienso en las tazas de chocolate con bizcochos que toman las señoras al regresar de misa y en muchas otras cosas –en el posible deseo permanentemente insatisfecho de estas señoritas devotas, de aspecto dulce y tonto, pero quizás eficaz”.

Josep Pla, El cuaderno gris

jueves, 8 de mayo de 2008

cuentos para salir del paso

Cada cierto tiempo vuelvo a estos parajes de la niñez. Por entonces para llegar a La Carolina (aún era La Peñuela en la época en que se ambienta el libro) había que soportar eternas caravanas de camiones, imposibles de adelantar en el tortuoso paso de Despeñaperros. Mientras miraba las extrañas formas de la montaña, me acompañaban los bandoleros, el Salto del Fraile, el castillo de las Navas de Tolosa en forma de breves cuentos que según escuchaba se instalaban en el terreno de mi fantasía.
Por eso Jan Potocki hoy me parece el eco de aquella voz familiar cuando me narra, en el mismo escenario, nuevas historias extraordinarias.


“El conde de Olavídez no había establecido aún colonias de extranjeros en Sierra Morena; esta elevada cadena que separa Andalucía de la Mancha no estaba entonces habitada sino por contrabandistas, por bandidos, y por algunos gitanos que tenían fama de comer a los viajeros que habían asesinado. De allí el refrán español: Devoran a los hombres las gitanas de Sierra Morena. Y eso no es todo. Al viajero que se aventuraba en aquella salvaje comarca también lo asaltaban, se decía, infinidad de terrores muy capaces de helar la sangre en las venas del más esforzado. Oía voces plañideras mezclarse al ruido de los torrentes y a los silbidos de la tempestad; destellos engañadores lo extraviaban, manos invisibles lo empujaban hacia abismos sin fondo.

A decir verdad, no faltaban algunas ventas o posadas dispersas en aquella ruta desastrosa, pero los aparecidos, más diablos que los venteros mismos, los habían forzado a cederles el lugar y a retirarse a comarcas donde no les fuera turbado el reposo sino por los reproches de su conciencia, fantasmas estos con los cuales los venteros suelen entrar en componendas”.

Jan Potocki, Manuscrito encontrado en Zaragoza

domingo, 4 de mayo de 2008

hipervínculos

Contundente Larra ante un hombre monumental. Lo podría haber firmado Quevedo (tantos puntos en común: hoy Quevedo tendría su columna en un periódico).
Vuelvo a Larra: me ha llevado por donde ha querido. Como él, yo creía pasear por Mérida.
Lógica arqueológica: el rodeo es obligado.

“Mi cicerone era una verdadera ruina, no tan bien conservada como las romanas; sus piernas se plegaban en arco, como si el peso de la cabeza hubiese sido por mucho tiempo oneroso a la base del edificio; sus brazos pendían también como dos arcos laterales cuyo pie hubiesen carcomido dos ramales de un río, que hubiesen lamido por muchos años los costados del hombre. La cara hubiera dado lugar a las más graves investigaciones de una academia: semejante a una moneda largo tiempo enterrada, y tomada a trechos del orín y de la tierra, sus facciones estaban medio borradas, y ora parecían letras en estilo lapidario, ora vistas a otra luz semejaban algo un rostro humano maltratado por la intemperie o la incuria de sus guardianes. La fecha no se conocía, y aquel fragmento podía ser de varias épocas. Su desigual cabello, blandamente meneado por el viento, remedaba esa hierbecilla que por entre cornisas y coronamiento de una torre antigua hace nacer la humedad; sus dientes eran almenados, y la posición inclinada del cuerpo todo, fuera al parecer del centro de gravedad, le hacía parecer una pared que comienza a cuartearse, cuyas grietas hubiesen sido la boca y los ojos, y me trajo a la memoria la célebre torre de Pisa.”



Mariano José de Larra, Las antigüedades de Mérida

lunes, 28 de abril de 2008

calma

Todavía determinados lugares de la costa nos regalan sensaciones que hoy suponemos propias de tiempos pasados.
Lo que cuenta Rusiñol de Sitges, cuando lo descubre en los años que cierran el siglo XIX, sigue siendo cierto.






“El pueblo de Sitges, como la mayor parte de sus hermanos de la costa, es una nota blanca destacando sobre una nota azul. Un grupo de casas extendidas al pie de su rosada iglesia, un alto peñón, una playa, algunas calles en declive limpias como la arena y el mar; es todo lo que contiene este nido de la costa. Poco es, en verdad, es probable que penséis, pero deteneos en él, respirad su brisa, y bañaos en su sol, gozad de su sombra y de su soberana quietud, acostumbraos a su dulce placidez y veréis el atractivo inmenso que tiene este país de la luz”.

Santiago Rusiñol, La nostalgia de dos patrias

miércoles, 23 de abril de 2008

curiosidad satisfecha

Las palabras del paisaje. Éste es el título de un artículo de Joaquín Araújo, que resulta una sorpresa: en él aparece la lista que siempre quise tener. Palabras que en más de una ocasión he necesitado, que me han dejado colgada a mitad de una frase. Palabras desconocidas, así, tomadas dos a dos y ordenadas en el calendario de la naturaleza.



"Enero es la totovía aflautando y el zorro tauteando.
Febrero es el mirlo mirleando y el cárabo ululando.
Marzo es la golondrina trisando y el mochuelo maullando.
Abril es la cigüeña blanca crotoreando y el autillo silbando.
Mayo es la perdiz roja ajeando y el ruiseñor concertando.
Junio es la rana común croando y el grillo estridulando.
Julio es la tórtola zureando y el corzo ladrando.
Agosto es la chicharra garliendo y todos los demás callando.
Septiembre es el rabilargo crocitando y el ciervo bramando.
Octubre es el petirrojo resucitando y el ganso pasando.
Noviembre es la grulla gruyendo y los patos parpando.
Diciembre es el lobo otilando y la becada, la becada es silencio".


Joaquín Araújo, Las palabras del paisaje

http://www.elmundo.es/elmundo/2008/04/09/ciencia/1207757345.html

miércoles, 16 de abril de 2008

sueños de agua

Tal vez sea la Sevilla menos obvia y más evocadora, de secuencia exquisita: un palacio almohade que asimila los modos de los siglos, gótico, mudéjar, para finalmente transportarnos, como si ocurriese dentro de un sueño, a la Italia renacentista.

"Adorad, extasiaos, para vuestro reino interior, en los jardines del Alcázar sevillano, -como en Aranjuez, como en la mágica Granada. De todo lo que han contemplado mis ojos, una de las cosas que más han impresionado a mi espíritu son esos deleitosos y frescos retiros. Ni las vetustas murallas carcomidas de siglos, que aún atestiguan el viejo poderío de los conquistadores romanos, ni los restos visigodos, ni la esbelta Giralda mauritana, cuyo nombre alegra como una banderola, ni la Torre del Oro a la orilla del río, ni las magnificencias del Alcázar, que renuevan en mi memoria las sensaciones experimentadas en la Alhambra granadina, nada me ha hecho meditar y soñar como estos jardines que vieron tantas históricas grandezas, tantos misterios y tantas voluptuosidades.
…Cuando uno entra, a un lado de las galerías que llevan el nombre de aquel raro monarca que comprendía la belleza morisca, que tuvo mucho de oriental, mucho del Arum-al-Raschid de «Las mil y una noches», lo primero que conmueve es el más blando de los silencios, apenas turbado por el fino hilo líquido que cae de un surtidor en el ancho estanque de verdes aguas. El suave viento mueve el ramaje de dos grandes magnolias vecinas.

Y entre rosales y arrayanes, se descienden dos graderías y se va a ver lo que se llama los baños de doña María de Padilla. Hay una grande y larga piscina, bajo bajas bóvedas góticas. Nada más. Pero, ¿qué importa? Pintores ha habido que han intentado resucitar el sensual capítulo de la bella novela de vida. Quedaos al amor de vuestras ideas. ¿No oís cantar los pájaros de la primavera? ¿No veis al monarca que se acerca entre las flores nuevas y lujuriantes? ¿No oís el ruido del agua transparente en donde el cuerpo sonrosado de la real querida forma a su rededor círculos de diamante? Ella ríe, el duro rey sonríe".
Rubén Darío, Tierras Solares

jueves, 10 de abril de 2008

musgo y piedra


Un día de lluvia como hoy no es imprescindible para subrayar esa tristeza que atraviesa los huesos, pero deja evocar el pulso casi perenne, musgo y piedra, de Compostela. Ligero alivio.



“Compostela no está hecha, está viva, y aunque quisieran embalsamarla como cadáver con verjas y funcionarios públicos que cobrasen la entrada a sus calles, no se podría evitar que el aire, y la flora espontánea, y la lluvia, la fuesen modificando cada día, sin que podamos prever cuál será su color dentro de treinta años, cuáles muros se habrán desmoronado y cuáles permanecerán erguidos y victoriosos. La arquitectura combate con el tiempo, y aunque el tiempo, englutidor insaciable, será al final vencedor, ¿quién sabe lo que dilatará la pelea? ¿Años o siglos?”

Gonzalo Torrente Ballester, Compostela y su ángel

domingo, 6 de abril de 2008

la maleta

Sé que no he llegado tarde a Praga, aunque hace tiempo que inicié este viaje. Hoy alcanzo destino, traigo más cariño que equipaje. Merece la pena: Praga tiene una piel delicada y perceptiva. Sensible al tacto del hombre. Como un taxi, casi sin dar la dirección, sabe a dónde dirigir nuestros sentidos.



“Ayer mismo había tenido miedo de que, si la invitaba a visitarle en Praga, viniera a ofrecerle toda su vida. Cuando ahora le dijo que tenía la maleta en la consigna, se dio cuenta de inmediato de que en esa maleta estaba toda la vida de ella y de que la había dejado momentáneamente en la estación antes de ofrecérsela.
Cogió el coche que estaba aparcado delante del edificio, recogió la maleta (era grande y enormemente pesada) y regresó a casa, con la maleta y con ella”.

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

jueves, 3 de abril de 2008

Fuera de mapa (II) Thomas Mann

El color se diluye en el blanco y el negro. Como el color, la noción del tiempo también se evapora. Minutos y horas se demoran entre bostezos. Las semanas, los meses marcan rápido el paso. La danza de los días sólo se percibe en el negro rotundo de la noche.


“Sin embargo, aquellas sensaciones tan desagradables eran compensadas por lo cómodo que se sentía, por las cualidades difíciles de analizar y casi mágicas de la tumbona, que Hans Castorp de nuevo constataba con sumo placer…En cualquier caso, nada podía garantizar el feliz reposo del cuerpo mejor que aquella excelente tumbona. Así pues, la satisfacción reinaba en el corazón de Hans Castorp al pensar que disponía de dos horas para estar tranquilo sin hacer nada, las dos horas sagradas de la cura principal…”

“El tiempo pasaba despacísimo, el plazo parecía infinito… Hacía mil cosas, cogía objetos y los volvía a dejar, salía a la terraza, contemplaba el paisaje, el alto valle, ya enteramente familiar para él en todas sus formas: sus picos, las siluetas de sus crestas y sus paredes rocosas…”

Thomas Mann, La montaña mágica

lunes, 31 de marzo de 2008

palmeras

Para Rosa, mejor que flores. Son las palmeras de tu tierra que hoy se han quedado sin letra.

martes, 25 de marzo de 2008

área de servicio

Amsterdam, dirección Praga


“De un lado están las casas y en las grandes ventanas de los pisos bajos, que parecen escaparates de comercios, están las pequeñas habitaciones de las putas, quienes, en ropa interior, están sentadas justo al lado de los cristales, en sillones con almohadones. Parecen grandes gatas aburridas.

La parte de enfrente de la calle está formada por una enorme iglesia gótica del siglo catorce. Entre el mundo de las putas y el mundo de Dios, como un río entre dos reinos, se extiende un intenso olor a orina.

Lo único que ha quedado del antiguo estilo gótico dentro de la catedral son las altas paredes desnudas, las columnas, la bóveda y las ventanas”.

Milan Kundera, La insoportable levedad del ser

lunes, 17 de marzo de 2008

buena memoria

Vaya marzo el de 1808. Godoy, injustamente tratado: obstáculo para las pretensiones de un aspirante a rey que saldrá rana. Godoy, acorralado en su casa de Aranjuez. Motín reaccionario, organizado, que nos lo han contado espontáneo y popular.
Y han pasado doscientos años, un día como hoy. Esta noche. El paisaje quedo de Aranjuez pillado por sorpresa. Yo, que creo que Godoy se merece una buena memoria, tomo un interrogante de la obra de Galdós (sin ironía, por si alguien lo interpreta así) para dedicárselo.

“¿Qué estás diciendo, tontuelo? ¿Cómo tratas con tan poco respeto a ese espejo de los diplomáticos, a esa natilla de los ministros?”

"Durante un rato bastante largo no se oyó más que el sordo murmullo de diálogos sostenidos en voz baja, algunos sordos ronquidos, socadas toses, y a lo lejos el canto de las discutidoras ranas y el rumor de leves movimientos del aire, sacudiendo las ramas de los olmos, que empezaban a reverdecer. La noche era tranquila, triste, impregnada de ese perfume extraño que emiten las primeras germinaciones de la primavera. El cielo estaba tachonado de estrellas, a cuya pálida claridad se dibujaban las espesas y negras arboledas, la silueta cortada del Real Palacio, y más allá la figura del Anteo de mármol. Levantado del suelo por Hércules, en el grupo de la fuente monumental que limita el llamado Parterre. El sitio y la hora eran más propios para la meditación que para la asonada.

De improviso aquel silencio profundo y aquella oscuridad intensa se interrumpieron por el relámpago de un fogonazo y el estrépito de un tiro que no se sabe de dónde partió."

Benito Pérez Galdós. El 19 de marzo y el 2 de mayo

miércoles, 12 de marzo de 2008

nieve, niebla

Moncayo.
Visto desde Ágreda es siempre telón de fondo. Aislado, rotundo.
Visto desde la evocación, más aún que leyenda adolescente, es geografía de colegio.
Visto desde la celda del Bécquer periodista es…

"-¿Siente usted este profundo silencio que reina en todo el monte, que no suena un guijarro, que no se mueve una hoja, que el aire está inmóvil, y pesa sobre los hombros y parece que aplasta? ¿Ve usted esos jirones de niebla oscura que se deslizan poco a poco a lo largo de la inmensa pendiente del Moncayo, como si sus cavidades no bastaran a contenerlos? ¿Los ve usted cómo se adelantan, mudos y con lentitud, como una legión aérea que se mueve por un impulso invisible? El mismo silencio de muerte había entonces, el mismo aspecto extraño y temeroso ofrecía la niebla de la tarde, arremolinada en las lejanas cumbres, todo el tiempo que duró aquella suspensión angustiosa. Yo, lo confieso con toda franqueza: llegué a tener miedo. (...)
Cualquiera otro hombre, impresionado por la soledad del sitio, el profundo silencio de la Naturaleza y el fantástico panorama de las sinuosidades del Moncayo, cuyas puntas coronadas de nieve parecían las olas de un mar inmóvil y gigantesco, hubiera temido aventurarse por entre aquellos matorrales, adonde en mitad del día apenas osaban llegar los pastores..."

Gustavo Adolfo Bécquer, Cartas desde mi celda

viernes, 7 de marzo de 2008

un bosque


Es un bosque muy concreto. Un paisaje que no existe más que en mi cabeza. Que sólo existe como yo lo imagino. Lo que yo imagino que es un bosque al oír A forest. Me resulta inevitable ver un bosque, incluso un pequeño grupo de árboles, sin que la canción de The Cure empiece a colárseme. Y eso desde que descubrí la canción (ya ha pasado tiempo, ¿1981?).

En realidad la letra es casi tópica: arriesgarte a avanzar a ciegas hacia un encuentro. Pertenece a la percepción romántica del paisaje: un bosque símbolo de confusión, un bosque de evidencias, en el que adentrarse es admitir el no retorno, aun a sabiendas de que no está allí el objeto deseado. No sé si Robert Smith conoce el Rayo de Luna de Bécquer. Pero A forest es una historia gótica musicada, una muestra muy anterior, con la fuerza de lo primitivo, a lo que ahora se entiende bajo ese término en el mundo del rock. Tiene el valor de lo originario, algo así como la novela histórica del XIX, cuya esencia, magia y autenticidad rara vez la encontramos en el aluvión narrativo de moda en nuestros días.

El sonido es guante de la letra: un sonido que siempre he visualizado como el hipnótico baile de un remolino. Afortunadamente, en Aranjuez el efecto se neutraliza: casi todos los árboles los tenemos formados en filas de a dos. Aunque todavía hay un par de rincones en los que a veces me dejo llevar.



¿Y ésto a cuento de qué? Pues a cuento de que ayer-hoy pasé tres horas (conciertos como éstos rara vez se dan) con la mirada y el oído puesto en The Cure. Y a cuento de que en el paso de la media noche, A forest se extendía, como siempre, en toda su intensidad. Capricho, lujo y sobre todo placer. Como viene a decir Smith, en Lovesong, más o menos "cada que vez que estoy a solas contigo me haces sentir como si fuese joven de nuevo". Pues eso...y conciencia, también como siempre, de que no es eterna esta agradable resaca del día siguiente.
I hear her voice
calling my name
the sound is deep
in the dark
I hear her voice
and start to run
into the trees
into the trees
The Cure, A forest

sábado, 1 de marzo de 2008

de bar en bar

Barcelona. Marsé escribe Barcelona con b de bisturí. Rasga la armonía de la panorámica de la ciudad. Disecciona los paisajes interiores y coloca ante nuestros ojos los escenarios donde se cuece el día a día, los recovecos humanos de la ciudad.



“Luego navegaron un poco a la deriva por las Ramblas y el barrio chino, la universitaria escoraba por el lado izquierdo, tendía naturalmente hacia la calle Escudillers y ciertos fondos populosos y hetereogéneos. La aventura no tenía aún lugar, pero se podían ya enumerar toda una serie de lances amorosos de la sangre, pequeñas emociones unilaterales que oscilaban de un cuerpo a otro determinadas por el azar: a veces, de pie ante el concurrido mostrador de una taberna –resultó que la estudiante conocía no pocas tascas y le encantaba recorrerlas rápidamente, como si sólo deseara comprobar que seguían allí, todavía con recuerdos de su paso en compañía con amigos de la facultad y con su misma deprimente fauna flamenca, su mismo buen vino (infecto, según pensaba Manolo, aunque no decía nada) y sus mismas prostitutas y vendedoras de lotería- muy juntos, arropados en esa impunidad ficticia de la algazara popular, sus caderas se rozaban involuntariamente…“
Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa

martes, 26 de febrero de 2008

fuera de mapa (I) Marcel Proust

Bien puede pertenecer a este hilo la carta de Henry Miller que tomé como presentación. Son textos que van más allá de la experiencia de un paisaje concreto. Reflexiones que reafirman el propio concepto de paisaje: la percepción que tenemos del territorio. Concepto que se matiza, que se amplía, que se hace universal y abstracto. Luego, el hombre, en sus espacios elegidos, al volcarlo, lo hace realidad.

Dicho ésto, me lanzo con Proust.

“porque se me figuraba que no la poseería realmente sino después de haber atravesado aquellos lugares que la rodeaban de recuerdos, velo que mi deseo ansiaba arrancar, velos de esos que la Naturaleza interpone entre la mujer y algunos seres, con objeto de que, engañados por la ilusión de poseerla así de modo más completo, tengan necesidad de apoderarse primero de los paisajes que rodean a la mujer, paisajes que serán más útiles a su imaginación que el placer sensual, pero que sin él no habrían tenido fuerza bastante para atraer al hombre”
Marcel Proust, En busca del tiempo perdido

jueves, 21 de febrero de 2008

un programa y una conversación

me han llevado a encontrar letra escrita para aquel viaje, casi seis años después.
Me cantan aquello de Arremójate la tripa que ya viene la calor. Y por ese camino llego a este poema:

Silenciosa la anciana reza
en tu cementerio . Corre la niña.
El cielo está pendiente de la roca.
Aire sobre la muralla,
detenido,
como un lamento,
como una larga frase derrumbada.
Guadalaviar torcido, ausente,
lames, ceremonioso, la roca
que desciende.
Albarracín,quilla de piedra,
rojo penacho de cuestas y de arcadas,
sobre ti duerme el tiempo,
sólo pervive el agua.
José Antonio Labordeta, Todos los Santos en Albarracín

jueves, 14 de febrero de 2008

...y un halago más

Humo en el agua.

Antonio, gracias

We all came out to Montreux
On the lake Geneva shoreline
To make records with a mobile
We didn´t have much time
Frank Zappa and the Mothers
Were at the best place around
But some stupid with a flare gun
Burned the place to the ground
Smoke on the water, fire in the sky
They burned down the gambling house
It died with an awful sound
Funky claude was running in and out
Pulling kids out the ground
When it all was over
We had to find another place
But swiss time was running out
It seemed that we would lose the race
Smoke on the water, fire in the sky
We ended up at the grand hotel
It was empty cold and bare
But with the rolling truck stones thing just outside
Making our music there
With a few red lights and a few old beds
We make a place to sweat
No matter what we get out of this
I know well never forget
Deep Purple, Smoke in the water

halagos

al lago fronterizo
Leman o Ginebra, según quien te hable. Despertar de Frankenstein. Vino de Lavaux. Jazz en la orilla. Aparente sosiego para Lord Byron.


"¡Sereno Leman! El contraste entre tu lago apacible y el mundo borrascoso en cuyo ambiente he vivido, me aconseja deje el oleaje de la tierra deslizándome sobre aguas más puras. La vela de la navecilla sobre la que me abandono sobre tu pulida superficie, parece un ala silenciosa que me aleja de la ruidosa vida; en otro tiempo amé los rugidos del Océano furioso, ahora tu dulce murmullo me enternece, como la voz de una hermana que me reprochase haberme entregado excesivamente a sombríos placeres.


Todo proclama en estos parajes su poder. Desde los oscuros pinos, las rocas que le prestan sus umbrías, y la voz que muge en los torrentes que encanta sus fantasías, hasta la vid que adorna con sus pámpanos verdes la suave pendiente que conduce a la orilla".


Lord Byron, Las peregrinaciones de Childe Harold

domingo, 10 de febrero de 2008

boca con boca

El romancero nos lleva por espacios abiertos. El romancero es transparente, directo; real y sin tapujos. Hace cotidianas las pasiones. Ahí están en la Edad Media peninsular hombres y mujeres de aquí para allá, siempre partiendo, como los verdaderos viajeros de Baudelaire.

Apetece perderse por esos campos de Carmona o …por los cerros de Úbeda (bueno, éstos ya tienen sus juglares). El viaje da para mucho. A menudo, a camino entre dos lugares, en tránsito, avanza una historia que permanece velada.

Por los caños de Carmona,
por do va el agua a Sevilla,
por ahí iba Valdovinos
y con él su linda amiga
Los pies lleva por el agua
y la mano en la loriga,
con el temor de los moros
no le tuviesen espía.
Júntanse boca con boca,
nadie no los impedía.
Valdovinos con angustia
un suspiro dado había:
-¿Por qué suspirais, señor,
corazón y vida mía?
O tenéis miedo a los moros
o en Francia tenéis amiga.
-No tengo miedo a los moros
ni en Francia tengo amiga:
mas vos mora, y yo cristiano
hacemos muy mala vida:
comemos la carne en viernes,
lo que mi ley defendía.
Siete años había, siete,
que yo misa no la oía.
Si el emperador lo sabe
la vida me costaría.
-Por tus amores, Valdovinos,
cristiana me tornaría.
-Yo, señora, por los vuestros
moro de la morería."

Romance de Valdovinos

martes, 5 de febrero de 2008

divino control

Hombre y ciudad: menos cielo de Madrid, que de Madrid al cielo no siempre lo es tanto…
Tiempo de silencio -y en concreto cualquiera de sus abundantes descripciones de la ciudad- es inevitable para visualizar Madrid e iniciarse en el paisaje de un laberinto cercano. Lugar habrá para mostrar caras más benévolas.



“De este modo podremos llegar a comprender que un hombre es la imagen de una ciudad y una ciudad las vísceras puestas al revés de un hombre, que un hombre encuentra en su ciudad no sólo su determinación como persona y su razón de ser, sino también los impedimentos múltiples y los obstáculos invencibles que le impiden llegar a ser, que un hombre y una ciudad tienen relaciones que no se explican por las personas a las que el hombre ama, ni por las personas a las que el hombre hace sufrir, ni por las personas a las que el hombre explota ajetreadas a su alrededor (…) Podremos comprender también que la ciudad piensa con su cerebro de mil cabezas, (…) que el hombre nunca está perdido porque para eso está la ciudad…que el hombre puede sufrir o morir pero no perderse en esta ciudad, cada uno de sus rincones es un recogeperdidos perfeccionado, donde el hombre no puede perderse aunque lo quiera porque mil, diez mil, cien mil pares de ojos lo clasifican y disponen, lo reconocen y abrazan, lo identifican y salvan, le permiten encontrarse cuando más perdido se creía en su lugar natural, (…) que el hombre –aquí- ya no es de pueblo, que ya no pareces de pueblo, hombre, que cualquiera diría que eres de pueblo y que más valía que nunca hubieras venido del pueblo porque eres como de pueblo, hombre.



J. L. Martín Santos, Tiempo de silencio