vividos, viajados o sencillamente imaginados






martes, 9 de junio de 2009

memoria histórica

Córdoba, 1126.
Nace Averroes. Dedica su vida a conciliar filosofía y religión. La obra de Aristoteles es el eje de sus estudios. Destierro o exilio, el caso es que se lo quitan de enmedio: sale camino Lucena. Recala en Marruecos, donde fallece en 1198.
Se ha perdido gran parte de su obra gracias a la censura (o a la tolerancia).






"Escribía con lenta seguridad, de derecha a izquierda; el ejercicio de formar silogismos y de eslabonar vastos párrafos no le impedía sentir, como un bienestar, la fresca y honda casa que lo rodeaba. En el fondo de la siesta se enronquecían amorosas palomas; de algún patio invisible se elevaba el rumor de una fuente; algo en la carne de Averroes, cuyos antepasados procedían de los desiertos árabes, agradecía la cosntancia del agua. Abajo estaban los jardines, la huerta; abajo, el atareado Guadalquivir y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o que el Cairo, como un complejo y delicado instrumento, y alrededor (esto Averroes lo sentía también) se dilataba hacia el confín la tierra de España, en la que hay pocas cosas, pero donde cada una parece estar de un modo sustantivo y eterno. (...)
Los muecines llamaban a la oración de la primera luz cuando Averroes volvió a entrar en la biblioteca... Sintió sueño, sintió un poco de frío. Desceñido el turbante, se miró en un espejo de metal. No sé lo que vieron sus ojos, porque ningún historiador ha descrito las formas de su cara. Sé que desapareció bruscamente, como si lo fulminara un fuego sin luz, y que con él desaparecieron la casa y el invisible surtidor y los libros y los manuscritos y las palomas ... y los rosales y tal vez el Guadalquivir".

Jorge Luis Borges, El Aleph

miércoles, 3 de junio de 2009

la esfinge

A la esfinge de Aranjuez le ha cambiado la pose.
Es más candor que malicia, aun candor majestuoso.
Ha borrado la ironía de su sonrisa de boca perfecta.
Su mirada impertinente, a veces soñadora, quiere atravesarte.
Espera la respuesta al enigma que tiró de sus ojos a tu cara.
Ella calla, ha olvidado la solución.
Si erras, no te matará.
Y aunque aciertes, no morirá.
Porque aunque esfinges son las esfinges de hoy,
ya no son lo eran.

"Desde un ángulo obscuro de mi estancia, durante más tiempo del que puedo imaginarme, una Esfinge bella y silenciosa me acecha a través de las tinieblas ondulantes.
Intangible y quieta, no se alza ni hace el menor movimiento. Poco le importan las lunas de plata y los soles remolinantes.
En el aire el rojo substituye al gris; las oleadas de luz de Luna vienen y se van, pero cuando llega el alba, ella no se va y cuando vuelve la noche, sigue ahí.
La aurora sigue a la aurora y las noches declinan, y durante todo ese tiempo esta extraña gata permanece extendida sobre el tapiz chino, con sus ojos de raso con orla de oro.
Permanece acostada sobre el tapiz, espiando oblicuamente, y sobre su pecho moreno y dorado ondea su piel suave y sedosa, con estremecimientos que llegan a veces hasta sus orejas puntiagudas.
Acércate ya, mi hermoso senescal, que dormitas en tu postura estatuaria. Acércate ya, ser de una extravagancia exquisita, mitad mujer, mitad animal.
Acércate, encantadora y lánguida Esfinge mía, ven a colocar tu cabeza sobre mi rodilla y déjame acariciar tu pecho y observar tu cuerpo moteado como el de un lince".

Oscar Wilde, La esfinge

jueves, 28 de mayo de 2009

el abismo

Dicen que tuvieron más de un encuentro y aún más de un encontronazo. Ellos, Eugenio d' Ors y Santiago Rusiñol. Dos caras unidas por el canto como Jano, pero sin la esperanza del infinito que siempre les queda a las paralelas. El hedonismo de Rusiñol simplemente se ha hecho proverbio. No sucede así con el insondable fondo mediterráneo de d'Ors, invisible bajo las complacientes olas de la tradición clásica.
Por eso, sin yo saber demasiado, estoy con el señor Umbral "como un romántico, un barroco y un dionisíaco: ahí está el verdadero d'Ors, con perdón de la familia. Fue noucentiste y clasicista por afán de magisterio y unidad, pero tenía su daimon, como Sócrates y Goethe, a los que tanto admiraba".
Aunque las palabras de don Eugenio sirvan por sí solas para convencerme de ello.
(Con Santiago Rusiñol vuelvo otro día)





"Por lo que a mí toca, fiel servidor que me digo de la razón, oso proclamar mi respeto por las heroicas violencias de la pasión. Mi respeto pánico, a la vez imbuido de terrores y de amor. Cuando huyo del delirio, cuando me aparto del pino belvedere, es por miedo al vértigo; es decir, porque, secretamente, me atrae el abismo demasiado. Tal vez he nacido para este abismo: así, para no caer en él, no tengo otro recurso que alejarme y tentar con el pie, para renuevo de mi seguridad, la tierra firme, la dura roca que, sustentándome, me defiende contra mí mismo. Con el tiempo, no obstante, espero alcanzar el poder de copiar la inteligente y voluptuosa lección de Ulises. Y que no me será ya necesario taparme con cera los oídos, como el vulgo de los remeros. Y que me bastará amarrarme sólidamente al mástil y, el oído libre, la curiosidad desvelada, complacerme sin riesgo allí en el canto de las sirenas".

Eugenio d'Ors, Lo barroco

viernes, 22 de mayo de 2009

eterna

Ya me gustaría que esta clarividencia sobre la ciudad, la polis, la tuviese algún gobernante de los de ahora. Uno, con sólo uno me consuelo.



"Construir es colaborar con la tierra, imprimir una marca humana en un paisaje que se modificará así para siempre; es también contribuir a ese lento cambio que constituye la vida de las ciudades. Cuántos afanes para encontrar el emplazamiento exacto de un puente o una fontana, para dar a una ruta de montaña la curva más económica que será al mismo tiempo la más pura...

Pero toda creación humana que aspire a la eternidad debe adaptarse al ritmo cambiante de los grandes objetos naturales...vendrán otras Romas cuya fisonomía me cuesta concebir, pero que habré contribuido a formar.

...Roma debería escapar a su cuerpo de piedra... Roma se perpetuaría en la más insignificante ciudad donde los magistrados se esforzaran por verificar las pesas y medidas de los comerciantes, barrer e iluminar las calles, oponerse al desorden, a la incuria, al miedo, a la injusticia, y volver a interpretar razonablemente las leyes. Y sólo perecería con la última ciudad de los hombres".

Marguerite Yourcenar, Memorias de Adriano

sábado, 16 de mayo de 2009

el dorado



El mito estaba cerca, en tierra extrema, hacia el oeste. Trujillo, dueña de un oro que se hizo piedra, el único oro que quedó del sueño conquistador.





"El sol desciende lentamente. Poco a poco, al obscurecerse el día, todo se ambarina, la iglesia, los pajaros; los nidos son bermejos; los tejados de la pequeña ciudad se impregnan de un oro fluido.



Deliciosas, destacan, sobre la pared color crema, siluetas desconocidas que la luz desfalleciente orla con un nada de claridad.






Miran por encima de Trujillo, en el poniente, las ruinas de un viejo castillo que las cigüeñas llenan de un rumor melancólico y monótono, y parecen respirar el silencio lleno de oro de la ciudad como se huele el perfume exasperado de una bella rosa de té, buchada de claridades".



Eugenio Demolder, España en auto

domingo, 10 de mayo de 2009

pop español

Así nos anunciamos.
Citando al mismísimo Toro de Osborne.
Dejando las sopas de Warhol sosas.

"Ya queda lejos Aranjuez y aún marchamos protegidos por el toldo de los enormes árboles que bordean el camino y entrelazan sus bien repletas ramas, sin que el sol consiga traspasarlas.
-Si sí, ya verá usted dentro de un kilómetro, que se termina la calle de árboles y no hay uno hasta Villaconejos -informa con grandes risotadas uno de los carreteros. (...)

¿Y la torre de la iglesia, dónde está? El que quiera saber lo que es descubrir a América, que se vaya en carro a Villaconejos. Desde que salimos de Aranjuez, no nos hemos encontrado un alma viviente: tierra, tierra...

De pronto, a lo lejos, una nubecilla de polvo(...) La Corsaria viene guiando el brioso caballo que arrastra el tílburo de don Blas, muy guapa, vamos al decir, muy tranquila, con gesto de duquesa que recorre sus tierras antes de almorzar.
-¿Que tal, Corsaria, cómo es el ganado?
-No lo sé, no lo he visto, un toro con dos pitones, digo yo que será.
-No le pongas motes, vamos a dejarlo en becerro.
-Lo que salga, yo mato lo que salga, que a eso he venido.
-Así me gustan a mí las mujeres, que no se asustan de ná".

Antonio Díaz-Cañabate, Una viajata en carro

lunes, 4 de mayo de 2009

dos impares

"Huye la noche con perezosos pies, tropezando y cayendo como un beodo, al ver la lumbre del sol que se despierta y monta en el carro de Titán. (...)

La tierra es a la vez cuna y sepultura de la naturaleza y su seno educa y nutre hijos de varia condición pero ninguno tan falto de virtud que no de aliento o remedio o solaz al hombre.

Extrañas son las virtudes que derramó la pródiga mano de la naturaleza, en piedras, plantas y yerbas. No hay ser inútil sobre la tierra, por vil y despreciable que parezca. Por el contrario, el ser más noble, si se emplea con mal fin, es dañino y abominable. El bien mismo se trueca en mal y el valor en vicio, cuando no sirve a un fin virtuoso.

En esta flor que nace duermen escondidos a la vez medicina y veneno: los dos nacen del mismo origen, y su olor comunica deleite y vida a los sentidos, pero si se aplica al labio, esa misma flor tan aromosa mata el sentido. Así es el alma humana; dos monarcas imperan en ella, uno la humildad, otro la pasión; cuando ésta predomina, un gusano roedor consume la planta".


William Shakespeare, Romeo y Julieta






Preferencias del pasado, casi infantiles. Tengo mi Julieta, aquella Olivia Hussey de Franco Zefirelli. Menos probable tal vez, hay un Romeo, Toni Isbert de teatro por la tele (no voy a comprobarlo, me limito a evocar cómo lo vi con ojos de niña). Nunca he pretendido enlazarlos más allá de mis recuerdos. Por si resultan una pareja imposible.


martes, 28 de abril de 2009

pesca de altura

Es un cuento ensartado en la novela. Síntesis y parábola del comecome del protagonista (él), que como el burro de Buridán a ratos, a ratos como el perro del hortelano, se queda sin comer, en un estado de vejez anticipada. ¿Y si no se puede tener todo siempre y a mano?




"Un astrónomo alemán vivía, desde hacía una decena de años, en su observatorio, en uno de los picos más altos de los Alpes, entre las nieves eternas. El pueblo más cercano estaba situado a un millar de metros a sus pies y desde allí le llevaba diariamente la comida una niña de doce años. En aquellos diez años, con aquellos mil metros de subida y descenso, la niña había crecido y se había vuelto fuerte y hermosa y el científico la hizo su mujer. La boda se había celebrado un tiempo antes en el pueblo y, como viaje de novios, los recién casados habían subido juntos a su morada...
Así le habría gustado ahora poseerla, a mil metros de distancia de cualquier otro hombre...
-¿Y a tí?- preguntó con impaciencia, en vista de que ella no entendía por qué le contaba aquella historia?-. ¿Te gustaría a tí ir a vivir allí arriba conmigo?
Ella vaciló. Evidentemente, vaciló. Una parte de la historia, es decir, la montaña, la había entendido en seguida. Él no veía en ella otra cosa que el amor, mientras que ella, al instante, sintió el aburrimiento y el frío".

Italo Svevo, Senilidad

domingo, 26 de abril de 2009

Premios observatorio d'Achtall 2009

Por petición de Álvaro y el Obs, y encantada de enlazar.

http://alvaro-hobbyhorse.blogspot.com/2009/04/premios-del-observatorio-dachtall-2009.html







Especialmente alegre por Jose María Peridis: es fantástico y creo que poco habitual, entender como él entiende la arquitectura, sin desvincularla de su razón de ser. Tal vez sea una apreciación personal, pero me trasmite la tranquilidad de un hombre sencillo y un hombre de fe.

jueves, 23 de abril de 2009

con los pies en el suelo

Nada más lejos de la fantasía: "con los pies en el suelo". Lo primero que me vino a la cabeza ante la entrevista a Juan Marsé del ABC del domingo, a propósito de su discurso para el Premio Cervantes que hoy recibe. Allí estaba su amor por El Quijote y su actitud como escritor "Para mí el premio está en la escritura. Los premios no tienen nada que ver con la literatura" o "Defiendo mi derecho a escribir en la lengua que me de la gana" (como siempre, pero aún más desde que tiene el Cervantes, está sembrado).
Sin embargo, él que en otras ocasiones se ha declarado "forofo de la ficción, la realidad no me importa" me ha sorprendido por la debilidad que siente por su primera obra Encerrados con un solo juguete "porque fue la primera, y contiene bastante material autobiográfico. Por esta razón sencillamente. Es una razón muy subjetiva: no tiene nada que ver con la calidad de la obra". Quiero entenderlo como una aparente paradoja: Marsé hace creíble la ficción. La línea es imperceptible. Contribuye a ello el recurrente escenario barcelonés, la precisa toponimia de la ciudad, la descripción casi naturalista de los espacios. Pero no es suficiente, hace falta ese don que Marsé tiene para levantar mundos de verdad en el mundo de la imaginación.
Encerrados con un solo juguete. ¿Qué juguete? La verdad es que vuelvo el pensamiento hacia la primera juventud (no necesariamente paraíso perdido) y sólo hallo la novedad del sexo, el juego al que juegan los mayores. Ese juego al que Marsé acude correcto, pautado, constante en sus novelas.

"No encontró a Julita en casa. Vivía en un piso oscuro y pequeño, con un suelo de ladrillos abollado y trépido, paredes empapeladas y muebles enormes. Estaba situado en un callejón próximo a la calle San Pablo. La hermana de Julita apoyaba la mano en la jamba de la puerta sin dejarle pasar. Dentro había una atmósfera cálida que olía a tabaco rubio y a anís. Oyó una tos de hombre, un tintineo de vasos.
-¿Quieres que le de algún recado cuando vuelva o prefires esperarla?
-Esperaré un rato- dijo él.
Andrés se acercó a la ventana y la abrió... Era un callejón que no paracía tener salida, corto, mojado aun sin llover, de fachadas ceñudas y muy encaradas y una sola bombilla pelada al extremo de un hierro curvado".

Juan Marsé, Encerrados con un solo juguete

jueves, 16 de abril de 2009

inquilinos




Las palabras de García Pavón surgen del arraigo a la tierra, casi tan antiguas como ella. Son reflexiones románticas y a un tiempo asentadas, serenas. El hombre no tiene capacidad de hacer daño a la naturaleza, y eso que lo intenta. La naturaleza lo ignora, más que como a un inquilino, como a un parásito que sólo le da leves picores. Y condescendiente le responde: te dejo vivir, pero de prestado, y hasta cuando yo quiera.
Las palabras de García Pavón oscilan como la naturaleza, entre la belleza y el vértigo.




"A Plinio le tornaba la sensación de que a la pura naturaleza telúrica le sobran los hombres. De que para la tierra, el cielo, y máxime las aguas de los mares y lagunas, el inquilinato de los humanos es condena temporal, que esperan concluya para quedarse solos, sin más ires y venires que los del viento, los temperos y las olas que llegan a la playa cansadísimas.




La quietud de las aguas laguneras, sin más ola que el leve rizo que les saca el aire o el derramarse unas en otras cuando se preñan sus honduras, transpiran desprecio y ganas de quedarse en paz algún día.






El cielo, tan indiferente a las querellas bajas, a los rasguños de cohetes y aviones. La tierra sufirendo sin conmoverse el hurgar de los arados y tractores; las manchas de los pueblos y ciudades, denuncian ansias de vacación. Posiblemente la repulsa que entre sí nos tememos los humanos, nazca de ese forzado inquilinato, de ese pisar y nadar en un medio que nos es hostil, que nos admitió por no sé qué potentísimo compromiso... que un día caducará. Ese será el gran festival de la naturaleza. Perderá su reconcomio de avasallada. Y habrá una gran orgía de árboles que crezcan por dónde y cómo quieran. De mares arrullantes o feroces que modelen las marismas a su capricho. De ríos desmadrados que jueguen a inundar caminos, carreteras de asfalto y urbanizaciones horribles... Y los nichos y tumbas sin enjabelgar, hasta los panteones de los señoritos estilo modernista, caerán al suelo haciéndose polvo y devolviendo a la tierra los huesos innecesariamente conservados..."


Francisco García Pavón, Voces en Ruidera

viernes, 10 de abril de 2009

cara y cruz



Un único poeta en un mismo lugar.
Con percepciones distintas y además compatibles.
Todo se ajusta al tópico y a la realidad.


“La Semana Santa de Sevilla, con sus esculturas artísticas, sus palios lujosos, sus pasos con imágenes de arte, sus vírgenes vestidas como emperatrices bizantinas: todo oro, terciopelo, hierro, y más oro; y las saetas, esos cantes que brotan en su aguda tristeza, quejidos del pueblo, dolorosas y sonoras alondras de una raza”.



"El turismo viene, por moda, a la Semana Santa. Es decir, a pagar cuentas enormes de hospedaje, a dormir sobre una mesa de billar a veces, y a ver pasar las procesiones, entre católicos irreligiosos, santos macabros, cristos lívidos y sangrientos con cabelleras humanas. Al mismo tiempo, el viajero escuchará los gritos extraordinarios de las saetas y las carceleras".

Rubén Darío, Tierras solares

martes, 7 de abril de 2009

asociación de ideas


Ejemplo: Dalí y Boadella, dos españoles que me hacen múúúúúúúúúúúúúcha gracia.
Asociación de ideas, de sueños, de recuerdos... Como en un tesauro: no hay palabra a la que yo no encuentre relación.

"PERIODISTA 4._ Señor Dalí, ¿qué sentido tiene hoy pintar un cuadro que ya está pintado?

DALÍ._ Si el burócrata de Bacon osó hacer una versión del maestro Velázquez, Dalí, por el mismo precio, hará una genialidad, pero ¡con huevos, sin bacon y sin plato!"




"Se observa a sí mismo, convirtiéndose en espectador de un recuerdo de su infancia.
Antes de que la pelota caiga sobre el teclado, DALÍ NIÑO la coge, e impulsivamente, la aprieta contra su pecho.
Por alguna razón, lo que acaba de hacer lo relaciona con alguien.
Mira hacia la izquierda imaginando que este alguien entrará por allí, y sin poder contener el placer que le provoca este imaginario, se coloca la pelota por dentro de la chaqueta y fantasea tocar el pecho de una mujer. La estruja con fuerza.
De golpe, como iluminado, saca la pelota de la marinera y comienza a maquinar la mejor manera para satisfacer un placer clandestino sin errores. (...)
Coloca la pelota un paso hacia atrás y mira hacia el escondite. Considera que, ahora, la pelota ya está en el lugar preciso. La coge y se abre de piernas. Orina en el punto exacto en el que se halla la pelota. Su pipí es una larga cinta amarilla que cae con fluidez desde su bragueta. No deja de mirar hacia la izquierda, no le fuesen a sorprender antes de acabar la tarea".
Albert Boadella, Daaalí

jueves, 2 de abril de 2009

el chiringuito




No es la canción de Georgie Dann, pero será tema del verano. La cantan Los Parlamentarios, unos teloneros que no se prodigan mucho por los escenarios. Lo cuenta la prensa de hoy.
Lo del chiringuito es pecata minuta si se compara -sin ir más lejos, un par de metros- con la banda de asfalto de los paseos marítimos. Esa línea continua que sirve para que no confundamos la arena con el apartamento. La que da el alto al traje de baño ahí donde nos viste y nos calza. La raya en la que la toilette se hace en público. La de las farolas fernandinas, las baldosas setenteras y el carrilbici siglo XXI.
Es sólo un ejemplo, aunque supongo que insuficiente para parecer políticamente correcta. Porque si algo me gusta de la playa es precisamente el chiringuito.

viernes, 27 de marzo de 2009

con razón

Hoy se viaja por tantos motivos... aunque tendemos a pensar que viaje es sinónimo de "viaje por placer", fenómeno relativamente reciente, más o menos libre de riesgo, totalmente democratizado.
Pero no siempre fue igual. Ahí está el viajero Jerónimo Münzer, que se presentó en España para ver cómo colaba la participación alemana en el descubrimiento de América. Aquello fue entre 1494 y 1495. Hasta aquí la parte oficial. Porque también nos cuentan que tanto esta expedición como su paseo por Italia tuvo otra causa: abandonó su residencia en Nuremberg literalmente huyendo de la peste. Y en vez de refugiarse en los alrededores, como los cuentacuentos florentinos del Decamerón, le buscó de otro modo el beneficio a las circunstancias: se hizo con un buen cuaderno de ruta (su circuito parece una oferta turística -Toledo, Barcelona, Santiago, Granada, Madrid, Lisboa-), armándose de tiempo y de ganas de disfrutar. Y no sólo eso, se marcó el detalle de dejarnos sus vivencias por escrito.



"Está en una hermosa llanura, en las faldas de unos montes altísimos. El monasterio de Poblet está edificado con tantos y tan grandes palacios, patios, bodegas, claustros y con la ancha muralla que lo rodea, que lo creerías un castillo. Todos los edificios están recubiertos de piedra cortada y cuadrada, tan firme, que pensarías está fabricados contra el paso del tiempo".

Jerónimo Münzer, Viaje por España y Portugal.

sábado, 21 de marzo de 2009

con un pie en la luna

No dejan de sorprenderme esas lunas llenas que no caben en sí, posiblemente hinchadas de gozo. Dicen los entendidos que este 2009 ya ha tenido su luna llena más grande en el mes de enero. Y que en los últimos veintidós años no ha habido otra como la de junio de 2005. Vuelvo (y no por última vez, que volveré) al viaje sin salir de casa. En este caso, mejor dicho, al espectáculo sin precio (Maistre, a quien recordábais estos días atrás, lo cuenta muy bien). Siempre hay lunas llenas en noches impagables, pero que conste que la luna me gusta siempre, se ponga como se ponga.



"¡Cuán pocas personas, me decía a mi mismo, disfrutan ahora conmigo el espectáculo sublime que el cielo muestra inútilmente a los hombres aletargados!... Bien está, tratándose de los que duermen; ¿pero qué les costaría a los que se pasean, a los que salen en tropel del teatro, mirar un instante y admirar las brillantes constelaciones que irradian por todas partes sobre sus cabezas? No; ... van a volver estúpidamente a su casa, o donde sea, sin pensar que el cielo existe... ¡Qué cosa más rara!... Porque se le puede ver con frecuencia y gratis, no quieren mirarlo. Si el firmamento permaneciese siempre velado a nuestra vista; si el espectáculo que nos ofrece dependiera de un empresario, los palcos de preferencia en los tejados valdrían un dineral y las damas de Turín se disputarían con furor una luneta".

Xavier de Maistre, Expedición nocturna alrededor de mi cuarto

lunes, 16 de marzo de 2009

vida entre las flores

"(...) Le preguntó a qué se refe­ría, él respondió que a un pro­verbio sensato, pero brutal. Valía más callarlo.
-Dilo, sea como sea.
-¿Quiéres conocerlo? "Boca be­sada no pierde su lozanía."
Y agregó:
-Es cierto que el amor conserva la belleza, y que la carne de las mu­jeres se nutre de caricias como la abeja de flores.

Teresa depositó entre los labios del amante un juramento en un beso."




Florencia es la primavera, como ésta que se nos anticipa y nos pilla con la boca abierta, a sabiendas de que nunca es suficiente para los insaciables, para los que con flores no tenemos bastante.
Hace unos meses leí que Paul Valèry visitó Aranjuez con un grupo de poetas, a los que preguntó mientras paseaban por los jardines "¿flores o árboles?".
¿Dónde está la poesía? Yo disparo rápido mi respuesta.
Tal vez por eso los árboles me resultan placenteramente perversos en la ciudad de las flores, la ciudad de esa azucena que Anatole France ha despojado de toda inocencia al teñirla del color de la pasión.



"-Señor Dechartre, aquella man­cha negra y lejana la forman los jardines de Bobolí, ¿verdad? Los vi hace tres años. Apenas había flo­res, y, sin embargo, sus árboles cor­pulentos y tristes me agradaron.
(...) Respondió cualquier cosa y fingió una sonrisa para ocultar el fondo brutal e indudable de su deseo. Estuvo torpe y desacertado, pero ella no pareció advertirlo. Mostróse muy satisfecha. Aquella voz mas­culina, insegura y desfalleciente, la acariciaba sin saber cómo.
Y ambos repetían con ternura conceptos vulgares:
-¡Qué panaroma tan hermoso! -El tiempo es apacible".


Anatole France, La azucena roja

sábado, 14 de marzo de 2009

sonrío a

http://alvaro-hobbyhorse.blogspot.com/2009/03/llorenc-villalonga.html

miércoles, 11 de marzo de 2009

la sonrisa



Bearn. El itinerario de esta novela tiene su punto de partida en la isla de Mallorca, aunque con etapas comunes a las de Marcel Proust o Anatole France. Si Proust no sale de Francia pero piensa en Venecia, si los protagonistas de La Azucena Roja evocan sucesivamente Venecia o Roma, para vivir su historia en Florencia y regresar a París, el señor de Bearn desde el ángulo de su propiedad mira a París y a Roma. Escenarios compartidos, casi épocas, el Imperio de Napoleón III y sus fechas inmediatas, el trasfondo del caso Dreyfus, el gran mundo de París. Un mismo momento histórico.

Y allí, el amor no es más que un medio de transporte sobre el que se extiende el poso de los momentos vividos, esa forma de felicidad concentrada de todas las historias tortuosas. El tiempo es guardián, y las casas, los hogares, recintos para la memoria. Por eso Bearn es también punto de llegada e inevitable encuentro.

Entonces entiendes que la sonrisa ha de residir en el mundo de los recuerdos. El tema de siempre, entre adioses y reconstrucciones: el paraíso perdido de Milton, el retorno a Brideshead, los horizontes perdidos que dice Battiato no regresan jamás. Y a pesar de que Horacio in illo tempore había desenredado todo con una frase (gracias, Villalonga).

Intento desde el optimismo que los paraísos no sean perdidos, a lo sumo pasados, pero definitivamente instalados en el mundo de los recuerdos del que somos dueños, y en el mundo de lo imaginado (inseparable del anterior, donde lo que hemos olvidado lo inventamos, que me dice Álvaro que es precisamente lo más personal -y yo entiendo real).
Y así pasan los días. Mientras el pasado crece en la fantasía, tu sonrisa se afianza en mi memoria.
Bearn tal vez sea el paraíso ansiado. Sin salir de casa.



"La verdad es que la existencia en Bearn era deliciosa. En estos parajes, donde habían sucedido tantas cosas ...nada parecía disonar....Bearn fue como una anticipación del Paraíso. ¡Cómo añoraré estos parajes cuando dentro de pocas semanas los deje para siempre! Y, sin embargo, Miguel, yo he sufrido aquí como no puede explicarse. Este paraíso no era para mí el definitivo, sino el terrenal, que el hombre acaba siempre por perder. Aquí creció el árbol del Bien y del Mal... En su serenidad no superada, ella habría conseguido en cualquier parte hacer revivir la sentencia del viejo Horacio: "De todos los rincones de la tierra, éste es el que mejor me sonríe".



... Bearn supo sonreir por espacio de veintidós años: casi una eternidad. Hoy, que lo miro ya desde lejos, es cuando comprendo que se trataba de un paraíso, porque en este mundo no existen más paraísos que los perdidos".

Lorenzo Villalonga, Bearn o a sala de las muñecas

viernes, 6 de marzo de 2009

no somos nadie

Escrito sobre el paisaje, "in person", in memoriam