vividos, viajados o sencillamente imaginados






sábado, 17 de octubre de 2009

bosque diminuto




 


Lija placentera en mejilla de varón, alfombra sobre el pecho, destellos de una axila, cojín para las ingles, una nuca tras la poda. “El musgo es el peluquín de las piedras”, decía Ramón Gómez de la Serna.
Aleixandre lo encontró en el vientre sosegado. Es el musgo que ambienta los parajes tétricos de Villiers o Poe y tapiza la melancolía de Machado y Bécquer. Es el oficio de escribir para Valente. El tiempo que pasa de Lorca. El musgo, de Baudelaire a Rimbaud.
Musgo palpado, conocido, prendido para siempre entre los dedos.











Dime pronto el secreto de tu existencia;
quiero saber por qué la piedra no es pluma,
ni el corazón un árbol delicado,
ni por qué esa niña que muere entre dos venas ríos
no se va hacia la mar como todos los buques.
Quiero saber si el corazón es una lluvia o margen,
lo que se queda a un lado cuando dos se sonríen,
o es sólo la frontera entre dos manos nuevas
que estrechan una piel caliente que no separa.
Flor, risco o duda, o sed o sol o látigo:
el mundo todo es uno, la ribera y el párpado,
ese amarillo pájaro que duerme entre dos labios
cuando el alba penetra con esfuerzo en el día.
Quiero saber si un puente es hierro o es anhelo,
esa dificultad de unir dos carnes íntimas,
esa separación de los pechos tocados
por una flecha nueva surtida entre lo verde.
Musgo o luna es lo mismo, lo que a nadie sorprende,
esa caricia lenta que de noche a los cuerpos
recorre como pluma o labios que ahora llueven.
Quiero saber si el río se aleja de sí mismo
estrechando unas formas en silencio,
catarata de cuerpos que se aman como espuma,
hasta dar en la mar como el placer cedido.

Vicente Aleixandre, Quiero saber


lunes, 12 de octubre de 2009

tópicos

"Cuando se trata de la Edad Media es preciso señalar, con algunas frases bien elocuentes, que, a despecho de la caballería, la cortesía y las catedrales, las gentes de la época eran hombres viles, brutales e ignorantes; los señores eran crueles, el clero disoluto, el pueblo miserable y hambriento. Si no se hace así, se pasa por ingenuo (...) Quien cae en este error, oirá recordar, con indulgente sonrisa, que la Edad Media estaba lejos de ser una época "idílica". Con lo que no se sabe muy bien dónde está la ingenuidad, pues, ¿hubo alguna vez una época que pueda calificarse de idílica? (...)
Se podría, a lo sumo, observar que lo que distingue una época de otra es la escala de valores. Así en el siglo XIX, el mismo término "valores" designa las acciones que pueden cotizarse en Bolsa; en la Edad Media se desgina con dicha palabra la estima que sus hazañas valen al caballero, su porte, su coraje, etc. (...)
En todo caso, nos hemos abstenido de adoptar el tono de censor murum y nos disculpamos por faltar así a la costumbre. El lector podrá desempeñar este papel si así lo desea.
A no ser que al ver lo que nos enseñan los documentos se sienta, como nos ha ocurrido a nosotros, menos inclinados a juzgar que a tratar de comprender".
Régine Pernoud, Leonor de Aquitania



Es el cine quien por nosotros, hijos del siglo XX, ha puesto cara a Leonor de Aquitania. Y es muy posible que éste haya sido el camino por el que he llegado a una biografía escrita en los años sesenta y que ha sido reeditada por Acantilado en el mes de junio. Nada que ver con la novela histórica. Es un trabajo de investigación novelado, donde la buena escritura hace amenos los datos. Una obra de análisis y de reflexión en la que la autora Regine Pernoud nos presenta una Edad Media, como cualquier edad de la historia del hombre, de luces y sombras, rompe la mirada romántica a aquel pasado, y nos desvela, tras el nombre de una mujer, una realidad aún más fascinante.

Leonor de Aquitania ejemplifica el espíritu y el carácter de una época. Más que por sus obras y logros, por estar en el vórtice de uno de los periodos más intensos de la Edad Media. Siglo XII. Política, viajes, música, intrigas, amores, poder. Reina por partida doble (esposa de Luis VII de Francia, luego de Enrique II de Inglaterra), madre de Leonor de Aquitania (la que casó con Alfonso VIII de Castilla e introdujo en la Península el primer gótico), de Ricardo Corazón de León y de Juan sin Tierra. Mantiene el pulso político al abad Suger o a Thomas Beckett. Ve cómo se inician las peregrinaciones a Canterbury y se levantan las primeras catedrales góticas. Participa en las Cruzadas. Su época es la de la pérdida de Jerusalén. Y también la de los legendarios Robin Hood y el sheriff de Nottingham. Reina de trovadores, en su corte maduran los cantares de amor cortés y resucita la leyenda de Arturo, punto de partida del conocido ciclo. Mujer itinerante, fueron etapas de su vida Burdeos, París, Poitiers, Chinon, Jerusalén, Londres, Salisbury, Canterbury, Castilla, Sicilia, Bizancio...

No es necesario ser aficionado a la historia para conocer estos hechos. Todos han alimentado la iconografía contemporánea del tópico medieval ya iniciado en el siglo XIX. Ahí, sin salir del cine, la época y los escenarios donde vivió y reinó Leonor de Aquitania desfilan en la pantalla: Tomas Beckett (Peter O’ Toole y Richard Burton), todas las versiones de Robín de los Bosques y los episodios de Arturo y su Corte, que han conmovido incluso a la factoría Disney; y película entre películas, la menos canónica, León en Invierno (Catherine Hepburn).

“Una vida de película”: la frase manida encierra una verdad. Del mismo modo que la protagonista, Leonor de Aquitania, ilustra una Edad Media más cierta.

jueves, 8 de octubre de 2009

el inconsciente de la ciudad



Una tarde de 1990 una monja de Santo Domingo el Antiguo, de espaldas a la tumba de El Greco, entre niñosjesuses con las potencias de metal al aire y el sexo de escayola bajo encajes, una monja confiada y jovial, intentaba convencerme de que no estaban tan alejadas del ultramundo, el nuestro, el de los que estamos fuera. Yo no había preguntado. El argumento fue sorprendente y anacrónico hasta la perfección: pues claro que sabían que el mundial del 82 se había celebrado en España. La historieta no es inventada, aunque suene a anuncio de televisión. Tal vez por la vía menos ortodoxa pude asomarme a la verdad de Toledo. Ahí estaban la invitación involuntaria de las Tres fechas -con sus tres celosías- de Bécquer; el Toledo oculto y el Toledo aparente que Torres Balbás hayó bajo escuadra y cartabón; pero sobre todo, el pulso de vida que Gregorio Marañón supo tomar a estos claustros y clausuras.



“De esas horas de paz inefable, por el Toledo nuestro, el de cada uno, el que nosotros poblamos, como todos los lugares de ensueño, con habitantes imaginados, como a nosotros nos parece que debían ser, que casi nunca es como son; de esas horas de paz, no pocas las he pasado en los conventos de monjas.
Y he pensado muchas veces que, en efecto, estos conventos esparcidos por el laberíntico y noble caserío toledano, representan la parte esencial y permanente del alma de la ciudad, la transida universalidad inagotable; precisamente porque son tan de allí que más que la conciencia de Toledo son su verdadera subsconciencia. La conciencia de una ciudad la forman los palacios, los templos suntuosos; en Toledo, sobre todo, la Catedral. Esta conciencia representa, sí, el alma de Toledo; pero siendo tan suya tiene mucho de lo que le es extraño, de todo lo que ha fluido desde fuera para formar la vieja urbe: lo romano, lo árabe, lo israelita, lo mediterráneo; todo lo que se llama universal, que puede ser y es maravilloso, pero que es transitorio y perecedero; a la larga, arqueología.
En la subsconciencia de Toledo, como en la de los hombres, está, en cambio, lo instransferiblemente suyo, lo que no se debe a ninguna influencia que no sea rigurosamente autóctona, lo que allí nació y no puede ser más que de allí; lo que por ser puro espíritu no se convierte nunca en pasado.
El que entre en un convento de religiosas de la vieja ciudad se dará cuenta de que cuanto es radicalmente toledano, universal y permanentemente toledano, está en ese ámbito reducido y humilde, vago y tenue, como diluido en una nube de incienso; pero exacto e íntegro, sin que le falte ni le sobre absolutamente nada”.


Gregorio Marañón, Elogio y nostalgia de Toledo

por distintos motivos...





... Amos Oz o

Claudio Magris o

¡OH! Haruki Murakami


jueves, 1 de octubre de 2009

especiaListas

Las listas son líneas continuas que trazamos para no caer en la cuneta. Tal vez no sea suficiente con los listados interminables del banco, escupidos por la máquina registro tras registro. Listas de tareas, de la compra, de lo que tengo que contarle al médico, listas de viaje. Listas de novios (de novios, no de bodas). Listas tristes, como la contabilidad del autónomo o la ficha del funcionario. Lista de listas. Como alerta, como guardia que nunca baja. Como la casa en orden que espera la visita anunciada. Esfuerzos mentales anticipados. Preferencias sometidas a orden de marketing. Ranking de gustos imprescindibles metidos en cintura. Autoimpuestas, tal vez necesarias ... injustas en su medida: ni todos los que son, ni todos los que están. Un tanto vergonzantes (a veces motivo de orgullo), justo antes de que llegue el momento mejor: ¿cómo te desdices de la lista?. Por favor, dejadme una lista con cinco opciones.
Todo esto porque el otro día me afirmaron ante un cuadro de X "ésta es mi mano favorita de toda la historia del arte". Nunca me había parado a pensar en ello...




“Habla sin parar, y todo lo que dice le sale más o menos atropellado. Habla mucho de música, pero también habla de libros (de Ferry Pratchett, o de cualquier otra cosa en la que salgan monstruos, planetas y esas historias), y habla de películas y de mujeres. Pop, chicas, etc., como decía el disco de los Liquorice Comfits. Pero su conversación no pasa de ser una simple enumeración: si ha visto una buena película, no te describe la trama ni tampoco qué sensaciones tuvo al verla, sino que te dice en qué lugar de su lista de mejores películas del año figura, o en qué lugar de su lista de mejores películas de la década o de mejores películas de todos los tiempos: piensa y habla solamente en listas de los cinco o diez mejores de lo que sea… “Vega tíos. Las cinco mejores pelis de Dustin Hoffmann”, O solos de guitarra, o discos grabado por artistas ciegos,… o caramelos que se vendan en frascos de cristal”.


Nick Hornby, Alta fidelidad

viernes, 25 de septiembre de 2009

fuera de mapa (X) Charles Baudelaire

Ni el lugar ni el pecado.
Duelen las noventa despedidas del otoño.




"¡Cuán penetrante es el final del día en otoño! ¡Ay! ¡Penetrante hasta el dolor! Pues hay en él ciertas sensaciones deliciosas, no por vagas menos intensas; y no hay punta más acerada que la de lo infinito.
¡Delicia grande la de ahogar la mirada en lo inmenso del cielo y del mar! ¡Soledad, silencio, castidad incomparable de lo cerúleo! Una vela chica, temblorosa en el horizonte, imitadora, en su pequeñez y aislamiento, de mi existencia irremediable, melodía monótona de la marejada, todo eso que piensa por mí, o yo por ello -ya que en la grandeza de la divagación el yo presto se pierde-; piensa, digo, pero musical y pintorescamente, sin argucias, sin silogismos, sin deducciones.
Tales pensamientos, no obstante, ya salgan de mí, ya surjan de las cosas, presto cobran demasiada intensidad. La energía en el placer crea malestar y sufrimiento positivo. Mis nervios, harto tirantes, no dan más que vibraciones chillonas, dolorosas.
Y ahora la profundidad del cielo me consterna; me exaspera su limpidez. La insensibilidad del mar, lo inmutable del espectáculo me subleva... ¡Ay! ¿Es fuerza eternamente sufrir, o huir de lo bello eternamente? ¡Naturaleza encantadora, despiadada, rival siempre victoriosa, déjame! ¡No tientes más a mis deseos y a mi orgullo! El estudio de la belleza es un duelo en que el artista da gritos de terror antes de caer vencido".



Charles Baudelaire, El «yo pecador» del artista

lunes, 21 de septiembre de 2009

aproximadamente este verano



El verano más frío. El más tranquilo. El más resignado. El más callado. El más paciente. El más persistente. El más íntimo. El más cómplice. El más sedente. Menos sediento, menos efusivo, menos ansioso, menos pasional, menos inquieto (menos mal). Un verano menos.

sábado, 19 de septiembre de 2009

la teoría de la relatividad



























En Opus Nigrum están la ciudad siempre misma de Kavafis, el laberinto en que se adentra Teseo sin hilo, la equívoca percepción que intuye el griego Zenón, homónimo del protagonista.
Como el protagonista Zenón, el peregrino ya no se fía de las estrellas ni de las coordenadas bajo sus pies. El peregrino (¿por qué?)  no se detiene.






"Le sorprendió percatarse de que recordaba sin dificultad las calles de aquella ciudad que no había vuelto a ver desde hacía treinta años. (...) Al encontrar su rumbo en el laberinto de callejuelas de Brujas, había creído que aquel alto en su camino, al apartarse de las anchas calzadas de la ambición y del saber, le procuraría algún reposo, tras las agitaciones de treinta y cinco años. Contaba con sentir la impresión de seguridad inquieta de un animal que se tranquiliza con la estrechez y oscuridad de la guarida en que ha escogido vivir. Se equivocaba. Aquella existencia inmóvil hervía por dentro; el sentimiento de una actividad casi terrible rugía como un río subterráneo. La angustia que lo atenazaba era diferente de la de un filósofo perseguido a causa de sus libros. El tiempo, que -según había imaginado- debería pesar en sus manos tanto como un lingote de plomo, huía y se subdividía como las bolitas de mercurio. Las horas, los días y los meses habían dejado de concertarse con los signos de los relojes y hasta con los movimientos de los astros."

Marguerite Yourcenar, Opus Nigrum

viernes, 18 de septiembre de 2009

volver





Lo último que dije… no fue lo que quise decir si hubiese de ser lo último que dijese. Espero volver, y a la vuelta… He olvidado qué te estaba diciendo. Un cóctel en el Boadas refrescará mi memoria.

lunes, 14 de septiembre de 2009

tres horas



Tres horas estuvo Leonard Cohen con nosotros (menos tiempo pasó con la Japlin y le dedicó una canción). La satisfacción le rezumaba por entre sus ángulos y arrugas. Todo un pincelito, saltarín como juglar juguetón, no transmitía la tristeza del tópico. A sus casi setenta y cinco años, aún pícaro y contento en el recuerdo grave de las mujeres de su vida, agradecido al público hasta la bendición. Sólo nos escatimó su mundo secreto, la procesión que lleva por dentro este cantor del alma que me pareció más caballero que monje, exacto hasta para quitarse el sombrero y arrodillarse rendido al amor y a la música.







I saw you this morning.
You were moving so fast.
Can’t seem to loosen my grip
On the past.
And I miss you so much.
There’s no one in sight.
And we’re still making love
In My Secret Life.
I smile when I’m angry.
I cheat and I lie.
I do what I have to do
To get by.
But I know what is wrong.
And I know what is right.
And I’d die for the truth
In My Secret Life.
Hold on, hold on, my brother.
My sister, hold on tight.
I finally got my orders.
I’ll be marching through the morning,
Marching through the night,
Moving cross the borders
Of My Secret Life.
Looked through the paper.
Makes you want to cry.
Nobody cares if the people Live or die.
And the dealer wants you thinking
That it’s either black or white.
Thank God it’s not that simple
In My Secret Life.
I bite my lip.
I buy what I’m told:
From the latest hit,
To the wisdom of old.
But I’m always alone.
And my heart is like ice.
And it’s crowded and cold
In My Secret Life.
Leonard Cohen, In my secret life.

viernes, 11 de septiembre de 2009

fuera de mapa (IX) Ray Bradbury



Fuera del mapa, de momento. Un panorama que se me entrecruza con los de Un mundo feliz y 1984, como tres episodios de una misma y única difusa realidad. Como los tres incendios que dicen fueron de la biblioteca de Alejandría.




"-A veces, pienso que sus conductores no saben cómo es la hierba, ni las flores, porque nunca las ven con detenimiento -dijo ella-. Si le mostrase a uno de esos chóferes una borrosa mancha verde, diría: ¡Oh, sí, es hierba? ¿Una mancha borrosa de color rosado? ¡Es una rosaleda! Las manchas blancas son casas. Las manchas pardas son vacas. Una vez, mi tío condujo lentamente por una carretera. Condujo a sesenta y cinco kilómetros por hora y lo, encarcelaron por dos días. ¿No es curioso, y triste también?

-Piensas demasiado -dijo Montag, incómodo-.






-Casi nunca veo la televisión mural, ni voy a las carreras o a los parques de atracciones. Así, pues, dispongo de muchísimo tiempo para dedicarlos a mis absurdos pensamientos. ¿Ha visto los carteles de sesenta metros que hay fuera de la ciudad? ¿Sabía que hubo una época en que los carteles sólo tenían seis metros de largo? Pero los automóviles empezaron a correr tanto que tuvieron que alargar la publicidad, para que durase un poco más.



(…) Los libros bombardearon sus hombros, sus brazos, su rostro levantado. Un libro aterrizó, casi obedientemente como una paloma blanca, en sus manos, agitando las alas. A la débil e incierta luz, una página desgajada asomó, y era como un copo de nieve, con las palabras delicadamente impresas en ella. Con toda su prisa Y su celo, Montag sólo tuvo un instante para leer una línea ésta ardió en su cerebro durante el minuto siguiente como si se la hubiesen grabado con un acero. El tiempo se ha dormido a la luz del sol del atardecer. Montag dejó caer el libro".
Ray Bradbury, Fahrenheit 451

viernes, 4 de septiembre de 2009

el orgullo









Tal vez no sea necesario vivir en Monforte para entender qué es. Basta su elocuente presencia. Monforte, nido de águilas del Conde de Lemos (el que quiso beneficiarse en El señor de Bembibre a la amada del héroe; el señor de la puerta de Galicia y de lo que había de puertas adentro), no se ve, no se visita.

En Monforte se está. Monforte es el yo y mis circunstancias de la geografía. Pasaron los tiempos en que Monforte fue señora aún más allá del valle, antes de que el ferrocarril le airease las faldas, porfiase la carrera y se alejase ... sin arrancar su nombre. Monforte, hoy caracola de la imponente montaña, ha roto la muralla y desciende, cabeza alta, hacia el refugio del río.







"Llegué a este Monte fuerte, coronado
De torres convecinas a los cielos,
Cuna siempre real de tus abuelos,
Del Reino escudo, y silla de su estado.

El templo vi a Minerva dedicado,
De cuyos geométricos modelos,
Si todo lo moderno tiene celos,
Tuviera invidia todo lo pasado.

Sacra erección de príncipe glorioso,
Que ya de mejor púrpura vestido
Rayos ciñe de luz, estrellas pisa.

¡Oh, cuánto deste monte imperioso
Descubro! Un mundo veo. Poco ha sido,
Que seis orbes se ven en tu divisa".

Luis de Góngora

martes, 1 de septiembre de 2009

cuatro esquinas








Nueva web de Cuatro Esquinas.
Hoy son ellos la noticia.
Maestros en informar con rigor, con humor y sin pasar ni una las jugadas (y jugarretas) de aquí.
Observadores, estación tras estación, de los cambios de piel de este paisaje (y paisanaje).
Perfectos anfitriones que siempre me guardan un rinconcito y que generosos donde los haya me tienen por persona grata. Yo también a ellos.

sábado, 29 de agosto de 2009

raíz y ausencia



"Si en Getafe no tenéis
quien esa belleza rara
no trate como queréis,
¿para qué os laváis la cara
con lágrimas que vertéis?
Si a cualquiera que os desea
le decís que de otra sea,
yo lo que diga pensando,
que de la corte llorando
vais y venís a la aldea.
Pero, aunque callar importe,
deciros será mejor,
sin que el temor me reporte,
que con cuidados de amor
vais y venís a la corte.
Si obliga a que no lo crea
conocer quien os desea,
¿qué tengo yo de pensar,
si en el campo y el lugar
andáis triste, y no sois fea?
Yo conozco quien os ama,
pero no os veo contenta
cuando os mira, cuando os llama;
otra ocasión os alienta
si no me miente la fama.
Vos lloráis, vos suspiráis;
bien puede ser que tengáis
otros dolores secretos;
pero con estos efetos,
doime a Dios si vos no amáis".





Estos versos dedicó Lope de Vega a la getafeña Inés en La villana de Getafe (estrenada en 1614), el primer texto literario ambientado en el pueblo en que nací. El prolífico (limito la valoración a su obra) escritor sitúa la historia en un Getafe lugar de paso, a rebufo de una Corte ("De buen talle/vienen de la corte y van /pasajeros por aquí") que ofrece diversión gratuita a la puerta de casa (“De Getafe es uso hacer labor a la puerta, /y ver los que pasan”).

De aquel Getafe el Hospitalillo de San José todavía abre su puerta a la calle Madrid, ese antiguo camino que llevaba a Toledo, a lo largo del que creció Getafe, y que tan graciosamente describiera Tirso de Molina en "De Madrid a Toledo"
"De Madrid a Getafe ponen dos leguas;
veinte son si la calle se pone en cuenta.
¡Jesús, qué larga! ¡Jesús, qué larga!
No me lleves por ella ..."
Menos gracia tiene la segunda obra ambientada en Getafe, fechada hacia 1620. Antonio Hurtado de Mendoza, cantor pelota del realsitio en que ahora vivo (prometo que la metáfora no alteró mi existencia), se marcó la siguiente perla en el "Famoso entremés Getafe"
"¡Oh Getafe, Aranjuez del mismo infierno!"

Por fortuna no termina aquí la nómina de escritores que buscaron la inspiración en Getafe. Ahí han seguido la estela Ricardo de la Vega, Silverio Lanza, Lorenzo Silva y Ángela Vallvey. Por si alguien sospecha que sólo algunos lugares tienen existencias dignas de ser llevadas al papel y dignas de ser recordadas en la ausencia.





"No hay cosa de temor que no se nombre
con el nombre de ausencia justamente;
la ausencia es noche, porque, el Sol ausente,
hace que el mundo su tiniebla asombre;
la ausencia es muerte, porque muerto un hombre
mortales ojos no le ven presente;
la ausencia es deslealtad, pues que consiente
que se disfamen la opinión y el nombre.
Pues con un enemigo tan extraño,
justamente a la muerte se apercibe
quien, antes de venir, conoce el daño.
¡Oh, mal que en el principio el fin recibe!,
pues antes de llegar el desengaño
es desdichado quien ausente vive".



Lope de Vega, La villana de Getafe

sábado, 22 de agosto de 2009

aquí estoy



Ahí te quedas, dije. Aquí estoy, huída a tiempo de la penúltima tormenta y a la espera de la caída lenta y previsible del agua, pero los cauces hoy siguen secos. La niebla se insinúa cada mañana, una promesa que es trampa de novatos, de ilusos viajeros que retienen sus lágrimas porque no saben de cursos que las recojan.


Mañana, dicen. Tal vez mañana rompa otra lluvia y será sin presa que la contenga. No habrá, único compañero, mas que un estanque olvidado, donde el surtidor breve insiste en refrescar las hojas de otoño prematuro.






viernes, 21 de agosto de 2009

clásicos de carne y piedra


Es otro el lenguaje de nuestros días, aunque todavía son muchos esos amigos de la historia de boca decimonónica que tan magro favor hacen a tan apasionante ciencia.
Aun así dejo en manos de uno de los popes de la historia del arte (y un decimonónico de los de verdad) la tarea de animar a los que aún no disfrutan del misterio encerrado y de la penumbra olorosa de las catedrales.





Persuasión grandilocuente y tópica la de Vicente Lampérez sobre la catedral de Burgos. Y sin embargo sagaz: antes de entrar en materia entrevió el cuerpo imponente bajo la bisutería de piedra.






“Cúpole, en efecto, a la meseta central de España y en ella más especialmente a Burgos, cuna de Castilla, recibir la arquitectura ojival importada desde los centros de mayor pureza de la nación vecina: el Dominio Real y el Anjou. En la comarca burgalesa, ya en el primer tercio del siglo XIII, aparece el estilo gótico de la Catedral de Burgos en todo el apogeo de sus formas, mientras que en otras comarcas españolas persistía el románico o dominaba la transición.
Es la iglesia mayor de la Caput Castellae, monumento de todos alabado. Su exterior pintoresco y movido y su interior lleno de obras maestras de todas las artes le dan justos títulos a esta celebridad”.

Vicente Lampérez Romea, Historia de la arquitectura cristiana española en la Edad Media

lunes, 17 de agosto de 2009

ahí te quedas







Ahí te quedas, semana de tormentas. Salgo hacia la lluvia que no sorprende, triste y serena. A mi regreso el aire caliente del que huyo será otro.












viernes, 14 de agosto de 2009

reino vegetal

Dicen que Ciro Bayo ya retrató al tirano de Hispanoamérica antes de que Valle Inclán lo inmortalizase con el nombre de Banderas. Es el propio Valle quien bautiza a Ciro Bayo como "Gay peregrino", tan escritor como andariego. Sus viajes por las colonias perdidas de Ultramar y por Europa no hacen sombra al paseo que -entre pícaro, aventurero y hombre de mundo, espíritu castizo- se da por España.
La obra, prologada en su día por Azorín, es una cadena de lugares que personas y personajes aliñan con sus costumbres; algunos como Murcia, todavía ajenos al fisgoneo burgués. Ciro Bayo sabe que para conocer una tierra hay que patearla, también para opinarla; aunque curioso, alegre y observador, prefiere la anécdota a los pareceres.






"Pasado el Sangonera, empieza una dilatada llanura, viéndose a lo lejos la alta torre de la catedral de Murcia.
La ciudad está rodeada por su famosa huerta, rival de las vegas de Granada y de Valencia; un magnífico vergel de vegetación espléndida, regado por el Segura y miles de acequias y canales. (…)





Después de la invasión agarena, Murcia, antes oscurecida, crece como por encanto y llega a ser capital de un reino. Calles y callejas que van desapareciendo, aunque lentamente; los cimientos de las murallas y aun algunos trozos de ellas que quedan en pie dan la razón.




Llegué a la portería de Santa Clara (...). Y me acordé de la máxima de Sebastopol: “Aquí estoy y aquí me quedo". Es decir, me senté en el banco del locutorio a descansar, porque había trotado mucho las calles y el sol picaba más de lo regular.
-¡Qué bien te sentaría –penaba yo-, aquí en la paz del locutorio, la sopa boba de las clarisas, servida por manos blancas de mujer!
Y como respondiendo a mi deseo, oí una voz, la de la tornera, que me decía:
-Hermano, ¿quería usted algo?
-Hermanita –contesté-, yo bien quisiera, pero no tengo con qué.
-No hace falta –repuso ella-".

Ciro Bayo, Lazarillo español

domingo, 9 de agosto de 2009

luces y "lumbreras"

Reencuentro con Luces de Bohemia, como con tantos otros libros que leímos a una edad supuestamente adecuada, pero que saboreamos si no con más matices, con otros distintos, ahora que cargamos bastantes más años en esa espalda que ya empieza a doler.

Y además y de paso y para compensar, aparición de Valle Inclán por aquí, del que entre otras cosas sabemos que endilgó unos cuantos litros de mala leche (motivos tenía) a Blasco Ibáñez.


Precisamente recordando el anticlericalismo revenido de Blasco Ibáñez, y releyendo la jugosa entrevista que el amigo Álvaro de la Rica realizó estas semanas atrás a Claudio Magris, he tropezado (yo iba a otra cosa) con un diálogo de Luces de Bohemia que me confirma de nuevo la perenne actualidad (a eso se le llama clásicos, ¿no?) del Gran Valle. Hoy como ayer en España seguimos mezclando las churras con las merinas. Así no vamos a ningún sitio.









De la entrevista:



"A. R. :-Y, si me permite preguntárselo, ¿cómo ve a España en este momento?
C.M.: -La sigo viendo plena de vitalidad. Sigo muy de cerca todo lo que ocurre y no se me escapa que atraviesa momentos difíciles, que está metida en la más dura prosa política y económica. Pienso que estará afrontando el problema con la seriedad que le caracteriza, aunque no se pueda estar siempre en una situación de máxima creatividad. Déjeme decirle, con todo respeto, pero con franqueza, que hay un aspecto que me parece inquietante de la situación actual. Me refiero a la contraposición insensata del catolicismo con un fundamentalismo laicista que me desagrada profundamente, y se lo dice un laico convencido; se trata de un feo eco del pasado del que debería liberarse, de una tensión autodestructiva y estéril".








Y de quien en el pasado se hacía eco de:


" DON GAY.- Es preciso reconocerlo. No hay país comparable a Inglaterra. Allí el sentimiento religioso tiene tal decoro, tal dignidad, que indudablemente las más honorables familias son las más religiosas. Si España alcanzase un más alto concepto religioso, se salvaba.

MAX.- ¡Recémosle un Réquiem! Aquí los puritanos de conducta son los demagogos de la extrema izquierda. Acaso nuevos cristianos, pero todavía sin saberlo.
(...)
DON GAY.- Maestro, tenemos que rehacer el concepto religioso, en el arquetipo del Hombre-Dios. Hacer la Revolución Cristiana, con todas las exageraciones del Evangelio.

DON LATINO.- Son más que las del compañero Lenin.

ZARATUSTRA.- Sin religión no puede haber buena fe en el comercio.

DON GAY.- Maestro, hay que fundar la Iglesia Española Independiente.

MAX.- Y la Sede Vaticana, El Escorial.

DON GAY.- ¡Magnífica Sede!

MAX.- Berroqueña.
(...)
DON GAY.- He caminado por todos los caminos del mundo, y he aprendido que los pueblos más grandes no se constituyeron sin una Iglesia nacional. La creación política es ineficaz si falta una conciencia religiosa con su ética superior a las leyes que escriben los hombres.

MAX.- Ilustre Don Gay, de acuerdo. La miseria del pueblo español, la gran miseria moral, está en su chabacana sensibilidad ante los enigmas de la vida y de la muerte".



Ramón del Valle Inclán, Luces de bohemia