vividos, viajados o sencillamente imaginados






Mostrando entradas con la etiqueta José Jiménez Lozano. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta José Jiménez Lozano. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de julio de 2010

la cruz verde



Madrid, sin ir más lejos. Esas plazas de la Cruz Verde de tantos lugares castellanos evocan el núcleo de los barrios moriscos, esas morerías cunas de nuestros santos. Bajo la Cruz Verde se emitían juicios de fe a prueba de fuegos. Hoy ni la toponimia nos permite adivinar el siniestro espectáculo. Hoy que la cruz nos resulta tan aséptica, un alivio.








"Torres y barbacanas, hermosísimos puentes de acceso a las ciudades, memoria de los arrabales y de la Morería o del Albaicín o barrio de los de Baeza, en Arévalo concretamente. Mas en Arévalo hay sobre todo una torre y un puente sobre el Arevalillo. El agua, cuando el Arevalillo la lleva, espejea los arcos apuntados y solemnes como los de una sumergida mezquita. Y la torre de San Martín, una iglesia que fue mezquita y en la que luego se celebró culto islámico y cristiano a la vez, es un precioso alminar desde donde el muhecín llamaba a la oración o alababa al Único con su melopea triste y litúrgica. Y mudéjar es la otra torre románica que hermana con ésta y a la vez con su atrio románico de piedra. Enfrente, al otro lado de la placita, Santa María adosada a la puerta de la muralla; e iglesia y puerta también mudéjares naturalmente. Por aquí jugueteó Juan de la Cruz, muchacho de "arrabal".


José Jiménez Lozano, Guía espiritual de Castilla









domingo, 28 de diciembre de 2008

inocentes


No es exclusiva de niños... Solo que estos otros ya no son víctimas, porque han elegido.


“En Santo Domingo,
la misa mayor.
Aunque me decían
Hereje y masón,
rezando contigo
¡cuánta devoción!
escribía Antonio Machado, pensando en su amor. Pero ¿cómo es que no miró hacia arriba de ese mismo pórtico de Santo Domingo de Soria, hacia los inocentes niños masacrados pero también hacia la orquesta eterna y los eternos laudes que allí cantan otras figuras de bienaventurados frente por frente del sufrimiento de los pequeños y la desesperación de sus madres enloquecidas?



Si lo hubiera hecho, habría encontrado incluso una consistencia para anclar sobre ella el amor mismo y todos los otros afanes humanos: que no son vanos, se nos dice allí”.

José Jiménez Lozano, Guía espiritual de Castilla